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María José Castro: “ya es el tercer año de sequía: la gente lo está pasando mal”

La coruñesa María José Castro convive desde hace 17 años en Mozambique en el hospital y el orfanato de la casa do gaiato con 150 niños

María José Castro
María José Castro

26.02.2017 
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Hoy estamos contentos porque está lloviendo. Estamos en el tercer año de sequía. La gente lo está pasando realmente mal”. Allí, en un rincón situado en un distrito al sur de Mozambique, en la llamada Casa do Gaiato, convive diariamente con esta realidad la coruñesa María José Castro, voluntaria desde hace casi dos décadas y una de las responsables del equipo de este asentamiento cercano a Maputo, la capital del país.

Enfermera de profesión y cooperante vocacional, en 2000 dejó su vida y su trabajo en un instituto de A Coruña y se asentó en Mozambique, a más de 7.000 kilómetros y en el corazón de un continente que la apasionaba desde su juventud. La desnutrición, el abandono infantil, la difícil situación de la mujer y las carencias derivadas de una economía ­inmersa en la pobreza y en la ­guerra, la llevaron a poner el foco en aquel país “que la enriquece cada día que pasa”.

De la mano de la Fundación Mozambique Sur, la Casa do Gaiato fue creada en 1991 como centro de acogida de niños abandonados, con el fin de asistir en especial a los  huérfanos tras la larga guerra civil que asoló el país (1977-1992). Actualmente acoge a algo más de 150 jóvenes de ambos sexos, ­abandonados o repudiados, o enfermos que intentan combatir la malaria, el sida o el cólera, tres de los principales azotes del país y de todo el continente.  

“A la casa la denominamos una familia para los que no la tienen” señala María José Castro, que apunta que el personal del equipo establece una especie de tutorías de los más mayores, como es el caso de Orlando, que con 19 años lleva 11 viviendo en la casa y ha sido elegido democráticamente como uno de los mayorales o responsables del grupo. Los residentes, una vez que han completado su formación escolar y se encuentran en disposición de valerse por sí mismos, comienzan una nueva vida fuera del centro, aunque en los primeros años siempre hay un  seguimiento personalizado de sus trayectorias.

Galardonada el pasado año con el Premio Isabel Zendal, coruñesa como ella y pionera en la expedición que llevó la vacuna contra la viruela a ultramar, María José es una de las dos españolas (única gallega) que trabajan en la Casa do Gaiato. En estos días se muestra satisfecha porque la sequía parece haber remitido, “para nosotros es un gran problema que nos obliga a traer el agua de unas minas que están aproximadamente a cinco kilómetros. No podemos trabajar el campo. Es la tercera temporada en la que no hay nada en los hórreos”.

Además de su función como centro de acogida, desde 1992, la Casa do Gaiato se enfrenta a una sociedad eminentemente patriarcal en la que la mujer sufre una enorme vulnerabilidad, pues “son educadas básicamente para ser madres y uno de los grandes problemas es la escolarización. Pese al crecimiento que Mozambique ha experimentado en los últimos años, los datos son incontestables: el país tiene 29 millones de habitantes, hay dos millones de menores huérfanos, de los que 600.000 han perdido a sus padres debido al VIH, que afecta al 12 % de la población y mata a unas 39.000 personas al año, según los datos de Onusida.

Mozambique sigue en el furgón de cola del Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Faltan equipamientos. “El tendido eléctrico es antiguo. Habría que sustituir los postes de madera por postes de cemento pero supone un coste muy elevado”.  

¿Las prioridades? No es fácil estructurar el día a día del campamento (https://fundacionmozambiquesur.org/blog). Lo cierto es que con el paso de los años el equipo de María José ha aprendido a convivir y a aprender de este sistema plagado de contrariedades. Y no es un tópico, ni tarea fácil. El coste de mantenimiento del campamento asciende a 800.000 euros al año. El Gobierno mozambiqueño ha mostrado su intención de modernizar la agricultura, pero “la falta de agua, por ejemplo. Estamos intentando hacer una canalización desde el río hasta la granja, pero son cinco kilómetros. Nosotros en los terrenos tampoco podemos producir como antes lo que sería una de nuestras fuentes de renta y los productos de subsistencia. Ahora tenemos que comprar productos que antes obteníamos de nuestras huertas”.   

