Jueves 25.09.2008
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| Momento en el que el petrolero ‘Prestige’, con una carga de 70.000 toneladas, comienza a hundirse a 233 kilómetros de las Islas Cíes (19 de noviembre de 2002) |
"Ninguno. De momento, ninguno". Esta es la respuesta que se obtiene cuando se formula la siguiente pregunta: ¿Cuántos estados miembros de la Unión Europea han adoptado ya la nueva Directiva comunitaria que obliga a fijar los puertos o lugares de refugio para la acogida de buques en peligro, así como a designar una autoridad independiente que decidirá qué hacer en caso de accidente de un buque?
Es verdad que la nueva Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo, por la que se modifica la de 20o2 relativa al establecimiento de un sistema comunitario de seguimiento y de información sobre tráfico marítimo, es reciente, de fecha 23 de abril de este año, y los gobiernos tienen de plazo hasta noviembre de 2010 para transponerla.
Pero los despachos y asesorías en derecho marítimo no las tienen todas consigo, y desconfían de que los gobiernos europeos no obren en consecuencia. Y eso que la nueva Directiva, también conocida como el paquete de medidas Erika III, viene a sustituir y reforzar las dos anteriores (Erika I y Erika II).
Cuando el petrolero Prestige se hundió en aguas del océano Atlántico, a 233 kilómetros de las Islas Cíes, el 19 de noviembre de 2002, dejando tras de sí una incesante vomitona de chapapote por las rías gallegas, la Unión Europea contaba ya con tres directivas sobre seguridad marítima. Directivas que se habían hecho a raíz de una catástrofe anterior, la del petrolero Erika frente a las costas de la Bretaña francesa en 1999, y que habían sido aprobadas en 2001. Sin embargo, cuando ocurrió el accidente del Prestige en frente de la Costa da Morte, portando 77.000 toneladas de fuel en sus tanques, el día 13 de noviembre de 2002, ninguno de los 15 países miembros de la UE había incorporado todavía dichas Directivas a sus normativas nacionales, acogiéndose a que tenían de plazo hasta julio de 2003, en el caso de las dos primeras, y hasta febrero de 2004, en el caso de la tercera. Las dos primeras endurecían los requisitos a exigir a las sociedades de clasificación de barcos (son las que registran los historiales y las inspecciones a los barcos, la propiedad de los mismos, los seguros y otros detalles) y reforzaban los controles de los buques en los puertos. La tercera establecía los puertos refugio, la obligatoriedad de sistemas de identificación automáticos y las cajas negras a bordo de los barcos. Tres años después de la catástrofe del Prestige, el comisario europeo de Transportes, Jacques Barrot, presentó, a propuesta de la Comisión Europea, el tercer paquete de medidas marítimas (Erika III), con el fin de reforzar "aún más" la normativa comunitaria vigente en materia de seguridad e incorporar los principales instrumentos internacionales en legislación marítima.
En febrero de 2007, Jacques Barrot hacía una reflexión pública, para denunciar que el debate sobre el paquete Erika III avanzaba "muy lentamente" y advertía que había "tentaciones de aligerarlo". Decía sentirse decepcionado, y hacía un llamamiento a los ministros europeos: "¡no esperen a la próxima marea negra, no esperen a un naufragio".
El comisario de Transportes ponía el acento en "la independencia de las autoridades de las que depende la decisión sobre el lugar de refugio al que hay que encaminar un buque en peligro. Esta independencia es esencial si queremos que se adopte a tiempo la mejor decisión para asegurar el buque o confinar la contaminación y permitir así que se eviten catrástofes mayores".
