Sábado 11.02.2012
| Actualizado 01.56
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Sí. El título se lo he robado descaradamente a don Sergei Maria Eisenstein. Pero nos viene muy a cuento.
Uno aún conserva el buen sabor de boca del concierto del Xacobeo del viernes. Ay, si no fuera por el precio de las birras (diez euros el litro) y la espera eterna por los autobuses de la vuelta... Habría sido perfecto.
Aun así, fue de los excelentes. Muse tiene un directo impresionante. Pueden gustar o no, pero se lo curran. Eso sí: a los fanes de siempre les supo a poco. Y dicen que, además, el último disco es mediocre. Pero suenan muy bien, tienen marcha y creo que han acabado por ocupar un sitio importante. Acostumbran a ser delicados. Cuidan las voces. Pero se preocupan de guitarrear en plan hard, para ganarse a un sector metalero que siempre los ha visto como una esperanza. Se me ocurre que eso mismo hacía Jeff Buckley a veces. En Eternal Life, por ejemplo. Puede que sean la herencia de ese estilo exacto que fundó el malogrado novio de Joan As Police Woman...
Jónsi, o Jón Pór Birgisson, cantante de Sigur Rós, dio una de esas lecciones de buen gusto irreprochables. Amplía lo que hace con su grupo al completo. Sin embargo -y a estas alturas todo el mundo lo sabe-, la sorpresa de la noche vino de mano de los extraordinarios Pet Shop Boys. Parece que no ha pasado el tiempo por ellos. Siguen siendo los frescos del barrio. Matizada voz, brillante techno, una puesta en escena radiante. Lo mejor del pasado con una capa de aggiornamento. Lo viejo y lo nuevo, juntos, al fin.
Dentro de unos días veremos la continuación de ese festival. Y estamos esperando ver a Arcade Fire. Tienen fama de tener, también, un directo potente.
EL SUPERVIVIENTE
Y el viernes, día 3, estará aquí Marky Ramone (toca en la Capitol y firma en la Tenda Reixa). El batería es, sencillamente, el que queda. Atrás, en la historia, o en la cuneta, que a veces es lo mismo, se han asentado los demás. Todos ellos, los Ramones, demostraron que se puede hacer una música fuera de lo común con cuatro acordes.
Otra cosa es el que llamaríamos el legado. Como tal, no existe. Algún espabilado habló alguna vez de mensaje. Si hubo alguno, más vale que no nos hayamos enterado. Pienso en Joey, que no tenía pelos en la lengua, y que apoyaba sin ambajes ni cortapisas los preceptos más solemnes de Ku-Klux-Klan. Ahora bien: nunca supe si lo decía de cachondeo o la cosa iba en serio. Casi prefiero no saberlo. Aunque tampoco sea para renunciar, por ese detalle, a todo lo que representaba. Por una cosa semejante, uno estuvo sin leer el Voyage au bout de la nuit durante años. Uno no leía a nazis como Céline. Pues no señores. Es más. Les haré una última recomendación -y va en serio-: los discursos de Joseph Goebbels. Aprenderán lo indecible -nunca mejor dicho- del tema.

Manolo Blanco. El veterano fotógrafo continúa sin descanso en esto de exponer. Ahora lo hace en la Casa do Mariñeiro de A Pobra. En esta ocasión ha tirado de archivo (uno de los más envidiables de toda Galicia) para mostrar lo más hondo de la religiosidad de este complejo reino. Algunas de las imágenes son justamente famosas, y bastantes de entre ellas han recibido varios premios. Además, ha añadido tomas recientes de sitios como, por ejemplo, O Corpiño. Blanco nos sigue dando una lección muy clara e interesante de antropología cultural como en su tiempo lo hicieron Ksado o Veiga Roel. Enhorabuena.
