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Fran Zabaleta y La Compostela de Rodrigo de Luna

'EN TIEMPO DE HALCONES' (GRIJALBO) DISCURRE ENTRE LAS REVUELTAS DE 1458 EN SANTIAGO, INICIO DE LA REBELIÓN IRMANDIÑA, EN UN CLIMA DE CAMBIO SOCIAL

Radio Obradoiro

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Entrevista, por José Miguel Giráldez

Fran Zabaleta, escritor e historiador

TEXTO JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ FOTO RAMÓN ESCUREDO   | 14.02.2016 
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Fran Zabaleta, historiador, es un enamorado del mapa de Compostela. "Es facilísimo identificar el paisaje histórico de la ciudad, sobre todo el de algunas épocas. Las plazas, las calles... pueden haber cambiado de nombre (y no siempre) pero siguen estando donde estaban. Todo es reconocible, todo está ahí. Por eso, hacer que unos personajes históricos deambulen por la ciudad produce una gran satisfacción: sabes exactamente por dónde irían, y casi las cosas que verían a su paso", cuenta Zabaleta sin mermar un ápice su entusiasmo. La época que él reconstruye con extraordinario mimo y eficacia es el siglo XV. Mediados del siglo XV en Compostela, un tiempo crucial para la ciudad. "Quería hacer una novela sobre los Irmandiños, pero en realidad acabé haciendo una novela sobre Compostela", reconoce. Y es que En tiempo de halcones (Grijalbo) es, en efecto, una gran novela sobre Santiago. Una novela sobre un tiempo difícil e impredecible en el que tuvo lugar una de las grandes revoluciones, una gran revuelta que fue la chispa inicial de lo que había de venir. La Revuelta Irmandiña. Fran Zabaleta nos ofrece un viaje maravilloso, cargado de detalles, un viaje documentado, preñado de autenticidad, en el que resulta difícil elegir entre los personajes históricos y los personajes inventados. Todos contribuyen a este gran retablo de la Compostela de 1458.

Adentrarse en la trama de En tiempo de halcones supone, en efecto, un increíble viaje al pasado, pero sin perder las referencias del presente. Es muy cierto que a la vieja ciudad de Compostela sólo le queda bien visible una de las puertas de su muralla, pero la estructura está ahí, y donde había casas de madera y paja hay ahora casas de piedra, y donde había barro y lodo, ahora hay asfalto. Todo es reconocible, insiste Fran Zabaleta, que recorre cada palmo de la ciudad como si estuviera viendo a sus propios personajes entrar y salir de las tabernas y de los palacios. "Vivimos en la cultura de la imagen, todo es cinematográfico, pero la verdad es que a la hora de recrear la historia de Compostela, ni siquiera eso es necesario. Si no salimos de los límites de la ciudad vieja, podemos transportarnos a otro tiempo con facilidad. Particularmente a este siglo XV, tan complejo, tan duro, un siglo de cambios y revueltas, y sin embargo, tan importante para la historia de la ciudad", explica Fran Zabaleta.


Le digo que su literatura histórica resulta tan creíble y tan asimilable porque se mimetiza con facilidad con este escenario del siglo XXI, donde las trazas de otro tiempo son asombrosamente visibles. Pero también porque esta forma de escribir me recuerda un poco la pasión por la historia de la Edad Media que tenían los escritores románticos. Y pienso, claro, en Sir Walter Scott. Sonríe Fran Zabaleta: "es curioso que me digas esto, porque tuve que hacer una adaptación precisamente de Scott para niños. Seguro que se me pegó algo".

Sin duda, En tiempo de halcones es una novela urbana, una novela que se complace en callejear por aquella urbe pequeña, pero grande para la época, aquella urbe de ocho mil habitantes cuya leyenda fascinaba a los caminantes, pero cuya realidad cotidiana era un poco más difícil y violenta. "Estevo, el protagonista, es un joven que huye de la muerte y la persecución desde tierras de Moreda", dice Zabaleta. Cuando llega a las puertas de Santiago se maravilla de aquellas construcciones y calles laberínticas que observa desde lo alto, pero cuando entra y ve el barro, los excrementos, el olor punzante, cuando se adentra en el bullicio de los mercados callejeros, cuando ve grupos de mendigos y observa con asombro la organizada delincuencia galopante de tantos buscadores de talegas, tantos ladrones, pícaros, sacramentadores de bolsas, su visión mitificada de Santiago cambia radicalmente". Pero lo cierto es que Estevo aún así piensa que es una ciudad que merece mucho la pena, una ciudad fascinante que de forma continuada recibe la visita del mundo entero. "La Europa que estaba en ebullición, el Quattrocento con nuevas ideas sobre el papel del hombre, llegaba a esta ciudad a través de peregrinos y viajeros. Puede que Santiago estuviera en un momento de extrema complejidad, pero la Europa que decía adiós al Medievo también llegaba a través de los caminos, porque Compostela era, después de todo, el final de un largo camino", subraya Zabaleta.

