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Europa, 'first'

Los partidos tradicionales de los estados miembros han perdido apoyo –y escaños– en detrimento de los emergentes

PAULA VILLAVERDE  | 13.05.2018 
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Desde hace un tiempo, Europa vive una crisis de desafección política provocada en parte por la crisis económica y la pérdida de legitimidad de sus instituciones. Actualmente y desde 2015, otra crisis, la migratoria, copa las páginas de los periódicos avivando ese descontento ciudadano con los líderes europeos. Ante la incapacidad de gestionar esta situación, los partidos tradicionales de los estados miembros han perdido apoyo -y escaños- en detrimento de los emergentes.

Estos nuevos y no tan nuevos partidos se caracterizan por una ideología de extrema derecha, un euroescepticismo latente y un discurso populista que recoge ese malestar ciudadano. En estos dos últimos años, hemos podido ver como estos partidos han logrado puestos de poder en sus parlamentos nacionales.

Ejemplo de ello es Alternativa por Alemania (AfD), quien consiguió hasta un millón de votos habiéndose beneficiado del sentimiento antiestablishment por la gestión de los refugiados del gobierno al frente del ejecutivo; esta frustración con los partidos tradicionales fue evidente y las continuas referencias a la identidad nacional como símbolo a proteger de los recién llegados, fueron claves en el incremento de apoyos para AfD.

En cuanto al trasvase de votos, AfD recibió más de un millón de apoyos del partido de Merkel, y también medio millón de exvotantes socialdemócratas. En cuanto a Austria, el Partido de la Libertad, el FPÖ, logró su mejor resultado desde su creación al ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales. En esta ocasión, la ultraderecha volvió a lograr capitalizar el descontento de los votantes por la situación actual del país. A pesar de ello, esto no fue suficiente y se encuentra al frente del gobierno el ganador de las elecciones, el Partido Popular Austríaco bajo las siglas de ÖVP.

En Holanda, el líder del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) -de ideología liberal de centroderecha- consiguió la victoria, aunque perdió escaños en comparación con las elecciones anteriores.

Por su parte, el líder populista de la ultraderecha, representando al Partido por la Libertad (PVV), quedó en segundo lugar. Los resultados de estos comicios se mostraron como ejemplo del freno al populismo en Europa, sin embargo, han tardado más de 200 días en lograr formar gobierno ante la incapacidad de lograr acuerdos.

Por último, algo similar ocurrió en Francia, con un sistema electoral de doble vuelta, donde por primera vez ninguno de los candidatos de los partidos tradicionales que hasta ahora habían gobernado, se encontraba presente para esta segunda vuelta. Debo destacar que, el ganador de estos comicios salió de un partido de reciente creación, y su contrincante, la famosa líder de ideología de extrema derecha, Marie Le Pen, pertenece al Frente Nacional (FN) logrando llegar a la cita de la segunda vuelta con un apoyo notable.

Esto nos lleva a la siguiente parte de la explicación, donde se destacan algunas claves: 1. Estamos ante el fin del bipartidismo, donde los partidos tradicionales han tenido que cambiar sus discursos y modularlos para llegar a un electorado descontento con su gestión durante estos años de mandato; 2. La sensación generalizada de pérdida de estatus provocada por la crisis económica y migratoria, sumada a los recientes atentados, ha sido determinante para que los populistas pudieran avanzar en apoyos. 3. Y lo más importante, los populistas han llegado para quedarse. Y digo que han llegado para quedarse porque los resultados de las elecciones celebradas en Hungría hace dos semanas, así lo confirman. El ganador -por tercera vez consecutiva- Víktor Orbán, del partido Fidesz, basó su campaña en contra de la inmigración.

Hemos podido ver como los húngaros han premiado de nuevo su política ultraconservadora y xenófoba. Hungría, junto con Polonia, se han mostrado críticos con la estrategia migratoria de la Unión Europea.

Las relaciones entre estos estados y Europa no están en su mejor momento, y con esta victoria no se prevé que mejoren. A ello se suman las elecciones celebradas el pasado marzo en Italia, que se mostraron como un éxito de los partidos populistas de extrema derecha capitaneados por Berlusconi. Estos resultados respaldan lo que está ocurriendo en el conjunto de la comunidad europea desde hace ya un tiempo y supone un termómetro de lo que puede ocurrir en las próximas elecciones al Parlamento Europeo.

Sí, no se sorprendan, hay elecciones en Europa... a pesar de que ya estemos en una precampaña permanente para las municipales y autonómicas, Europa también se examina. Y a pesar también de la importancia de éstas, comprobamos que no interesan, que se siguen considerando de "segundo orden". En las elecciones del próximo año, Europa se juega mucho. Estamos ante un ejercicio de refundación al frente del eje franco-alemán o en otras palabras Macron-Merkel. Por otro lado, tenemos estos partidos populistas emergentes con poder para manejar la agenda política. Y como guinda del pastel, en esta cita electoral no participará por primera vez el Reino Unido. Son por lo de pronto, unas elecciones atípicas con un escenario incierto donde si las previsiones no fallan, ofrecerán un hemiciclo compuesto por líderes populistas y extremistas que ya piensan en cómo dinamitar Europa. Queda un año para averiguar qué pasará, así que recomiendo mirar más allá de nuestro pueblo o región y pensar... Europa, primero.

DOCTORANDO EN CIENCIAS POLÍTICAS