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EN GUERRA POR EL PODER DOMÉSTICO

"El progenitor se pregunta qué hace mal; igual que la mujer maltratada"

10.12.2008  Como en la violencia machista, Garrido reivindica un cambio de óptica que señale al agresor // Los equipos de menores ven cada vez más familias de clase media-alta, algo que Miguel Clemente atribuye al "efecto Pocholo"

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Levantar la mano contra un padre significa sobrepasar una de las mayores barreras establecidas por la sociedad. Cuando se cruza esa línea, el progenitor agredido tiende a buscar la responsabilidad en sus acciones. Se siente avergonzado. La reacción de la víctima guarda, según expuso Vicente Garrido, una manifiesta equivalencia con la que aparece en los casos de violencia machista, en la que el sentimiento de culpa contribuye a que el problema permanezca oculto. "Los padres temen que ustedes les reprendan", indicó el criminólogo y pedagogo de la Universidad de Valencia a los profesionales del ámbito social y educativo que ayer participaron en las jornadas Menores en Conflito: A Tiranía das Fillas e dos Fillos, en las dependencias de la Vicepresidencia da Igualdade e do Benestar en San Caetano.

"Es más fácil decir ustedes no han sabido educar a su hijo, del mismo modo que antes decíamos a la mujer maltratada que algo habría hecho. Hemos librado una lucha de años para enfocar la violencia machista como un problema del agresor, no de la víctima, y temo que ahora nos encontremos ante la misma realidad", mantuvo Garrido.

Las diferencias entre uno y otro problema social residen fundamentalmente en dos aspectos: los padres no pueden plantarse y escapar de sus agresores y los padres deben tener más recursos que sus hijos.

El profesor de la Universidad de Valencia rechazó la "educación como explicación omnipresente" y señaló la intervención de rasgos propios del menor que dificultan una socialización adecuada. "Todos somos diferentes, también en las posibilidades de conectar nuestro desarrollo emocional a los demás, si no construiríamos prototipos perfectos", apuntó.

Apoyó su teoría en el hecho de que frecuentemente esas familias tienen otros hijos normalizados, una afirmación que coincidió con lo expuesto por Miguel Clemente, quien hizo notar que normalmente los problemas de conducta aparecen en hijos únicos o en el último hermano.

Toda persona, aseguró Vicente Garrido, es fruto "de varias loterías": la genética y el entorno en el que se desarrolla. Lo tradicional en los servicios de menores, expuso el profesor, ha sido encontrar a niños "de buena genética pero malos padres, chicos que saldrían adelante simplemente con que sus padres les dejaran en paz, pero cuando la lotería es mala genética+buenos padres (o no malos), debemos ayudar a los progenitores y dejar de echarles la culpa".

En la recuperación de estos menores es necesario trabajar con sus familias la restauración de la autoridad ("las familias no son una democracia, son una jerarquía") y por superar el sentimiento de culpa ("sus hijos no son arcilla totalmente moldeable, sino que tienen voluntad propia"). Es cierto que seguramente no habrán sido unos educadores excepcionales, señaló Garrido, pero es importante plantear la pregunta al revés: "¿dónde estaría su hijo si no hubiese sido por sus padres?".

Con una visión contraria al origen innato de este tipo de conductas, el profesor Miguel Clemente destacó el cambio en el perfil socioeconómico de las familias afectadas, con un incorporación de la clase media-alta, que atribuyó a un "efecto Pocholo": menores a los que nadie les ha puesto límites y que a través de los medios de comunicación reciben modelos equivocados.

Adultos en Eurodisney

Clemente Díaz quiso remontarse a la fase previa al desarrollo del problema: entre los 4 y los 12 años los niños españoles, explicó, pasan una media de cuatro horas con su madre (el tiempo compartido con el padre es mínimo), tres en la escuela y cuatro horas y diez minutos delante de la televisión, recibiendo valores de consumo y conductas agresivas. Se trata de una generación, expuso el profesor de la UDC, que rehuye las responsabilidades y esquiva la realidad para convertirse en "meros espectadores". El daño de la publicidad no sólo afecta a los más jóvenes, sino a todo un colectivo de adultos "infantilizados" que, apuntó Miguel Clemente, "disfrutan en el parque de atracciones o en Eurodisney".

TV y vídeos de impacto

Es la sociedad, indicó el profesor de la UDC, de las snuff movies de violencia real o de lo que, promovido por las cadenas de televisión que compran escenas de impacto y con el precedente de la serie de MTV Jackass en la que un grupo de jóvenes se someten a dolor físico o actividades de riesgo con una finalidad lúdica, ha dado en llamarse happy slapping (bofetada feliz).

Alberto Tizón, subdirector xeral de Menores y conductor de las jornadas, señaló la importancia de la prevención. El grado de éxito en la recuperación de los menores con problemas de conducta es poco significativo y las mayores esperanzas están puestas en los políticas de prevención. La Administración, señaló Tizón, trabaja en un nuevo Plan Estratéxico do Menor, que tendrá la prevención como eje. También, indicó el subdirector xeral, se empiezan a incorporar agentes de inclusión social.

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Vicente Garrido Universidad de Valencia

"Es más fácil decirles que no han sabido educar a su hijo, como se decía a la maltratada que algo habría hecho"

Miguel Clemente Universidade da Coruña

"Los medios utilizan valores que coinciden altamente con los de un menor con problemas de conducta" .

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