Jueves 25.09.2008
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No es mala petición, para un gran jefe. Por lo menos cuando se tiene gran jefe. Francisco Cano, Canito, es el fotógrafo de 97 años que ya estaba allí cuando murió Manolete, es el fotógrafo que nos lo contó, así que es un poco como el dinosaurio de Monterroso, yo creo, pero al revés: cuando murió Manolete, Canito ya estaba allí. Pero no sé. Es una apreciación mía. Él lo que decía hace unos días en la prensa, en el Galicia Hoxe, lo leí, al presentar Mitos, un libro de fotografías de Hemingway, de Orson Welles, de Ava Gardner, de Charlton Heston en los Sanfermines, él lo que decía, vaya, entonces, es que se mantiene activo y que seguirá trabajando "hasta que quiera el Gran Jefe", al que todos los días le pide "un poco más de cuerda".
Aquí es donde Bioy Casares le diría que está arriesgando mucho, porque el Gran Jefe es capaz de tenerlo trabajando hasta los 110 sin ninguna necesidad, cuando también se puede vivir hasta los 110, si uno llega, sin pegar ni chapa. Pero es que Bioy Casares ya saben cómo era. Hay gente que confía en el Gran Jefe, y gente que no confía en el Gran Jefe. Bioy Casares era de los segundos. Lo sé porque se le nota. Es lo que tiene escribir cosas: que las personas te leen y te calan. Incluso los que no son personas, que diría Tonecho. Y Bioy Casares cita en Descanso de caminantes, uno de sus libros, un par de refranes, supongo que argentinos, como él, que a Canito no le iban a gustar nada, pero que están muy bien rimados. Uno dice: "Si ha de ser lo que Dios quiera / nada muy bueno te espera". Y el otro: "Es voluntad del Señor / que pase siempre lo peor". Esto es desconfiar del Gran Jefe, digamos, por no andar parándose a discutirlo. Después está Stendhal, que sí que se paraba, a lo mejor porque no era un refrán, sino un escritor francés.
Los refranes tienen cierta tendencia a quedar siempre bien consigo mismos, a diferencia de los escritores franceses, que tienen más tendencia a escribir en francés, por razones obvias, y por eso no acaban nunca, los refranes, de pronunciarse del todo sobre nada, ya saben: a quien madruga sí, pero no por mucho madrugar etcétera. Y tampoco es eso. De ahí que Stendhal, que era un escritor francés, y no un refrán, empiece por negarlo todo y diga, o dijese, que lo que excusa a Dios, al Gran Jefe, es que no existe. Pues bien: tampoco había necesidad de dar disgustos. Si Francisco Cano, Canito, o quien sea, quiere un poco más de cuerda, que tenga a quien pedírsela y ya está. Me parece lo mínimo.
Y es que los científicos, que son los que saben de esto, también hacen menos caso. Están a otras cosas. Leo por ahí que ya han aprendido a alargar la vida de la mosca, del ratón y del gusano Caenorhabtiditis elegans, que no son tan distintos genéticamente a nosotros, de tres formas: con una dieta hipocalórica, con hipotermia y extirpándoles los órganos sexuales, acción que alarga la vida del gusano hasta seis veces. Otra cosa es que compense. Es lo que pasa también con Canito, que les contaba a los periodistas, en la presentación de su libro, las borracheras que cogía con Hemingway en las fiestas de Pamplona o las veces en que Ava Gardner le hacía volver a casa lleno de carmín.
Quiero decir que se puede vivir más, pero tampoco lo queramos vivir todo. Canito, tío.
