Martes 17.06.2008
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| Una faena propia de los mejores tiempos de Antonio Ordóñez, Manolete, o Bienvenida. El Juli, justo competidor del gran José Tomás |
La Fiesta está en el ojo del huracán. Es un momento tan delicado que cualquier observador neutral podría afirmar que la Tauromaquia, tal como la conocemos desde tiempos de Pepe Hillo y su amigo Francisco de Goya, corre peligro de muerte. ¿Será posible o no?
Ayer fue una jornada regular, pese a todo. Había nervios, había ganas. Había necesidad, un año después, de ese sustento necesario, de ese maná que son los toros. Las peñas habían discutido y estaban dispuestas a cualquier cosa. El caldo de cultivo las había vuelto recelosas.
A nadie se le escapa que son no sólo momentos difíciles, sino enormemente duros. Hay una corriente de sinrazón que quiere eliminar de la vera faz ibérica (España, como todo el mundo sabe, tiene la forma de una piel de toro) la lidia. Un ejercicio que fue evolucionando desde la antigüedad mediterránea -es decir, de Creta, la del laberinto del Minotauro, de Roma, de Iberia, de la Galia- hasta la puesta en marcha del código establecido por el torero Pepe Hillo, allá, a principios del siglo XIX, y que dio en llamarse, simplemente, Tauromaquia. Hillo pasaría a la historia por crear ese canon indestructible. También, por un par de cosas más. Era amigo íntimo de uno de los toreros de su cuadrilla. Un chico espabilado y valiente que, además de hacer unos naturales de vértigo, tenía, por cierto, aficiones artísticas. Era un aragonés de Fuendetodos que se hacía llamar Francisco de Goya y Lucientes. Él le dedicaría a su maestro, al jefe de su cuadrilla, una serie de grabados justamente famosa. Incluso llegó a retratar su muerte, en la de Madrid. El toro que lo ajustició era de Peñaranda de Bracamonte, y se llamaba Barbudo. Seguramente el primer toro famoso. Esa tarde era la del día 11 de mayo de 1816, y eran las seis de la tarde.
Exactamente un siglo después, a las seis de la tarde del 11 de mayo de 1916, nacía un padronés harto singular: Camilo José Cela. Él mismo se encargaba de recordar esa coincidencia en su autobiografía La Rosa, editada en su día por Destino.
Ayer, el público asistía atónito al espectáculo. Estaba nuestro quimérico presidente Núñez Feijóo. Y estaba Alfonso Rueda. Y estaba Rafael Louzán. Y estaba mi hermosa Corina Porro (que Dios la mantenga siempre tal cual). Y estaba Ana Pastor. Y estaba el hombre del milenio (lo digo por envidia), Fernández Tápias, con Nuria Fernández.
Y digo atónito porque, a pesar de los pesares, la cosa no acabó de funcionar. El Juli, que ya se llevó una oreja aquí el 4 de agosto del 2002, y dos el 5 de agosto de 2001, repitió con dos más. Pero bueno. Digamos que esperábamos mucho más de él, con la temporada aparentemente brillante que lleva. Los otros dos, mejor nos callamos y hablamos de otra cosa. Del tiempo, por ejemplo ¿De acuerdo?

Soy Teo, un gato afortunado en la vida, que siempre ha tenido un hogar, pero que es consciente de que otros muchos animales no han corrido esa suerte.
Reflexiones sin ton ni son sobre la vida real, lo que no es vida real y el resto de mis pensamientos.