Lunes 20.05.2013
| Actualizado 19.08
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Todo empezó el día 11 de julio de 2002, cuando seis militares marroquíes abordaron el islote llamado Perejil, a un tiro de piedra de la costa marroquí. Fue el comienzo de una aventura irresponsable del monarca alauita, que decidió hacerse un regalo de bodas realizando una incursión de vodevil en el peñasco, hasta entonces ignorado por todos. En realidad, Leila, según la denominación marroquí, es un peñón de diez hectáreas, habitado por cabras. Y está a doscientos metros de la ribera del reino alauita.
En 1956, el islote pasó a ser una parte fantasma de España con el fin de la influencia de Madrid sobre la zona, aunque el régimen franquista mantuvo allí un pelotón de soldados durante algunos años más, hasta mediados de la década de los sesenta. Desde entonces, los únicos inquilinos del peñón eran las cabras... hasta que sobrevino la "invasión".
