Jueves 25.09.2008
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| Vista del lugar donde se encontraba la población de Armero, destruida tras la erupción del nevado del Ruiz en 1985 |
El próximo día 13 se cumple el 25 aniversario de una de las mayores catástrofes ocurridas en la historia de Colombia: la erupción del volcán Nevado del Ruiz, en donde más de 25.000 personas perdieron la vida.
La erupción dispersó flujos piroclásticos en un área reducida alrededor del cráter. Estas emisiones provocaron el brusco deshielo de parte del glaciar existente en la cumbre. Se originaron unos 100 millones de metros cúbicos de una mezcla de agua, productos volcánicos, hielo y barro. Los flujos de lodo, que los vulcanólogos denominan lahares, según la terminología de Indonesia, se precipitaron por los valles arrastrando rocas y todo cuanto encontraron a su paso. La población de Armero quedó arrasada casi en su totalidad. Otras localidades, como Chinchiná o Mariquita, también sufrieron numerosas víctimas. Un total de 5.000 viviendas quedaron destruidas.
El mundo quedó conmovido por el impacto de la tragedia, especialmente ante las imágenes de devastación total que transmitieron los medios de comunicación. Un fotógrafo francés captó la imagen de una niña atrapada entre escombros y fango, que fue imposible rescatar. La foto dio la vuelta al mundo y, posteriormente, sirvió de inspiración en un cuadro de Helga Riebesehl, que representa la impotencia de los equipos de rescate para salvar la vida de las víctimas en los desastres.
El impacto mediático de la catástrofe explica la enorme reacción humanitaria de la comunidad internacional. Pero al no existir en aquel momento en Colombia una infraestructura adecuada de coordinación, para canalizar las peticiones y los suministros de urgencia, se produjeron graves disfunciones en la gestión de la catástrofe. Por otra parte, pocos días antes de la erupción se había perpetrado el asalto al Palacio de Justicia por un grupo de un movimiento insurgente. Este hecho motivó que el Ejército se mantuviera concentrado en la capital. Las capacidades militares para colaborar en las operaciones de rescate fueron bastante limitadas.
España puso a disposición del gobierno colombiano gran cantidad de medios humanos y materiales para paliar las consecuencias del desastre. Fue el segundo país del mundo, después de Estados Unidos, que envió más geólogos, geofísicos y geoquímicos al Nevado del Ruiz: un total de 8 especialistas, entre ellos, el vulcanólogo y catedrático de petrología de la Universidad Complutense de Madrid, José María Fuster, ya fallecido. Los expertos españoles se incorporaron al Comité de Estudios Vulcanológicos, organizado por Colombia.
También se enviaron especialistas de medicina catastrófica, expertos de protección civil y material de urgencia para asistencia humanitaria. Posteriormente, el Gobierno español aprobó la donación de un hospital ambulante para clasificación de enfermos y una UVI móvil para traslado de enfermos de alto riesgo.
Es importante recordar que varios días antes de la erupción del Nevado del Ruiz, se entregó a las autoridades gubernativas un mapa elaborado por expertos sobre zonificación del riesgo volcánico en la zona. Este mapa describía con gran rigor los peligros derivados de los lahares e incluía a las ciudades de Chinchiná y Armero dentro de las áreas de máximo riesgo. Sin embargo, el trabajo fue criticado por algunas autoridades que lo consideraron "demasiado alarmista". Con toda seguridad, de haberse alertado a la población sobre el peligro, el número de víctimas podría haberse reducido significativamente.
La erupción del Nevado del Ruiz de 1985 marcó un antes y un después en la mitigación y respuesta ante catástrofes volcánicas. La concienciación mundial frente a estos fenómenos se acrecentó. Quedó patente la necesidad de elaboración y uso de mapas de riesgos y de sistemas de vigilancia y alerta temprana.
En Colombia, el Gobierno delegó en el Instituto de Geología y Minería (INGEOMINAS) la responsabilidad del seguimiento técnico de los volcanes activos del país. Se estableció, como primera respuesta, el observatorio vulcanológico de Manizales, estratégicamente ubicado a unos 30 kilómetros del volcán Nevado del Ruiz. Posteriormente, se crearon dos nuevos observatorios en Pasto y Popayán. En la actualidad, los tres observatorios trabajan en la vigilancia y prevención de riesgos de todos los volcanes activos de Colombia.
El sistema de protección civil de Colombia fue reforzado y se dedicaron mayores esfuerzos para educar y sensibilizar a la ciudadanía sobre los riesgos vinculados con fenómenos naturales, como terremotos, erupciones volcánicas o inundaciones. Cuatro años después de la erupción se estableció un modelo de protección civil más descentralizado, en donde los municipios asumían mayor responsabilidad. El sistema se configuró en base al principio básico de participación. Todas las administraciones y la sociedad civil quedaron implicadas en el proceso de respuesta ante emergencias. Además, se introdujo el concepto de riesgo en la planificación local, antes inexistente.
