El Correo Gallego

Verano

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Boda a prueba de borrascas

El médico Claudio Montiel y la abogada María Sierra contrajeron matrimonio en el Pazo de Raxoi bajo amenaza de lluvia // Tras la ceremonia civil, la pareja se reunió con familiares y amigos en una cena que finalizó con un baile hasta la madrugada

El concejal Ángel Currás oficiando la ceremonia civil en el Pazo de Raxoi ante la mirada de los invitados
El concejal Ángel Currás oficiando la ceremonia civil en el Pazo de Raxoi ante la mirada de los invitados

ANA IGLESIAS • SANTIAGO   | 02.08.2009 
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Visto lo visto, con este baile de nubes y lluvias que últimamente no hay quien se saque de encima, he decidido agarrarme con fuerza a ese dicho popular de que no importa cómo se empieza, sino cómo se acaba, y tocar madera para que el verano se presente en anticiclón permanente. Porque hay qué ver lo que merma psicológicamente comenzar a vacacionear con la gabardina puesta y el paraguas abierto. Menos mal que a veces hay un golpe de suerte y el mes de julio, que a mí me pareció más otoñal que estival, nos dio un respiro en su último día para poder lucir modelito en la boda del doctor Claudio Montiel, reconocido especialista en medicina general y gerontología, y la abogada María Sierra, que hizo una entrada espectacular en el pazo de Raxoi, vestida con un Rosa Clará de líneas muy sencillas y tocado con mantilla de chantilli francés hecha a mano, regalo de su madre, Marisa Rodríguez, guapísima también, por cierto, con un dos piezas de alta costura de cachemir en seda natural color pistacho, en contraste con su tocado malva. Yo he de reconocer que, pendiente como estaba de la amenaza constante de lluvia y de mantener el equilibrio sobre los taconazos, me salté algunos de los modelitos de las invitadas entrando en procesión en la Casa do Concello tras el saludo de rigor al novio, elegantísimo con un chaqué tradicional con chaleco inglés, y haciendo pareja con su hermana María Montiel, vestida con un favorecedor Antonio Pernas en rojo pasión, mientras la familia más cercana iba colocándose en sus correspondientes asientos, y el concejal Ángel Currás. amigo personal de la pareja, se preparaba para oficiar la ceremonia civil. Vamos, que no vi la entrada de todos los invitados, pero sí, por supuestísimo, la de la radiante novia, que hizo su aparición del brazo de Enrique Marfany, ejerciendo de padrino, y acompañada por sus niñas, Carlota y Mariana, requeteguapas con vestidos de corte romántico años veinte de No Sin Valentina, que se encargaron de portar anillos y flores, poniendo la nota más simpática de la ceremonia.

Y si a los novios se les veía relajados y felices, lo cierto es que la familia y los amigos se lo pasaron en grande. No había más que ver la sonrisa complaciente de los padres de Claudio y de su hijo José Luis, de sus hermanos, la doctora Lola Montiel y su marido, el neurólogo Julio Pardo, y el odontólogo Celes Montiel y su mujer Marta, que bien podrían hacer una sana competición de sonrisas con la familia de María, entre ellos sus hermanos, el abogado Mariano Sierra y su mujer, la farmacéutica Patri Suárez; Marcos, al frente de Viajes Sierra, y su esposa, Sisi Seoane, científica del equipo del doctor Casanueva, y José Luis, metido de lleno en el mundo audiovisual. Y es que ya se sabe, a las bodas hay que ir con ganas de pasarlo bien y disfrutar desde la lluvia de pétalos hasta el lunch de madrugada, pasando por el aperitivo, la cena y el baile. Como hicieron Gerardo Conde Roa o Manuel Silva y su mujer, Lara Otero; Nino Couceiro y Elena Escurís; José María Eceiza y Carmen López; Antonio González Espina y Rosa Blanca Iglesias; Antonio Carballal y Charo Barca; Santi Garrido y Susana Sánchez, implicadísimos en la boda, por cierto, echando cuatro manos para que todo saliese bien, o Antonio Carnero y Ana Torres, que una vez más y como es costumbre en ella dio toda una lección de estilo.

Yo he de confesar que me lo pasé en grande de principio a fin, desde que puse un pie en Raxoi, cogí mi abanico y me encontré a Xesús Ron trajeado, hasta que me fui a casa tras el chocolate con churros, después de haber probado las exquisiteces servidas por el restaurante Ruta Jacobea, cantarle el cumpleaños feliz al novio y bailar como una posesa la música que pinchaba Javi Val, mi dj preferido, que es verlo entrar por la puerta y saber que el guateque va a convertirse en todo un momentazo. Especialmente si una ya ha dejado de lado los stilettos y puede mover el esqueleto calzada con bailarinas, detalle de la novia. y que seguro todas las invitadas agradecimos infinitamente. Al menos yo sí.

Y para juerga, por cierto, la de los guapos Santiago Pardo y Juan Ecenarro, a los que yo decidí otorgarles el título ex aequo de Mister Simpatía, merecidísimamente, que se lo pasaron en grande y de los que yo recomiendo no perder de vista.

La verdad es que me quedé con ganas de saludar a otros muchos invitados a los que vi en listado pero con los que no acabé coincidiendo, como Paco Vallejo, los doctores Novás, Fraiz y Suárez Barca; el comandante Francisco Marcilla, el empresario Yago Pérez-Santalla o los abogados Oreiro, Carlos Míguez, Juan Rey, Nicolás Andión o Febrero, entre otros, interesantísimos para compartir sobremesa con café y champagne. Lástima que mi alma discotequera no me dejase salir de la pista.