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Elvis para siempre

LUIS GARCÍA   | 20.08.2017 
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Aunque hay quién asegura que está vivo y coleando
–Calamaro lo cantó a los cuatro vientos hace ahora casi dos décadas en aquel memorable disco que fue Alta Suciedad– Elvis Presley, el Rey del Rock, nos dejó hace 40 años, un 16 de agosto de 1977.
Nacido un 8 de enero de 1935 en la localidad estadounidense de Tupelo, Misisipi, la vocación del joven Elvis Aaron por los escenarios fue temprana. A los diez años cantó por primera vez en público en 1945, después de haber impresionado a una de sus profesoras de instituto. Poco después recibió su primera guitarra, un regalo destinado a cambiar el mundo con salvajismo pélvico y locura melódica. Cuando la familia Presley se mudó a Memphis (Tennesse) en 1948, desconocía que estaba dando un paso decisivo y que marcaría la deriva de la música, el cine, y la cultura en general durante las siguientes décadas.
Durante la noche del 16 al 17 de agosto de 1977, Elvis no logra dormirse. Está en Graceland, en vísperas de una gira. Toma un libro sobre la Santa Sábana de Turín de su extensa biblioteca de temas esotéricos y, para no molestar a su última novia, se retira al cuarto de baño para leer. A la mañana siguiente, la chica lo encuentra de bruces contra el suelo, rígido y en posición fetal. Para evitar el escándalo –se trata de un héroe nacional–, el veredicto del forense es “muerte natural, un ataque al corazón”. La autopsia es prácticamente un acto público contemplado por abundantes empleados del Baptist Memorial Hospital de Memphis.
A pesar de su inclinación por Richard Nixon, el presidente Jimmy Carter
–después de todo, otro sureño– hizo pública una nota tras la muerte del cantante, donde afirmaba que el suceso “priva al país de una parte de sí mismo; para la gente del mundo, Elvis era un símbolo de la vitalidad, rebeldía y buen humor de Estados Unidos de América.
Una trepidante historia de sobra conocida y mil veces contada, que este 20 de agosto de 2017 nos lleva a la demente misión de tratar de condensar la vida de El Rey en tan sólo cinco canciones, para así conmemorar este 40 aniversario de su muerte. Porque Elvis is still in the building...

MY HAPPINESS (1953). El 18 de julio de 1953, Elvis acudió por primera vez a un estudio para grabar un single con la intención de regalárselo a su madre por su cumpleaños. También hay quien dice que su intención era comenzar a darse a conocer y llamar la atención, algo que no ocurrió realmente en ese momento, aunque sí se pusieron los cimientos. Las canciones elegidas fueron My Happiness y That’s when your heartaches begin.

THAT’S ALL RIGHT (1954). Su primera incursión en un estudio de grabación dio sus frutos poco después cuando le llamaron desde los ahora míticos Sun Studios para grabar algo y tratar de lanzarle convenientemente. El 19 de julio de 1954 veía así la luz el primer sencillo de Elvis Presley & The Blue Moon Boys, That’s all right mama (composición del bluesman Arthur Crudup). En la cara b estaba Blue moon of Kentucky. Ahora sí la locomotora cogía velocidad.

IT’S NOW OR NEVER (1960). Tras alistarse en el ejército y perder a su madre (1958), Elvis afrontaba la década de los sesenta con el empuje de una estrella en plenitud. Sus primeras entregas en 1960 fueron singles como Are You lonesome tonight? o It’s now or never, una adaptación del estándar italiano O sole mio, que desde ese preciso instante pasaron a ser clásicos inmortales.

SUSPICIOUS MINDS (1969). Canción compuesta por Mark James en la década de los cincuenta, fue masivamente popularizada por un Elvis que 1969 disfrutaba de su segunda gran época de popularidad tras los años de películas en Hollywood y el aclamado Comeback Special de 1968, concierto emitido por la cadena CBS para todo Estados Unidos.

BURNING LOVE (1972). El último gran éxito de Elvis tiene una letra que sirve para resumir su ardorosa vida y todo lo que de alguna manera significó para sus atormentadas fans, incapaces de asimilar toda la sensualidad escénica del mito. “Lord almighty, I feel my temperature rising higher higher, it’s burning through to my soul. Girl, girl, girl you gonna set me on fire, my brain is flaming, I don’t know which way to go...”

LA MISTERIOSA MUJER QUE BESÓ  A PRESLEY

En el año 2011 una revista estadounidense identificaba a la misteriosa mujer que aparece besando al cantante Elvis Presley en una escalera detrás del escenario de un teatro en una famosa fotografía allá por el año 1956.
Bárbara Gray, de 75 años y residente en Charleston, S.C., comentaba que no revelaba su identidad a cambio de dinero o fama, sino que “simplemente quería tener mi nombre en la maldita foto”. Gray, además, admitió que estaba cansada de que se dirijieran a ella como la “mujer desconocida entre bastidores” con un joven Elvis en el hueco de una escalera en el Mosque Theater de Richmond, Virginia. El fotógrafo Alfred Wertheimer no le preguntó su nombre a la mujer cuando tomó la imagen y ella tampoco se lo contó nunca. Cuando, a principios de 2010, en la cobertura de un periódico sobre una exhibición del fotógrafo en el Smithsonian de Washington, este aparecía frente a una fotografía llamada ‘El Beso’, Gray se decidió a buscar a Wertheimer en Facebook y le envió un mensaje. “Yo soy la chica. ‘El beso’. Tengo una buena historia para usted”, le dijo. Pero Wertheimer, que ya había escuchado a muchas mujeres decir que ellas eran la de la foto, al principio no le respondió.
La confesión de Gray salió por la radio y finalmente halló un lugar en ‘Vanity Fair’, que verificó la información. Si bien las fotos de Gray de mediados de los cincuenta eran casi exactas a la imagen de la joven mujer en la foto y sus recuerdos sobre el momento y el lugar eran correctos, el factor decisivo fue su altura. Mide apenas 1,50 metros, la misma estatura que la mujer de la fotografía.
“Dios, es hermoso”, admitió Gray que fue lo que pensó cuando conoció a Presley, que entonces tenía 21 años, en su hotel en Richmond. Pero también lo encontró “algo inseguro”, con un acento que lo hacía sonar como “un tipo tonto del campo”. Después de acompañarlo al concierto, Gray y Presley se besaron en la escalera. Más tarde se encontró en el compartimento de Elvis en un tren con destino a Nueva York. Cuando una voz le informó a Elvis que su tren se iba, Gray dijo: “Yo también”. Y ahí terminó su historia y comenzó el misterio.