Estevo es, en efecto, el gran protagonista. Un joven que actúa como una especie de observador exterior, que poco a poco se va implicando en los asuntos de la ciudad. Pero la novela es mucho más. El retablo de personajes resulta muy variado, gentes de arriba y de abajo, amables y antipáticos, héroes y villanos, y todos están firmemente trazados.

Los personajes reales y los de ficción se dan la mano es esta novela histórica que es también, y sobre todo, una novela de aventuras. "Lo es. Pero con mucho rigor histórico", apunta el autor. "Es una época de la que hay suficientes testimonios y te aseguro que me he documentado durante mucho tiempo. No ha tenido tanta popularidad a lo largo de la historia la revuelta de Compostela contra el arzobispo don Rodrigo de Luna. Al menos no como debiera, por mucho que se trate de un personje infausto, aunque bien conocido. No tanto como Gelmírez, desde luego, que cambió por completo Compostela. Pero me sorprendió que siendo esta revuelta burguesa el antecedente de la gran revuelta irmandiña (los burgueses compostelanos siempre fueron levantiscos y no se dejaban dominar por un advenedizo como Luna), no se hubiera fabulado más con la reconstrucción de este Santiago del siglo XV, tan reconocible por otra parte hoy en día, como ya hemos dicho", cuenta Fran.

La Rocha Forte se alza también en la novela como un símbolo. "Fue la principal fortaleza de la ciudad, que marcaba el poder arzobispal. En la novela es importante, porque hay que pensar que la Rocha estuvo levantada solo entre lo siglos XIII y XV, fue destruida por los Irmandiños y sirvió como último lugar de protección para los arzobispos, cuando las cosas se ponían feas", cuenta Zabaleta que, antes que escritor, es un historiador avezado en el universo irmandiño, del que ha escrito otras veces. La hitoriografía tradicional afirma que la revuelta irmandiña ocurrió nueva años después de los hechos que se narran aquí. No hay duda, por tanto, de la gran relevancia del brote compostelano, que surgió, como se explica en la novela con el pretexto del ius primae noctis, es decir, el derecho de pernada, que el arzobispo Luna ejerce en la esposa de uno de sus vasallos. Zabaleta cree que la dificultad de las comunicaciones en la época exige que existiera una red de informantes, de autores intelectuales de la revuelta irmandiña, que lograron poner a todos de acuerdo para levantarse simultáneamente en toda Galicia. "Un movimiento así, en tierras incomunicadas, sin posibilidades de avisar de inmediato, responde a una trama amasada a lo largo del tiempo, muy bien organizada. Por eso creo que esto que cuento en En tiempo de halcones fue, en realidad, un ensayo general de lo que había de venir", dice.

La novela constituye un largo y detallado viaje, como decimos, hacia los acontecimientos que cambiaron Compostela en el siglo XV. El lector disfrutará de veras, pero mucho más el conocedor a fondo de la vieja ciudad. Reconocerá y palpará el territorio. Y se sorprenderá de los enormes parecidos. Y de cómo Fran Zabaleta logra capturar para nosotros la atmósfera de aquellas malas calles. "Cuando los señores se pelean entre sí los que sufren son los de abajo. Fue lo que ocurrió.", dice. "Todo eso significa brutalidades sin cuento. Algunos tenían bandas a su servicio, como los Esquerdo de Betanzos que raptaban y robaban para el señor de Suevos. Rodrigo de Luna fue un joven que llegó a ser arzobispo de Compostela antes de la edad canónica. Era un personaje patético, que logró el puesto por ser sobrino de don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla. Se metió en un avispero sin saberlo, con toda su corte de segundones. Se encontró con una oposición frontal de los nobles asentados aquí, y de los nobles menores, como Suevos o Andrade, o Soutomaior, y, por supuesto, con la oposición de la gente. Por supuesto, la novela va mucho más allá de Luna, pero Luna es fundamental para entender la época", concluye.