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Mauro Trastoy y el fuego como fuerza vivificante

Obra de Mauto Tratoy en Fundación Granell
Obra de Mauto Tratoy en Fundación Granell

FÁTIMA OTERO.   | 03.12.2017 
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Mauro Trastoy denomina "Rojo" a su última muestra en la Fundación Granell, cuando precisamente este color brilla por su ausencia, en un recorrido planteado como en un proceso en cadena. Desde el inicio de una obra de arte hasta su desarrollo y cundo están finalizadas. Todas adquieren entidades diversas por el diseño del montaje.

En apariencia, sólo sutiles toques de este pigmento en forma de bote pictórico o una montaña de hilo son un guiño al título. Sí es significativo este color vital, en cuanto unifica su pasado pictórico impregnado siempre por algún toque en rojo pasión y el nuevo camino emprendido en torno al fulgor del horno. El artista ha sucumbido al poder del fuego. Mauro dibuja con la cerámica para acotar el espacio y porque le interesa la divisoria entre lo no funcional y lo utilitario; es decir, entre el objeto artístico producido por las bellas artes y el objeto de uso cotidiano producido por los oficios. De hecho, se ha llegado a definir como artesanista, una categoría creada por él para desbaratar esa antigua oposición convencional entre arte y artesanía.

Atrás dejó su etapa figurativa en la que nos contó historias, fábulas y cuentos. Cuando su creación adquiría fuerza simbólica en instalaciones tan significativas y potentes como "Rara Avis" en la Iglesia de la Universidad, donde a través de marcadas líneas rojas monumentales o una sugerente gota de sangre manchando el pico de un ave nos une con la etapa actual, al tiempo que tocaba lo divino. En el presente, Mauro maneja las llamas de la fundición en su taller de Sar donde se fraguaron estas piezas que hoy se exhiben ya en vitrina, peana o formato instalación.

La muestra nace de una residencia realizada en la Fundación durante seis meses, condensando sus últimos años de trabajo artístico. Con un montaje en el que vemos el proceso, el inicio y el futuro a través del fuego. Porque el calor de la llama ha hecho aflorar muchas piezas. Algunas nos remiten a Gundivós, otras a diseños contemporáneos de un Tony Cragg ,y las que se avecinan, porque algunas son presentadas como el comienzo de algo por definir.

En los últimos años, el artista emprende un nuevo camino de experimentación en el que ya no hay cabida para dibujar sobre el frío plano digital sino para expandirlo en el aire con nuevos materiales: cuerdas, cartulinas, cartón, tejido, cerámica o cestería con los que crea elementos tan poéticos como sus luminarias, que introducen a su vez conceptos que antes no barajaba y ahora adquieren suma relevancia: el claro-oscuro y la representación lumínica con los que consigue desmaterializar el dibujo, tan importante siempre en toda su trayectoria.

Sus luminarias equivalen a poéticas formas que parecen danzar por el etéreo material en que son concebidas. Paul Klee decía que dibujaba un punto y lo dejaba viajar. Mauro convierte ese punto en un motivo gráfico, un módulo que adopta habitualmente forma triangular dilatada o contraída en su extensión según se le antoje. A veces pende como pañuelo a punto de caer, otras crece en anchura como cálido manto o se repliega formando un cascarón. En esta instalación central también juega con el acabado y la ausencia del non finito, activando una motivación lúdica de un conjunto que valora la levedad y fragilidad de las formas.

Así de sencillo y al mismo tiempo así de complejo, porque sólo una mente privilegiada como la de Trastoy, cargada de imaginación, es capaz de traducir lo que a simple vista semejan formas ordinarias en delicados envoltorios para vestir y hacer soñar una estancia.

El trabajo de Mauro se ha desprendido de todo resquicio pop para valorar hoy el módulo minimalista, conseguido con triangulaciones de alambre u otro tipo de ecuaciones rítmicas que a la vez retienen la antigua memoria de trabajos ancestrales en cestería o piezas de adorno, como la cortina de cuentas de cerámica permeable que sirve como divisoria de espacios.

Los sencillos patrones modulares pueden tornar objetos escultóricos. Es lo que consigue cuando altera la propia percepción del espectador a lo Anish Kapoor. Es el caso de la instalación de fondo de sala en la que a través de un muro negro que engulle las piezas de cerámica que tan solo emergen contundentes como escultura mural, por el proceso de acercamiento del espectador. De lejos parecen dibujos en el espacio. Esquemas que valoran el error, hacen visible la estructura y el esqueleto de unos módulos en una reiteración en la que no deja de investigar y que ya conocimos en anteriores propuestas como en la muestra 1+1+1+ del FAC Peregrina.

Un montaje que echa por tierra las antiguas categorías plásticas, y en ello se deja sentir la atinada sensibilidad de la comisaria, Monse Cea, y su reconocida experiencia en museología planteando un recorrido circular y en la que determinadas instalaciones actúan casi de pantalla arquitectónica.

Las nuevas propuestas de Mauro Trastoy han pasado a valorar la calidez ancestral del horno y ha sentido la llamada de lo sencillo, la revalorización de materiales endebles capaces de transmitir por si solos belleza al margen de cualquier otro tipo de ornamentación superflua. Nos lo mostró en sus cuadros para peinar, realizados tan solo con hilos de cáñamo para que el espectador actuase con ellos y sintiera el material.

Hoy se enfrenta al diseño enfocado a dar soluciones a la colectividad. Tiene nuevo taller en SAR cerámica, del que han salido estos fruteros que se exhiben sobre peana pero que van más allá de lo estético, artístico y funcional, porque están encaminados a mejorar la sociedad. Una función en proceso que mantiene un diálogo con el entorno. Así lo presenta también en estas fechas en la Fundación DIDAC donde, precisamente, esas pruebas de frutero penden del techo. Tal vez encarnando frutas que en su día se alojarán en estas originales piezas que además de útiles producen bienestar y ennoblecen nuestra existencia. Partiendo de que el arte mejora la sociedad, esta muestra es una buena prueba.

CRÍTICA DE ARTE