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FRANCISCA FARIÑA, Catedrática de Psicología Básica y Jurídica del Menor

“La mejor opción para los hijos es la custodia compartida ejercida con responsabilidad”

Muchos padres y madres que hayan afrontado o estén padeciendo un agrio proceso de ruptura de pareja se sentirán identificados con algunas de las palabras de la catedrática Francisca Fariña (Ares, 1962). La manipulación de los hijos está, por desgracia, a la orden del día, lo que puede provocar un daño severo a los pequeños, a los que sus progenitores deberían proteger eximiéndoles de responsabilidades propias de los adultos.

MARÍA ALMODÓVAR SANTIAGO  | 09.09.2017 
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Francisca, ¿qué consecuencias puede tener la ruptura de una pareja para la familia?
Las consecuencias siempre van a depender de cómo se gestione la ruptura de pareja. Esta, como cualquier crisis familiar, aunque resulte dolorosa, puede ser una oportunidad de mejorar la situación de los miembros de la familia, pero también puede suponer un proceso destructivo para ellos. Hay parejas que pueden convertir su ruptura en una guerra. La cual como tal genera violencia, dolor y problemas de salud mental; no sólo en los que combaten, sino también en todos los que se encuentran en el campo de batalla (abuelos, otros familiares, amigos, puede afectar incluso a profesionales), siendo las mayores víctimas los hijos.

¿Cómo se protege a la familia?
A los adultos haciéndoles ver que la ruptura de pareja no es una tragedia, pero si no se gestiona bien puede convertirse en ello para todos los miembros de la familia, en especial para los hijos. No debemos olvidar, que el programa de la USC Ruptura de pareja, no de familia tiene como objetivo prevenir el daño de la ruptura de pareja en los hijos. Siempre se les aconseja que lleguen a acuerdos y resuelvan sus conflictos de manera amigable. Se promueve la mediación, tanto a nivel extrajudicial como intrajudicial. Por otra parte, se les dota de herramientas para superar el proceso y llevar a cabo una parentalidad positiva tras la ruptura.

A los hijos se les ayuda a superar el proceso de ruptura de sus padres, que siempre es doloroso para ellos y difícil de gestionar, especialmente cuando sus progenitores no ejercen una parentalidad positiva. Se les ofrece un contexto que les permite expresar emociones y miedos que les dañan, se les normaliza la realidad familiar.

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