El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Tendencias | tendencias@elcorreogallego.es  |   RSS - Tendencias RSS

“Cuando la gente abre la nevera, no sabe lo que hay detrás”

Veterinario de Seragro y fotógrafo, José Luis Míguez Vázquez retrata la realidad del sector lácteo en el libro fotodocumental ‘As xentes do leite’

El veterinario y fotógrafo José Luís Míguez Vázquez - FOTO: Marcos Martínez
Ver galería
El veterinario y fotógrafo José Luís Míguez Vázquez - FOTO: Marcos Martínez

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 14.03.2018 
A- A+

José Luis Míguez Vázquez (A Coruña, 1970) no es un veterinario al uso. De su preocupación por la salud de los animales ha hecho un oficio que se ha ido enriqueciendo con otras ocupaciones que poco o nada tienen que ver con lo suyo. Años atrás se le ocurrió apuntarse en un curso de interpretación y se le abrieron las puertas de un mundo nuevo. Y además de convertirse en actor de series de TV, empezó a hacer fotografía documental. De ahí han salido prolijos reportajes sociales, de arquitectura, espacios naturales… Pero si existe un trabajo que sobresale sobre los demás es el que tiene que ver con la agricultura. El fruto son dos libros, El ordeño, lo que es (Calier), y más recientemente As xentes do leite (Concello de Curtis). Vinculado desde hace 15 años a Seragro (empresa que oferta servicios técnicos a la ganadería de la leche), conoce como pocos el sector y sabe que visibilizar su labor es un ejercicio urgente y necesario.

¿Somos conscientes los gallegos de lo que representa el sector lácteo?
No. Castelao dijo en una de sus famosas frases que si Galicia tuviera algún día una moneda propia, en ella tendría que aparecer una vaca como símbolo de nuestra tierra. Pero en realidad esa es una imagen que forma parte del pasado. Aunque en nuestra literatura y en nuestra base cultural está la imagen de la vaca, hoy en día eso no es así. El rural está muy despoblado y en aquellas zonas donde hay producción lechera apenas existe comunicación con el mundo urbanita. Es un tema muy desconocido y queda mucho por pelear. Cuando la gente abre la nevera, no sabe lo que hay detrás. Y, sin embargo, es un sector primordial. De ahí que haya hecho este libro, para reflejar esas actividades directas e indirectas que se desarrollan en la industria láctea.

Hay alguna granja en Galicia que organiza visitas para dar a conocer su labor. ¿Ni siquiera eso ayuda?
Es una labor muy buena, pero realmente solo hay una que organiza este tipo de actividades. Y además es algo que llega a muy poca gente, a grupos con una idiosincrasia determinada que deciden acercarse a ver cómo funciona este mundo por dentro. Aunque no se ven, dentro de una granja hay problemas todos los días. Es como salir a pescar y encontrarse un temporal cada día. Es un mundo muy duro.

¿Qué tienen en común los profesionales que mantienen en pie el sector lácteo?
La pasión por lo que hacen y la defensa de unos valores concretos. Sin pasión y sin vocación no hay nada. Pronto lo abandonas y te dedicas a otra cosa. Pero cuando existe un compromiso, eso te ata.

¿Es un sector profesionalizado que ha sabido adaptarse a los tiempos?
Por supuesto. Pero se trata de una realidad que no ha trascendido a los medios de comunicación. De hecho, cada vez que aparece en prensa una noticia relacionada con el sector se ilustra con fotos de antes: la señora mayor con la vaca. Esa imagen aún existe, pero ya empieza a ser muy escasa. El sector se ha modernizado. En los últimos años hemos pasado de las entre 40.000 y 50.000 granjas a únicamente entre siete y ocho mil. Y van a quedar menos. El inmovilizado económico activo que hay en una explotación de unas 300 vacas es de varios millones de euros. La tecnología absorbe una partida muy importante porque la inversión en modernización ha sido brutal: salas de ordeño, robots de ordeño, limpieza automática, instalaciones nuevas… Y todo esto solo vale para producir leche, ese dinero después no se puede invertir en otro lado.

José Luis Míguez Vázquez
Mauricio, genetista, es uno de los profesionales que aparece en el libro
FOTO: José Luis Míguez Vázquez

Aun a pesar de la inversión en tecnología, ¿qué retos tiene el rural por delante?
Hay un reto muy grande que es el de la base territorial. Existe una superficie agrícola importante abandonada y ahí las administraciones deberían implicarse más. No tendría que haber ni pino, ni eucalipto, ni verse obligado a cumplir con normativas europeas que a veces poco tienen que ver con la realidad. Sería interesante aprovechar esos terrenos para producir forrajes para la propia explotación y no tener que depender de la compra de insumos exteriores (piensos o derivados del maíz). Porque el mayor coste de una explotación es la alimentación y, una forma de reducir costes y rentabilizar la producción láctea, es echar mano de los recursos próximos.

¿El profesional del sector ganadero está suficientemente reconocido?
No y ese es precisamente uno de los motivos del libro. Le falta apoyo y hay un enorme desconocimiento en torno a su labor. El urbanita que compra leche desconoce la realidad del rural. Aquí el orgullo de ganadero va a menos. Por el contrario, en otros países de Europa está muy bien visto y la suya es una actividad muy valorada y reconocida porque al final es él el que pone a diario nuestros alimentos en la mesa.

¿Qué comportamientos habría que potenciar para que eso cambie?
Comprar productos locales (tanto lácteos como de otro tipo). Son mucho mejores y de mejor calidad y siempre van a tener una vinculación con el territorio y la población.