Lunes 08.03.2010
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Tres instantáneas del petrolero antes de hundirse en las profundidades del océano Atlántico
Un informe interno de Repsol YPF remitido a la Dirección general de la Marina Mercante el 19 de noviembre de 2002, en plena crisis del Prestige, revelaba que el petrolero había sido clasificado como "descalificado" lo que significaba que "no cumplía con los estándares de la empresa para ser fletado por la misma", según se desprende de la documentación incorporada al completo estudio realizado por la Comisión Permanente de Siniestros Marítimos, dependiente del Ministerio de Fomento. El Prestige había sido inspeccionado por los servicios de la compañía española el 20 de enero de 1997 llegando a la conclusión de que no podía trabajar para esta empresa ya que no había pasado los controles correspondientes. El servicio de inspección de Repsol argumentaba que, textualmente, se había "descalificado por ser mayor de quince años (en 1997, un quinquenio antes del accidente) con fecha dique seco mayor treinta meses" y añadía que estaba "descalificado por no tener CAP y ser mayor de 20 años". Es más, los técnicos de Repsol añadía expresamente que "no recomendable para Málaga y Coruña por ser CBT"; es decir, que no podía entrar en el puerto coruñés, donde se encuentra una de las grandes factorías de la compañía por sus múltiples deficiencias.
El escrito fue remitido por Manuel Pieltain, director de fletamentos, a la Dirección General de la Marina Mercante el mismo día en el que el Prestige se partía en dos y se hundía en las profundidades del océano Atlántico dejando atrás una estela de contaminación que afectó a las costas gallegas y cantábricas.
Pero no era esa la única deficiencia observada en el buque fantasma que, de acuerdo con el Convenio Marpol debía de retirarse del servicio el 11 de marzo de 2005 y que, hasta esa fecha, estaba concebido para prestar funciones de almacén flotante como las que estuvo realizando en el puerto de la ciudad rusa de San Petesburgo, durante cuatro meses, desde que pasó su revisión anual obligatoria en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) entre el 15 y el 26 de mayo de 2002. "El petrolero recibía carga y la transfería a buques más pequeños que se abarloaban a su costado para llevar a cabo las operaciones", según sus armadores.
Pero entre el 24 y el 30 de octubre, cargó fuel oil en San Petersburgo, que completó el 5 de noviembre en Ventspills (Letonia), e inició un viaje hacia Gibraltar, en el transcurso del cual se produjo el más grave siniestro que se recuerda en nuestras costas.
Un práctico de Dinamarca, en tradución textual, dijo que "el buque presentaba un estado de mantenimiento deficiente, pues indicó que el equipo que el buque tenía a bordo no estaba en condiciones de ir a la mar, y que cuando subió a bordo lo primero que pensó es que el barco tenía que ir a desguace después de la descarga". Pese a todo siguió su andadura hasta que se encontró con un fuerte temporal en las costas gallegas.
No obstante la fuerza del viento y el oleaje no era suficiente para hacer naufragar un petrolero de su eslora en condiciones normales como acreditaron los capitanes de los barcos Northern Navigator, SKS Tana, MSC Flaminia, Walili y TradeHallie, que se encontraban en la zona el mismo día y que declararon, como consta en el sumario, que a pesar del mal tiempo no "habían observado ninguna anomalía en la navegación del Prestige, ni objetos extraños ni derrames de ningún tipo".
Impacto con objetos o fallo estructural
La investigación oficial descartó que se hubiera producido un impacto del buque con algún objeto flotante (contenedor o troncos a la deriva) o que las olas hubieran provocado la vía de agua. Todo indica que el petrolero tenía daños estructurales muy importantes que fueron los que provocaron el siniestro. Los testimonios recabados y las pruebas periciales realizadas así lo atestiguan.
No hubo explosión interna en el barco
Los expertos también descartaron que se hubiera producido una explosión interna en el Prestige "dado que el costado del tanque estaba hundido hacia dentro y no se apreciaban signos de explosión". Si se hubiera producido habría roto la cubierta y "deformado las planchas hacia afuera". Los tripulantes tampoco aludieron a una posible explosión en sus declaraciones ante las distintas autoridades.
Las horas extra de los tripulantes
Otro aspecto destacado es que los tripulantes del Prestige llevaban realizadas una gran cantidad de horas extras, antes del naufragio. A las 45 horas semanales reglamentarias se les añadían entre 65 y 85 horas extras que la empresa llevaba contabilizados a cada uno de ellos. De esa forma, según consta en los registros, los marineros acumulaban entre 110 y 130 horas semanales en el barco.
