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literatura

Andrés Trapiello habla de su versión moderna del Quijote

Andrés Trapiello
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Radio Obradoiro

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Entrevista, por José Miguel Giráldez

Andrés Traprapiello, escritor

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ  | 23.04.2016 
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Andrés Trapiello viene a hablar de su traducción al castellano moderno de la obra cumbre de la literatura española. No le parece que se haya generado mucha polémica con un trabajo al que ha dedicado, casi en secreto, catorce años de su vida (muchos más de los que Cervantes dedicó a escribir su obra), aunque es verdad que alguna polémica ha habido. Le digo que él es, quizás, nuestro autor más quijotesco: ahí están Al morir don Quijote y El final de Sancho Panza y otras suertes para demostrarlo. Pero él insiste en que él mismo es un Quijote también en la vida “fíjate que me presento de número dos en Madrid, tras Fernando Savater, al Senado, por UPyD, y una de las cosas que pedimos en la candidatura es la abolición del Senado... dime tú si eso es quijotesco o no”, replica divertido.

TRAPIELLO contesta con entusiasmo y buen humor. Lo del Quijote le anima mucho, se nota en seguida, porque este libro es una fiesta, un derroche de humor y de inteligencia. “El CIS hizo recientemente una encuesta sobre la recepción del Quijote muy desalentadora. Menos de dos personas de cada diez han leído la obra de Cervantes, según esta encuesta. Cuando les preguntaban, a estos dos, el nombre verdadero de Don Quijote, sólo acertaban a decirlo correctamente un 16 por ciento. Y con el nombre de Dulcinea, la cosa era mucho peor”. Trapiello me dice que nunca lo ha pasado mejor en su vida que en este periodo de los catorce años de traducción del Quijote “no lo sabía nadie, lo hacía cada tarde, le dedicaba una hora, o cinco”: esto es de lo más gozoso que he hecho yo nunca. Sin embargo, se siente incómodo con lo que revelan las encuestas, que ya sospechaba. Yo, aunque no me acordaba (me lo recordó una amiga recientemente) había escrito algo sobre un artículo de Unamuno en el que decía que una de las razones por las que se entendía mejor el Quijote en Inglaterra era porque allí lo habían podido leer [muy bien] traducido, cosa que aquí no había ocurrido, claro. No se puede leer el Quijote en una lengua que ya no hablamos, y que rara vez entendemos cuando la vemos escrita. Y eso que Cervantes no es de los más difíciles, porque Gracián o Quevedo lo son mucho más. No puedes pedir a la gente que estudie el libro, en lugar de leerlo. Con todas esas notas... y he de decir que yo he usado la magnífica edición de Francisco Rico como base para mi traducción”, explica sin perder un ápice de entusiasmo. “Cuando Borges decía que prefería leer el Quijote en inglés, yo creí que era un boutade. Pero es que lo leyó con unos ocho años, en la lengua que hablaba con la nurse inglesa. Cuando se puso con el Quijote en español necesitó hacer un gran esfuerzo. Así que me di cuenta de esto. Cuando presentaba Al morir don Quijote, algunos me decían que se habían aproximado a leer la obra cervantina, pero que no habían sido capaces, simplemente porque no lo entendían.

Y esto es lo que yo, que no soy un especialista, sino un lector, he intentado solventar”, dice Trapiello. “Yo creo en las grandes traducciones del Quijote, pero también creo que el original es intraducible”, apunta. (Y en eso Trapiello parece sostener una opinión diferente a la de John Rutherford, uno de los traductores más recientes al inglés). “Los lectores han respondido bien. Muchos me han dado las gracias”, señala satisfecho. “Creo que la prosa de Valle Inclán, por ejemplo, es un poco estupefaciente, es como fumarte la pipa de kif... por eso no ha influido quizás tanto, no se le puede quitar la lengua a Valle Inclán, porque si lo haces le quitas un 98 por ciento. Eso no pasa con Cervantes. Cervantes emplea una lengua hablada... Si Sancho Panza hubiera podido leer el Quijote, como el propio Quijote puede leer la segunda parte (cuando se lo trae el bachiller Sansón Carrasco), aunque no lo hace, lo hubiera entendido todo, sin ninguna de las 5.500 notas que al parecer se necesitan hoy.  Hoy Don Quijote no entendería nada sin esas notas, precisamente.

Por eso creí que había que restituir la lengua del Quijote al habla común”, concluye convencido. Y añade: “Tampoco le veo mucho mérito a esto. Quizás lo más audaz es haber tenido la idea y hacerla, estoy orgulloso de eso, pero cualquier persona sensata, con paciencia, la habría hecho igual o mejor que yo. Te lo digo convencido, no es falsa modestia. Ahora, no he tocado el original. Yo doy algo más. Estamos todos de suerte. Mi traducción al español actual es la más fiel de cuantas se han hecho. De eso no hay ninguna duda”.