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Los 20 pueblos más bonitos de Galicia para visitar esta primavera

Con el buen tiempo, llega la hora de hacer breves escapadas cerca de casa para respirar aire fresco y reponer fuerzas

TEXTO / FOTOS. ELBA OTERO. PERIODISTA   | 06.05.2018 
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La primavera abre la temporada para los viajeros. Si la economía es ajustada y lo de coger un avión a un destino lejano suena a ciencia ficción, siempre queda la opción de las salidas cerca de casa. Las escapadas de ida y vuelta -en un único día- sirven igualmente para recargar las pilas y conocer un poco mejor el patrimonio próximo. Nos vamos de visita a los pueblos más bonitos de Galicia. Los hay para todos los gustos, de mar y de montaña. ¿Te vienes?

Combarro (Poio). Hórreos, cruceiros y casas marineras. Son las señas de identidad del conjunto histórico-artístico de Combarro. Enclavado en la ría de Pontevedra, mantiene intactos la estructura urbanística y un estilo arquitectónico propios de los siglos XVIII o XIX. La característica hilera de hórreos -más de 30- que mira al mar pone de relieve la interacción que existía antaño entre la vida agrícola y ganadera con la actividad pesquera.

Cambados. En el corazón de Arousa, esa ría mágica en la que se crían los mejores mariscos de Europa, se encuentra Cambados, un histórico enclave esculpido en granito que tiene su origen en tiempos prehistóricos. Bien de Interés Cultural desde 2001, el pazo de Fefiñáns y su plaza constituyen el epicentro de un municipio que presume de un producto gastronómico propio: el albariño.

Muros. Otro tapiz de piedra que mira al mar y cuyo modus vivendi siempre ha estado ligado a lo que viene del Atlántico. Declarado Bien de Interés Cultural, especial mención merecen esos característicos soportales bajo los cuales los marineros de antaño arreglaban sus aparejos de pesca y también salaban el pescado. El paseo invita a reposar en dos plazas monumentales: la de Santa Rosa, con su hermoso crucero del año 1789, y la de la Pescadería Vella, con una curiosa fuente de cantería y numerosas tabernas.

Redes (Ares). Con las casas marineras a los pies del mar, este acogedor rincón de la ría de Ares presume de una arquitectura singular que le ha valido para dar el salto a la gran pantalla. El cineasta Pedro Almodóvar rodó en este pueblo escenas de su película Julieta y anteriormente la villa había servido de telón de fondo a la serie emitida por TVG Padre Casares.

Ortigueira. Paraíso de las músicas del mundo celta, es uno de los secretos mejor guardados del norte de Galicia. Rodeada de hermosos paisajes que combinan montaña, río, mar y la ría más amplia de la zona, hay que reservar un hueco para visitar esa villa única de marco empedrado. Llena de construcciones nobles con balcones de hierro forjado y bellos edificios (Biblioteca Municipal, conjunto conventual...), la Calle Real marca el compás de un pueblo que vive una revolución musical cada verano. Es entonces cuando se celebra el Festival Internacional del Mundo Celta, declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Ribadeo. Límite con el Principado de Asturias, la villa vertebrada por el río Eo es una de las más señoriales del norte. Al marqués de Sargadelos se le atribuye el impulso moderno de esta localidad cuyo edificio más sobresaliente es el pazo modernista de los hermanos Moreno. Desde su puerto de Porcillán, de origen romano, existe un agradable paseo a pei hasta el faro de la isla Pancha, situado en la entrada de la ría, pasando por las ruinas del castillo de San Damián. En el mismo municipio se encuentran la famosa playa de As Catedrais.

O Barqueiro (Mañón). La de O Barqueiro es una de las rías más pequeñas de Galicia y también una de las más hermosas. Situado al norte, en plena costa de la punta de Estaca de Bares, se trata de un pueblo típico marinero. El nombre tiene su origen en el barquero que trasladaba a las personas y mercancías de un lado al otro de la ría, hasta que en el año 1901 remata la construcción del puente.

Viveiro. La de Viveiro es la ría más grande del Cantábrico. La villa del mismo nombre atesora un importante patrimonio artístico, comenzando por los restos de la antigua muralla medieval que resistió los ataques de piratas en el siglo XVI, incendios e inundaciones. De su iglesia románica de Santa María salen las procesiones de Semana Santa, declaradas de interés turístico. Cerca de la calle Rosalía de Castro, se encuentran la iglesia y convento de San Francisco, declarados Conjunto Histórico Artístico.

Baiona. Situada al borde del mar, durante siglos concentró el comercio hasta que a finales del siglo XIX se produjo el despegue de Vigo. Su bahía se abre paso junto a la desembocadura del río Miñor y a ella arribó La Pinta, primera carabela de Cristóbal Colón que tocó puerto, en 1493. La visita no pueden obviar ni la visita a la fortaleza de Monterreal y su famosa torre del Príncipe, ni la colegiata de Santa María, del siglo XIII.

Corcubión. Enclavada al fondo de la ría del mismo nombre, la villa presenta una magnífica estructura, arquitectura y urbanismo de tradicional puerto marinero y pesquero. Declarado Bien de Interés Cultural, en su casco antiguo destacan varios edificios monumentales: la iglesia románica de San Marcos (s. XII), el templo de Redonda (s. XII), el Pazo de los Condes de Altamira (s. XV) y el castillo del Cardenal (s. XVIII).

