Jueves 25.09.2008
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El 23 de mayo de 1990 lo tiene grabado a fuego. Asegura que ni un solo día de los casi veinte años que han pasado olvida al donante que le regaló un riñón. El compostelano José Luis Fernández Sueiro no fue nunca una persona sana. "De pequeño tuve tuberculosis y a partir de ahí siempre estuve mal. Recuerdo épocas en que llegaba a echar sangre por la boca". Sin embargo, fue a mediados de los 80 cuando su salud se quebrantó totalmente. "Al principio los médicos no sabían qué me pasaba, pero no había un invierno en que no estuviese enfermo, con fiebre, cansado... Al final, vieron que mis riñones estaban dejando de funcionar como deberían".
Recuerda que se estaba duchando cuando sonó el teléfono de su casa, en Vista Alegre, para avisarle de que había un donante compatible. "Fui rápidamente al antiguo hospital Xeral, que estaba en Galeras, y a las pocas horas ya estaba en quirófano recibiendo un riñón. Un regalo que nunca olvidaré. Tenía 57 años y mi vida era un infierno. "Llevaba dieciocho meses conectado un día sí y otro no a la máquina de diálisis durante tres y cuatro horas. Lo pasé mal. Es muy duro".
Tras recuperarse, José Luis lo tuvo claro, quería ayudar a otros que como él necesitasen un trasplante, a los conectados a la diálisis y a trabajar incansablemente en hacer campañas para captar donantes. Ahí nació la Asociación Tras Ril San, de la que es presidente y que cuenta con cerca de doscientos socios.
"Mi vida dio un vuelco aquel 23 de mayo. A mis 76 años puedo presumir de tener una salud de hierro y todo gracias al trasplante". Por eso lucha para que "haya más donaciones y menos negativas familiares". Cuando instala una mesa informativa se solivianta cuando ve malas caras ante la idea de donar. "A esa gente le digo: A mí me regalaron un riñón que me salvó la vida. Me tocó, pero no olvides que el próximo puedes ser tú" .