En 1989, el Nevado del Ruiz entró nuevamente en erupción. Otros volcanes activos de Colombia también han protagonizado erupciones en los últimos años. Concretamente, el volcán Galeras ha registrado un total de 17 erupciones explosivas desde 2004; y el Nevado del Huila comenzó a tener actividad eruptiva desde 2007. Pero las redes de vigilancia y el sistema de protección civil permiten monitorear los volcanes y adoptar medidas de actuación preventiva, en caso de que se incremente la actividad. De hecho, los planes de evacuación funcionaron a tiempo en la erupción de 2008 del Nevado del Huila. Y en el caso del volcán Galeras, próximo a la ciudad de San Juan de Pasto, las autoridades han decidido acertadamente la compra de algunos predios próximos al volcán, para anexarlos a los espacios naturales y restringir así el uso del suelo urbanizable. De esta forma, se reduce considerablemente el riesgo.
Una mirada a canarias. En España, la erupción del Nevado del Ruiz de 1985 despertó cierto interés en el conocimiento del riesgo volcánico de las Islas Canarias, un archipiélago que es volcánicamente activo. La percepción social del riesgo en estas islas es muy remota, pero con el paso de los años se va generando una mayor concienciación.
Los expertos de la misión española desplazada al Nevado del Ruiz en el año 1985, ya advirtieron en el informe elaborado después de la catástrofe que, aunque el volcanismo canario no presenta características tan peligrosas como el de Colombia, era importante disponer de los medios y de la infraestructura que hicieran posible afrontar, en debidas condiciones, una situación análoga en las islas.
En los últimos años se ha ido aprobando en España diversa normativa técnica para regular la organización de la respuesta en caso de una emergencia volcánica en Canarias. La iniciativa más notable ha sido la reciente aprobación del plan canario de protección civil y atención de emergencias por riesgo volcánico. En este documento, se propone un ejercicio de integración de todas las administraciones para asegurar la respuesta coordinada ante una emergencia volcánica.
Pero los desafíos que plantea una posible erupción volcánica en Canarias son enormes. Porque se trata de un territorio con una importante demografía y una tupida red de infraestructuras y servicios que podrían resultar afectados. Solo en Tenerife la población es de 900.000 habitantes y recibe a tres millones y medio de turistas al año. Son datos que acentúan de manera notable la vulnerabilidad.
Retos en la gestión. Es previsible que las catástrofes naturales sigan golpeando al mundo. Y en el futuro serán menos "naturales". Cada día, en cualquier lugar del planeta hay diez o doce volcanes en erupción. La mayoría son erupciones de poca actividad y lejos de zonas pobladas. Pero el problema es que somos cada vez más urbanos y las ciudades van generando nuevas vulnerabilidades. Una gran ciudad bien administrada puede ser un lugar próspero y servir como motor económico de un Estado, pero ubicada en los alrededores de un volcán activo representa un reto para los planificadores y gestores públicos.
Los principales impulsores del riesgo no son los volcanes en sí, sino la ausencia de un urbanismo responsable, la pobreza o el déficit de gobernabilidad. Estos tres factores unidos forman una mezcla explosiva que acrecienta el riesgo de los desastres. En el comienzo del siglo XXI hemos sido testigos de grandes catástrofes, como el tsunami de Asia de 2004 o, más recientemente, el terremoto de Haití y las inundaciones de Pakistán. Se acrecienta el riesgo porque en la actualidad más de la mitad de la población mundial ya vive en zonas urbanas. Pero muchas ciudades o centros urbanos presentan fallos en infraestructuras y servicios, o están rodeados de frágiles asentamientos marginales que potencian el riesgo.
La erupción de abril del volcán islandés Eyjafjallajökull también nos advierte de que una erupción discreta, aunque no provoque pérdidas humanas, puede ocasionar gravísimas perturbaciones en medios e infraestructuras públicas tan necesarias como es el transporte aéreo.
Lo que vemos no es tranquilizador pero hay algo positivo. Disponemos del conocimiento científico y técnico para prevenir los riesgos naturales. Debemos de ser capaces de transferir dicho conocimiento desde el ámbito científico a los niveles político, institucional y social.
Los geólogos, al igual que otros especialistas en Ciencias de la Tierra, podemos aportar valor a los esfuerzos de mitigación de estas catástrofes. Elaboramos cartografías de peligrosidad y riesgo que pueden ser utilizadas en el marco de los procesos de urbanización sostenible. Y desde la geología urbana o la geología ambiental contribuimos a mejorar la seguridad de los ciudadanos.
* Geólogo, analista de prospectiva y vocal del Ilustre Colegio oficial de Geólogos
tendencias@elcorreogallego.es
5.000
Viviendas. A consecuencia de la erupción del volcán, un total de 5.000 viviendas de la localidad de Armero, destruida casi en su totalidad, y también de Chinchiná y y Mariquita, sufrieron numerosos daños.