RIBADAVIA. Antigua sede del Reino de Galicia, el municipio ourensano reúne todas las esencias de los ribeiros. Su historia está ligada a sus afamados caldos, pero también al pueblo hebreo. Su judería es la más relevante de la comunidad, tanto por la importancia que tuvo como por su estado de conservación. De hecho, el comercio del vino que se producía en la zona fue casi monopolizado por los judíos y, ya desde la Edad Media, se bebía en Italia, Países Bajos, Alemania e Inglaterra. A ellos precisamente se les atribuye el cultivo de las vides aprovechando el terreno en terrazas y extendiendo la red de regadíos.

PIORNEDO. Situada en pleno corazón de Os Ancares, en el municipio de Cervantes (Lugo), se encuentra esta aldea prerromana. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, su imagen más icónica son las pallozas. Antiguamente eran las viviendas de los habitantes de la zona y hoy se utilizan de establo para los animales. De planta oval, circular o elíptica, sobre ella se asienta un tejado en forma de cono hecho de paja de centeno, brezo o piorno. Las paredes son de mampostería. Al lado de estas construcciones populares es habitual encontrar el hórreo típico de la zona.

CASTRO CALDELAS. Construida en el siglo XIV, la fortaleza es el símbolo más visible de la historia de este acogedor municipio de la provincia de Ourense. La planta del castillo se adapta a la orografía del lugar, del cual se conservan casi todos los lienzos de muralla, tres torres cuadrangulares y el patio de armas. Además del casco histórico, merece la pena empaparse del inmenso valor paisajístico del entorno y perderse durante unas horas por la Ribeira Sacra.

NAVIA DE SUARNA. Situado en la comarca de Os Ancares, Navia de Suarna (Lugo) marca la frontera gallega con Asturias y León. De especial interés paisajístico, especial mención merece el castillo, construcción hecha en laja de pizarra y vinculada a los condes de Altamira. Los documentos que se conservan sobre la fortaleza demuestran que ya existía en el siglo XI, aunque posteriormente fue destruido por la Revolución Irmandiña y se volvió a levantar cuatro siglo más tarde perdiendo entonces su carácter militar. También hay que acercarse hasta el puente viejo, erigido en el siglo XIV, pero con una bóveda anterior que data del siglo XIII.

ALLARIZ. Declarado conjunto histórico artístico en 1971, es otra de las joyas de la provincia de Ourense. A los pies del río Arnoia se erige una villa monumental que tiene su origen en la época sueva y que, durante la Edad Media, sería la escuela en la que Alfonso X el Sabio aprendió gallego. El esfuerzo rehabilitador de los últimos años fue reconocido en 1994 con el Premio Europeo de Urbanismo.

A POBRA DE TRIVES. Centro de una amplia comarca, el municipio ourensano fue el lugar que escogieron varias familias nobles para asentarse, dejando su huella en la construcción de sus residencias. Véase la Casa de los Marqueses (s. XIX) o la Casa Grande de Trives (s. XVII). En el centro histórico también se localiza la iglesia parroquial (s. XIX), que alberga en su interior el Cristo de la Misericordia, traído en 1774 desde Tierra Santa.

MONDOÑEDO. Situado en un amplio valle de A Mariña lucense, es una de las más evocadoras capitales del antiguo Reino de Galicia. Presidido por la catedral románica, su casco histórico está declarado Bien de Interés Cultural. Entre otras joyas, la basílica atesora uno de los museos de arte sacro más importantes de España. En la misma plaza que la seo se localizan el Palacio Episcopal, el Consistorio Viejo y el monumento al ilustre autor mindoniense Álvaro Cunqueiro.

MONFORTE DE LEMOS. Capital de la Ribeira Sacra, la villa lucense tiene su origen en el siglo XII y, de hecho, en su casco urbano conserva numerosos edificios y monumentos que ponen de relieve la importancia que alcanzó en otra época. Declarada Bien de Interés Cultural, en su zona antigua se pueden visitar el conjunto de San Vicente do Pino, el Convento de las Clarisas (sin olvidar su Museo de Arte Sacro) o el de San Jacinto. Uno de sus emblemas es el Colegio de Nuestra Señora la Antigua (también conocido como Los Escolapios). Construido entre los siglos XVI y XVII, está inspirado en el monasterio de El Escorial.

CELANOVA. Es otro de los núcleos que invita a sumergirse en el pasado medieval de Galicia. El municipio ourensano ha sido capaz de conservar las estrechas callejuelas concebidas siglos atrás para llegar hasta la torre del Castillo (s. XIV), ahora transformada en Centro de Información Comarcal. Con origen en el siglo X, hay que acercarse al monasterio benedictino de San Salvador, un majestuoso monumento que preside la plaza mayor.

PEDRAFITA DO CEBREIRO. Enclave mágico del Camino Francés, el municipio lucense es el punto final de una dura etapa para los peregrinos. Más allá de las hermosas vistas que brinda hacia tierras de León, merece la pena inmortalizar esa genuina postal de las pallozas que reproducen los modos de vida de antaño. Visita obligada también es la iglesia prerrománica de Santa María a Real.