Para estas actuaciones solidarias en el sur de Mozambique la organización no gubernamental que lleva este nombre (www.fundacionmozambiquesur.org) se constituyó en 2005 por parte de un grupo de profesionales independientes con el objetivo de desarrollar estrategias de sostenibilidad en una zona en la que viven 35.000 personas. Además de la colaboración de distintas entidades, cuentan con el apoyo económico  de ayuntamientos como el de Fuenlabrada, Calahorra o Reinosa. Desde su constitución, la Fundación Mozambique Sur ha conseguido destinar a sus proyectos en este país una suma que supera los dos millones de euros. Más de un millón y medio, el 76 % del total procede de aportaciones de socios o donaciones de particulares.     
“En Galicia hemos tenido proyectos a lo largo de estos años, en 2016 nos asistió la financiación del Fondo Galego de Solidaridade. Esperamos volver a tenerlo”.

“solo me iré de aquí si no le veo sentido a lo que hago” 
Llega a Mozambique en 2000 y opta por     quedarse. ¿ Cuál es el determinante de esta decisión ?

La verdad que desde pequeña tenía inclinación por África. Empecé a viajar por aquí en 1994, conociendo países y la problémática del continente y llegó un momento en que empecé a ver posibilidades para cooperar, venir y poder hacer algo. Los motivos que me llevaron a tomar la decisión fueron totalmente sociales.

Lleva 17 años como voluntaria en la Casa do Gaiato. Los residentes aquí se emancipan en torno a los quince años años si consideran que su educación se lo permite. ¿En qué se basa esta decisión?

Pensamos cómo es la salida de los hijos en cualquier familia, los hay que salen de casa antes y otros tardan más, después son acompañados hasta que se independizan. Depende de su madurez y posibilidades de vida fuera. En líneas generales, cuando terminan lo equivalente ahí a 4º de la ESO, se van a estudiar algún curso profesional o continúan el bachiller, y otros van a la universidad. Esta salida de casa es acompañada (estudios, material escolar, alquiler de casa, alimentación…) hasta que consiguen entrar en el mundo laboral y valerse por ellos mismos. Tenemos 150 internos y el número varía cada año, pero una media de 80 ­continúan a ser acompañados fuera.

 Entiendo que es especialmente difícil el mantenimiento, que asciende a un coste de 800.000 euros al año. ¿Cuáles son sus principales medios económicos? ¿Sus necesidades más imperiosas? ¿Con qué recursos cuentan?

 Es muy difícil mantener la casa. Sí, el presupuesto anual oscila entre los 800.000 y los 900.000 euros actualmente, sobre todo desde que tenemos problemas en el abastecimiento del agua. Los gastos de energía, gas, alimentación, salud, ropas, material escolar, o mantenimiento de las infraestructuras.   El  índice de enfermedad a lo largo del año es pequeño, pueden llegar en estados no satisfactorios de malnutrición, pero con todos nuestros  cuidados intentamos prevenir los problemas habituales de salud. Nuestros medios económicos son a través de donaciones y proyectos que presentamos a diferentes financiadores y son aprobados.
Buscamos también medios de sostenibilidad como carpintería, fábrica de cemento y el campo, aunque esta parte últimamente no ­produce nada.

¿De dónde proceden fundamentalmente las aportaciones? ¿Cómo cala la petición de ayuda, por ejemplo, aquí en Galicia ?

Como decía, de donaciones particulares, o proyectos aprobados por organismos nacionales e internacionales como la Unión Europea, AECID Cooperación Española, Cooperación Portuguesa, diferentes Embajadas, Ayuntamientos, Asociaciones, u ONG. A través de la Fundación Mozambique Sur, que fue creada por un grupo de amigos en el 2005, son nuestros intermediarios para presentarse a convocatorias de proyectos ahí, además de las aportaciones del fondo de socios  (www.fundacionmozambiquesur.org)

En Galicia tenemos y tuvimos proyectos a lo largo de estos años, en el 2016 tuvimos un proyecto financiado por el Fondo Galego y esperamos volver a tenerlo.

Si hubiera que establecer alguna comparación con nuestra vida diaria de aquí...

La matrícula en una escuela comunitaria es al cambio 21 euros. El coste en casa de un niño para desayuno, comida y cena son 3 euros/día/niño.
Llegado este punto, María José, si optara por dejar Mozambique, ¿tendría algún sentimiento de culpabilidad?

Culpabilidad no. Si llega el momento de irme será porque no le vea sentido a lo que hago. Para mi familia fue muy duro encajar mi decisión, pero si es verdad que aquellos que más me conocían mejor lo entendían y cada vez más. Mi vida aquí es muy rica.