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Un repaso por los libros de texto durante el siglo pasado

Millones de niños españoles se formaron con las ediciones de Calleja, Dalmáu, Vives o Santiago Rodríguez// En un solo volumen se resumía todo lo que hoy estudian nuestros escolares en una decena de espesos textos

Á. ARNÁIZ  | 15.11.2010 
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La "p" con la "a", pa. La "t" con la "o", to. Pa-to. Así, con los clásicos silabarios y catones, uniendo las letras del abecedario, aprendían a leer nuestros abuelos. Hoy estos manuales son libros para la nostalgia y piezas de coleccionismo para los amantes de los viejos libros escolares.

El Catón de los niños, editado por el famoso Saturnino Calleja fue uno de esos manuales que allá por los años 30 sirvió para que nuestros abuelos aprendiesen a leer. Bajo el lema de "instruir deleitando" utilizaba un ameno y vistoso sistema iconográfico que facilitaba a los pequeños el aprendizaje de la lectura.

Similar al catón de Calleja fue el Primer Libro, obra del profesor Joaquín Pla Gargol, editado allá por 1950, por Dalmáu Carles. Se usó como manual de introducción al arte de leer de muchos mayores, con clásicas construcciones silábicas como: Amo a mi mamá-Mimo a mi mamá y Mi mamá me ama. Entre sus objetivos didácticos figuraba además desarrollar la atención, la observación y las primeras nociones de cálculo.

Unos años después, por los 60, llegarían los míticos cuadernos Rayas, de Ángel Rodríguez Álvarez, de la Editorial Sánchez Rodrigo. Iban desde el clásico silabario a cartillas más avanzadas, con series de palabras para ejercitar el uso de las letras, como Kilo, kepis, kiosco, kadí y kabila, en el caso de la letra K.

Sin duda, uno de los manuales de mayor éxito en la enseñanza de la posguerra fue la Enciclopedia Álvarez. Escrita por un maestro zamorano, Antonio Álvarez, fue libro de texto en la etapa de enseñanza primaria de ocho millones de niños españoles, de 1954 a 1966. Sus más de cien ediciones avalan ese enorme éxito docente que tuvo en su tiempo.

Aunque uno no es abuelo todavía, el ejemplar que conservamos de segundo grado, que estudiamos de principio a fin cuando cursamos ingreso, allá por 1964, corresponde a la 114 edición. Las materias que condensaba iban dese la Historia Sagrada a las Ciencias de la Naturaleza, pasando por los Evangelios, Lengua Española, Arimética, Geometría, Geografía e Historia de España. Además incluía partes dedicadas a formación político-social-para niños-, lecciones conmemorativas, formación familiar y social, formación política para niñas y conmemoraciones escolares.

En ese singular apartado aparecían, entre otras, la exaltación de la cruz, el 14 de septiembre; Cristo rey, el último domingo de octubre; el día de la información, 29 de noviembre; mártires de la Tradición, 10 de marzo, o el día del Papa, 29 de junio.

El autor, Antonio Álvarez, reconocía, no hace mucho tiempo, "que no volvería a escribir la historia de España para los censores", pero insistía en lo acertado de su método frente a los libros densos y caros de la enseñanza actual. Un argumento que suscribirían muchos de los padres y abuelos de hoy, un tiempo en el que el nivel educativo está empeorando a pasos agigantados, donde no se prima el esfuerzo escolar y se pasa de curso "por la cara". Algo que, año tras año, evidencian las estadísticas educativas de la Unión Europea.

El parvulito fue otro de los manuales escolares escrito por el profesor Antonio Álvarez, que tras pasar la censura de la época allá por 1955, recibió en enero de 1958 la aprobación del Consejo Nacional de educación para su uso en las escuelas de Enseñanza Primaria.

Su objetivo, como indicaba el autor en el prólogo, era servir de enlace entre la cartilla o método de lectura y la enciclopedia propiamente dicha para aquellos niños que llegaron a la lectura de forma vacilante y evitar el brusco paso que había entre una y otra.

Con 116 páginas, sencillas ilustraciones y escrito con cuidada caligrafía, obra del propio autor, constaba de 54 lecciones, con temas que iban desde Dios creador, en la primera lección, a Franco y José Antonio, en la última, pasando por Los tres reinos de la naturaleza, los puntos cardinales, la provincia. El Siglo de Oro, las hormigas, el cuerpo humano o Ramón y Cajal.

La Enciclopedia Cíclico Pedagógica de grado medio para la primera enseñanza, del profesor José Dalmáu, es otro clásico manual muy utilizado en los años 40. Un denso compendio de 650 páginas que abarcaba desde la Lengua Castellana a la Historia Sagrada, junto a la Aritmética, Geometría, Geografía, Historia de España, Física, Química, Historia, Natural, Fisiología, Higiene, Industria, Agricultura y Comercio, sin faltar la educación social y las nociones de moral.

De la editorial Dalmáu Carles, Pla salió también, en los años 50, el libro de lectura escolar de caracteres manuscritos Europa. Recoge un extenso viaje por Europa en el que además de ayudar al alumno a distinguir distintos tipos de escrituras, lo ilustraba sobre los diferentes países del viejo continente.

De Dalmáu es también El Primer manuscrito, otro clásico manual de lectura de los años 60. Al igual que las ediciones escolares abreviadas de El Quijote, como la de Luis Vives o la de Hijos de Santiago Rodríguez, un texto clásico que hoy ya no leen los escolares.

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