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El canon modélico del lector

A lo largo de la historia los modelos estéticos han ido cambiando con excesiva frecuencia. Aunque, curiosamente, esos modelos son cíclicos. O, lo que es lo mismo, se repiten una y otra vez. Eso atañe a todas las artes

XURXO FERNÁNDEZ   | 18.02.2018 
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Hay quien dice que una vez leídos los textos de Homero, el resto, toda la literatura posterior, sobra (léase Moncho Díaz). Naturalmente, esto es una exageración, pero se aproxima bastante al valor intrínseco de un canon. Además, este caso, el de la Ilíada y la Odisea, ha contribuido a reorientar de forma permanente el gusto del lector de cualquier tiempo por un tipo de obra que no por muy compleja deja de ser, en ningún momento, enormemente amena.

Modelos, arquetipos, libros de referencia. A lo largo de la historia han ido quedando una serie de libros canónicos. Son obras irrepetibles, que o bien consiguen reflejar la sociedad de su época o manifiestan los sueños más secretos del hombre. Unos y otros habrán de influir en toda obra posterior. Y, para ejemplarizar, entre los primeros estaría el Satiricón de Petronio y entre los segundos, Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.

Esos son dos de los libros que no faltan en cualquier referencia universal que pretende transcender. Asi, en el de Petronio vemos el funcionamiento de la sociedad romana. Vemos con toda claridad qué piensan, cómo se visten, qué comen, qué beben, cuáles son las preocupaciones cotidianas. Con una precisión asombrosa, trufada de un sentido del humor muy poco común, el escritor nos da, en el fragmento que se ocupa del banquete de Trimalción, una información preciosa: el contenido del primer periódico de la historia. Un personaje toma en sus manos uno de los ejemplares del Acta Diurna -o Acta Urbis- que se distribuían por toda Roma y sus alrededores. Eran libelos, copias manuscritas en pergamino o en papiro del mural que se exponía en el Foro para evitar que se falsificarán o se tergiversaran las actas del Senado. Un invento, por cierto, del que habría de ser el primer fundador y director de un medio informático: Julio César. El que más tarde ceñiría los laureles imperiales lo había creado en el año 69 antes de Cristo, justo cuando ostentaba el cargo de procónsul de Roma.

 


El contenido del 'Acta Diurna', tal como nos lo cuenta este personaje, es sorprendente. Da fe de las conquistas del Imperio. De las batallas, de los esclavos que se han apresado. De las transacciones económicas que se están haciendo en ese momento. De las leyes que se dictan. De la variada casuística de la actualidad de la capital. Pero lo más curioso es que entra a saco en una parcela insólita: el mundo del corazón. De cómo un determinado centurión le quita la novia, una esclava manumitida, a otro. De la reyerta entre los dos, que acaba en duelo, primero, y en juicio, posteriormente. He ahí, pues, una novela absolutamente esclarecedora, con la que Petronio, además de buena literatura, hizo historia.

La otra obra citada pertenece, como decimos, al mundo de los sueños. Los dos Alicias (En el país de las maravillas y A través del espejo) de Carroll tienen muchas virtudes. Entre ellas, la de que, debido a sus múltiples posibilidades de lectura, son obras que pueden interpretarse a un primer nivel, el más sencillo, como cuentos de hadas. Un segundo nivel, sin embargo, escondería claves psicológicas en las que el abate Dodgson vierte preocupaciones subconscientes. Untercer nivel las convierte en una despiadada crítica apolítica contra el victorianismo. En un cuarto nivel, encontraríamos una cosmogonía propia de un filósofo schopenhaueriano.

¿Creen realmente que alguna otra puede dar más?

Hasta en los cánones más conocidos y respetados hay olvidos notables. Entre los muchos que ustedes recordarán están los de Harold Bloom y la Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges, que el argentino publicó por triplicado, en su país, en Italia -de la mano del mago Franco Maria Ricci- y en España -a cargo de Siruela-. Uno y otro son prácticos, desde luego. Son orientativos. Además, el de Borges nos hace descubrir a autores que de otra forma permanecerían en el olvido. Los casos de Emmanuel Swedenborg o de Arthur Machen, por ejemplo.

El último es francamente bueno. Lo publicó Planeta y ha corrido a cargo de Clifton Fadiman y John S. Major. Tiene el curioso nombre de Un plan de lectura para toda la vida. Cita o incluye buena parte de los anteriores. Así veremos los casos más conocidos de Homero, Herodoto,Platón, Aristóteles, Pascal, Shakespeare, Dante, Swiff o Goethe. Pero incluye, además, a esos grandes olvidados que fueron piedras angulares y hoy permanecen prácticamente en el olvido. Es el caso de Matsuo Basho, el autor de Sendas de Oku, que es uno de los poemas más increíbles de todos los tiempos, y que, en su día, se encargó de traducir al castelalno Octavio Paz. E incluye a Borges, por supuesto. En concreto cita dos textos: Laberintos y El hacedor. Curioso. pasan olímpicamente de Ficciones. Trae a colacción a Chinua Achebe, con Todo se derrumba. Meten a Freud, en su variante más exotérica: La interpretación de los sueños, Tres ensayos sobre teoría sexual y El Malestar en la cultura (¿Recuerdan la anécdota de Nabokob que le llamaba el gran humorista del siglo XX...?).

En resumen. Una obra muy recomendable.