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Xulio Lorenzo: gaita formato XL

X.F.  | 30.04.2017 
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FORMAS DE PROLONGAR LA MEMORIA DE AVELINO
En cuestiones de gaita gallega, soy un absoluto tradicionalista. A mí, quien me gusta, o bien, a quien no he olvidado jamás, a quien tengo muy presente, es a Avelino Cachafeiro. Lo que es lo mismo que decir el alma de los Gaiteiros de Soutelo. Jamás lo vi. Tengo, sin embargo, aquellas famosas grabaciones suyas, que contenían el tremendo Farruquiña, chaman á porta o Estróupele, estróupele. Nadie, jamás, ha sido capaz de superar tanta pureza, tal virtuosismo, tanto corazón inyectado a un instrumento. Le puso, el muy cabrón, las cosas muy difíciles a los gaiteiros del futuro. Tuvo miles de fans. Castelao era, por cierto, el Número Uno. Lo dibujó en su propio fol. La cosa es bien conocida. Sus actuaciones eran multitudinarias. Mi padre me narró un recital suyo, en solitario, en la Praza Maior de Carballiño. Tocaba con el punteiro enfocado al cielo. Arrasaba. Emocionaba a todos. Era el Mick Jagger de la época. Un virtuoso muy mediático. Bien. Luego ha habido otros, naturalmente. Emilio Corral, por ejemplo. Por cierto: el pasado día 15 se cumplían cuatro años de su desaparición. ¿Y después? Luego vino la renovación, sin olvidar jamás dónde está el Norte. Los Faíscas do Xiabre, de Ferreirós y compañía, serían un modelo perfecto. Y luego, y sin pretender ser completista, vinieron los grandes fenómenos: Budiño, y la Pato, y la Seivane, y Núñez. Y Hevia, ahí al lado, en Asturias. Y sin darnos cuenta, comprendimos que la vida seguía. Que aún se palpa raíz de futuro. Dashiell Hammett la llamaría, como a su pájaro maltés, la materia con la que se tejen los sueños. Y ahora le toca el turno a Xulio Lorenzo, que edita este Cantos da ialma. Pletórico, sugerente. Magnífico, en suma. Sigue, como sus mejores colegas, mirando al Norte. Toca una variedad de instruementos, sin descuidar las flautas. Y el resultado, desde Muiñeira de Mós a A illa das bágoas, resulta, simplemente, espectacular. La vida (con magia) sigue, sí señor... XF