Jueves 25.09.2008
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El martirio de los 47 días de secuestro vividos minuto a minuto bajo la amenaza del cañón de un arma de fuego, sometido a constantes vejaciones, permanecerá para siempre impreso en la memoria del patrón del Alakrana. "Será tremendamente difícil olvidar cada uno de los días. No los olvidaré en mi vida". Así lo aseguró anoche a esta redacción Ricardo Blach desde uno de los pocos teléfonos que los piratas han dejado operativos en el puente de mando del atunero y que ahora les sirve de cordón umbilical con sus familias.
"El capitán y yo somos los que peor lo hemos pasado", afirma Blach en un tono asombrosamente tranquilo para una persona que acaba de vivir la peor experiencia de su vida, al explicar que sus secuestradores no les permitían salir del puente de mando y que continuamente les escupían y les daban patadas, sobre todo cuando se dormían. "Había alguno que era un poco más amable, pero cuando los otros se daban cuenta les amenazaban con matarles, y por eso ya no hablábamos con ellos".
El patrón asegura que se dirigen "contentos y con alegría" al puerto de Seychelles porque "estamos deseando llegar a tierra para ver a nuestras familias". Cree que es una "paliza tremenda" el desplazamiento de éstas hasta una zona tan lejana, pero es consciente de que "tienen muchas ganas de vernos".
Blach asegura que no fueron testigos del momento de la entrega del rescate porque, cuando el avión lo arrojó al agua, los secuestradores les ordenaron ir a babor "y la operación la hicieron por estribor".
Relata que quince militares se encuentran a bordo del Alakrana y que ayer un tripulante tuvo que ser trasladado a la fragata de la Armada por padecer problemas de salud.
Sin objetos personales "porque nos han robado todo, dejándonos sin nada porque se llevaron hasta las sábanas, las mantas y los colchones, además de los ordenadores de los camarotes", explica que surtió efecto la treta de mantener apagados los valiosos equipos del puente de mando para salvarlos de la rapiña. "Teníamos todas las pantallas apagadas y de vez en cuando les daban un golpe, pero como no se encendía nada las dejaban".
Ricardo Blach asegura que uno de los peores días fue el 5 de octubre cuando toda la tripulación fue llevada a proa y encañonada. "Ese día la gente se asustó mucho y los piratas cogieron a los que vieron con más miedo para que llamaran a sus familias y al hablar con ellas se emocionaron mucho y lloraron, y por ahí empezó toda la movida porque los secuestradores conocían la fuerza que se iba a hacer para liberarnos".
El patrón del Alakrana rechaza de plano la polémica de la bandera del atunero. "Quien nos critica por no llevar la bandera es que tiene ganas de jorobar, porque ningún barco lleva la bandera en el mar y sí en puerto. Trabajamos en aguas internacionales y no tenemos que poner la bandera para nadie. Dice esas cosas alguien que no sabe lo que dice".
Ricardo Blach asegura que podrían llegar hoy a Seychelles, pero no lo harán hasta el viernes por la mañana para ser recibidos por el armador. "Es su gusto ver entrar el barco y se lo vamos a cumplir" .
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| FOTO: Efe |
TRIPULACIÓN GALLEGA DE REFRESCO PARA EL ATUNERO. Cuatro marineros gallegos integrantes del relevo que tomará los mandos del Alakrana, cuando el buque llegue mañana a las islas Seychelles, posan en el muelle de Baiona, momentos antes de salir hacia el aeropuerto. De izquierda a derecha, el camarero Elías Gallego, el segundo contramaestre Antonio Costas, el oficial Ángel Blach y el cocinero Paulino Veiga.
Quedan 250 gallegos en la zona
Cerca de 250 gallegos siguen faenando en aguas internacionales del Índico. En estos momentos, prácticamente toda la flota atunera se encuentra en el caladero, ya que tan sólo permanece en el puerto de Bouzas un pesquero que es objeto de trabajos de reparación.
La dureza del trabajo, con mareas de cuatro meses, determina salarios más altos que en tierra. Pueden llegar a un máximo de 150.000 euros anuales para un patrón, 60.000 para un capitán, 35.000 para contramaestres y algo menos para marineros .

Ángel Blach, 1º oficial de puente y primo del patrón
“No hay caladeros para poder cambiar de zona”
– ¿Cuándo regresan al Índico para incorporarse al ‘Alakrana’?
– Mañana (por hoy) salimos hacia París y de allí a las Seychelles, donde llegamos el viernes.
– ¿Tiene miedo a volver a esas aguas?
– Llevo ahí desde el 83. La situación no es la mejor, pero hay que ganarse la vida.
– ¿Y la familia?
– Tengo dos hijas y dos nietas y no lo llevan bien. Hasta ahora siempre han llevado mal que los tengas que dejar durante los cuatro meses de la campaña, pero ahora se lleva peor. Si Dios quiere, en marzo estaremos de vuelta.
– ¿Cuántos parten para allí?
– De Baiona marchamos cuatro para el barco. Algunos más son nuevos, porque está regresando toda la tripulación
– ¿Ha pensado en buscar trabajo en otra zona o incluso en la bajura?
– Yo no estoy acostumbrado a la bajura. Empecé en esto a los 15 años de camarero y llevo toda la vida en el mar.
– ¿Cómo han cambiado las condiciones desde entonces?
– Son bastante fastidiadas. No hay caladeros para cambiar de zona. Reparten solo cuatro licencias para aquí, así que hay muchísima gente. Si dieran licencias en otras zonas de África o América podríamos, pero no quieren saturarlas D.D.

Elías Gallego Durán, camarero del ‘Alakrana’
“Vuelvo sin miedo porque la seguridad es profesional”
Fue uno de los primeros en dar el “sí” a la armadora cuando preguntó a la tripulación de relevo del Alakrana, la mayoría gallegos, si estaba dispuesta a volver a embarcarse y a faenar en el Índico. Elías Gallego, camarero desde hace cuatro años en uno de los atuneros más modernos, asegura que asume los cuatro meses de su próxima marea “sin miedo”.
–Después de lo pasado, ¿por qué asegura que vuelve al Índico sin miedo?
–Porque los compañeros de los otros buques que pescan con las nuevas medidas de seguridad me han explicado que el personal es muy profesional y lo están haciendo muy bien. Antes teníamos que estar las 24 horas en alerta, además de pescar, porque los piratas de ahora se mueven por toda la zona del caladero y no sólo en las aguas costeras.
–¿Ha pensado quedarse en tierra y buscar otro trabajo con menos riesgo?
–Aunque no tengo ninguna pasión por el mar, con 48 años, de los que 32 los he pasado íntegros en el mar, y estando a seis de la jubilación, seguiré embarcado. Además, todo el mundo conoce la difícil situación en tierra, los sueldos que se pagan y ya no estamos acostumbrados a un sueldo de 1.000 euros. Definitivamente, pienso retirarme como tripulante de un pesquero, ¡si Dios quiere! M.G.
