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¿Sabemos ver el talento?

MÓNICA SEARA  | 27.11.2017 
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Estamos en un momento donde existe una guerra abierta en las empresas por la atracción del talento. El Talent Engagement es todo un reto para las mismas, ya que conseguir una gestión correcta del talento humano desde la atracción, fidelización y desarrollo de las personas no es tarea sencilla.
Además, no debemos olvidar que nos encontramos en la era de la transformación digital, dónde todo se mueve más rápido, lo que obliga a las empresas a innovar y readaptarse a las demandas externas continuamente, pero sin olvidar las internas, ese talento que pide ser escuchado. Las empresas deben encontrar un propósito diferencial y atractivo que conecte con el talento, y gran parte del éxito reside en la coherencia entre la misión de la empresa y la de los empleados, sin olvidar cómo esta se comunica.

Para añadir dificultades a la gestión del talento, el empresario debe diseñar una propuesta de valor que enamore a Millennials y Generación Z, ya que ellos serán el futuro de la empresa, pero sin olvidar el telento ya existente, deben seguir conectando con los Baby Boombers y la Generación X porque realmente son ellos los que tienen todo el know how en el momento presente.

Por todo esto nos encontramos en un momento totalmente singular, conectar cuatro generaciones distintas, con diferentes motivaciones y expectativas, donde todos deben cooperar y colaborar por el bien de la sostenibilidad de la empresa, y además hacerlo a un ritmo vertiginoso, en el que adaptarse ya no es suficiente, sino que se espera más, toca innovar, y ésta es la razón por la que el talento se hace vital. Las estrategias de capital humano están marcando la diferencia y la ventaja competitiva de muchas empresas, ya que las personas a diferencia de la tecnología no pueden copiarse.

Visto lo vital que es para las empresas el talento, y sabiendo el esfuerzo que hacen por la atracción del mismo, después me resulta curioso escuchar a muchos empresarios decir que hay poco talento, o ver cómo personas talentosas al poco tiempo abandonan la compañía porque aquello que le vendieron era humo, y el modelo de gestión que aplican no obedece a cultivar y desarrollar el talento.

Considero que hay mucho talento desperdiciado en este país, porque las empresas no saben mantenerlo, fidelizarlo, cuidarlo. Es como las relaciones personales, ligar es relativamente fácil, pero mantener una relación enriquecedora y constructiva ya es otro tema, y parece que nos sale más a cuenta estar ligando continuamente que creando relaciones de valor, las empresas no escapan a estas sinergias sociales.

También me llama la atención ver cómo las personas realmente talentosas se van de las empresas e incluso del país, prefieren seguir creciendo profesionalmente y personalmente en otros lugares, dónde, además de estar mejor valoradas, les pagan acorde a su mérito, y olvidan las dificultades de vivir en otra cultura y alejadas de los suyos por el ansiado reconocimiento y satisfacción personal. Y seguimos diciendo que aquí no existe el talento, ni nos damos cuenta cómo lo ahuyentamos.

Por todo esto hago una sencilla reflexión, es nuestra responsabilidad saber en qué somos verdaderamente talentosos, no esperemos que la empresa descubra nuestro talento, la coherencia debe darse en ambos bandos.

El talento es algo que se trabaja, puedes ser virtuoso en una disciplina, pero eso no te hace talentoso, debes trabajar, debe apasionarte, y si eso además te permite tener un sustento y aportar valor al resto de la empresa y sociedad entonces eres realmente dichoso. Los japoneses llaman a esto Ikiagi, es como el propósito de vida, la razón de tu existir, y sólo tú lo sabes, la empresa puede ayudarte a descubrirlo o incluso puede mostrarte todo lo que no quieres ni eres. Pero es tu reto personal aunar tu pasión, vocación, profesión y misión, encontrar tu Ikiagi, ya que en ese momento todo te sonríe, es la felicidad de sentirte bien contigo mismo.

Si cada uno de nosotros tuviese claro su Ikiagi la atracción, retención y fidelización del talento sería más sencilla, porque todos estaríamos trabajando con nuestra esencia. Pero esto no sucede, porque aparecen los miedos, el empleador tiene miedo de que uno nuevo le quite su puesto cuando éste es mejor, así que preferimos contratar al alguien más mediocre, aunque no lo reconozcamos explícitamente, y después decimos que no hay talento. Sólo los valientes contratan a personas mejores, y no porque no tengan miedo, sino porque velan por el bien de la compañía y no por su puesto en concreto, saben que el progreso de la empresa es lo que permite seguir creciendo a toda la plantilla.

Los jóvenes candidatos talentosos, o séniors cuando no son reclutados pueden ver su autoestima tambalearse, y hasta pueden perder de vista su Ikiagi, porque encontrar ese puesto en el que te paguen por lo que sabes hacer, que además te apasiona y está conectado con tu vocación y misión no es tarea sencilla. Y las personas, al igual que las empresas, al final podemos perder nuestra alma si el dinero no fluye. Lo que nunca nos paramos a pensar es que el dinero es el resultado de todo lo anterior, de ser fiel a tu propósito, y de no abandonar tu talento por unas monedas o por creer más en los otros que en ti mismo.

Por todo lo anterior, cierro este artículo como he comenzado, ¿sabemos ver el talento?, ¿sabemos ver el talento que llevamos dentro? Y no sólo el nuestro, sino también el de los demás, porque es la única forma de reconocernos y dar comienzo a un nuevo tipo de relaciones en las empresas y con nuestros semejantes. Bienvenidos a la nueva era de los humanos con recursos, todos tenemos algún talento especial, que puesto al servicio de los demás enriquecerá nuestras vidas, empresas y sociedad.