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Derek Walcott, el nuevo homero

XF  | 02.04.2017 
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LE LLAMABAN EL MAYOR POETA EN LENGUA INGLESA
El pasado viernes, día 17 de marzo, desaparecía, con casi 90 años (para ser exactos, 87), el que estaba considerado exactamente así: el, hasta el día de su muerte, mayor poeta vivo en lengua inglesa, el caribeño de Santa Lucía Derek Walcott. Tenía una fuerza inconmensurable. Su mundo, su comunión con el Caribe luminoso, ardiente, colorista, profundamente sensual o directamente sexual, era un universo propio, por supuesto, pero que, como pasa siempre con las cosmogonías de los más grandes, cualquiera de sus lectores -que eran millones- podrían identificarse con ese poderosísimo halo astral que eran sus versos. En su haber, volúmenes tan estimulantes, por ejemplo, como El testamento de Arkansas. Y obras maestras absolutas, de esas que marcan un siglo y un ciclo. Me refiero, naturalmente, a Omeros. Un libro raro, complejo, de múltiples lecturas, todas ellas tan disímiles como coherentes. Es decir: que podía someterse a distintos análisis, por diferentes personas muy lejanas en códigos éticos o estéticos, pero que, al final, conseguía unificarlas a todas con un denominador común: una belleza transparente. Seguramente por eso se le concedió el Premio Nobel de Literatura en el Año de Gracia de 1992. Hace un tiempo pudimos conocer a este hombre singular, en un congreso del Pen Clube. Con él venía otro Nobel mucho menos interesante, Wole Soyinka. Y pasó una cosa muy curiosa que les transmito. Él, con fama de razonable y amigo en estrecho círculo de gente como Philip Roth, Wislawa Szymborska o bien Octavio Paz, se encontró aquí con su traductor, Vicente Araguas. Me lo contó él mismo poco después en Vigo, con Basilio Losada de testigo, mientras desayunábamos (estábamos los tres de jurados de los Premios da Crítica). Se le presenta: "Maestro. Soy su admirador número uno, aparte de su traductor..." ¿La respuesta?: "Pues si eres tan fan, llévame las maletas..." Bien. Juzguen ustedes. Abajo les dejo la carátula de Graceland, de Paul Simon. You can call me Al era una de sus canciones preferidas...