Jueves 20.06.2013
| Actualizado 13.05
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Verano
Érase que se era, un joven genio. En Nîmes acabó tomando la alternativa. Lo hacía en la famosa plaza elíptica romana porque no podía, por ley, por una estúpida –como tantas- cuestión de límite de edad. En España no lo dejaban torear tan pronto.
Paris Match le llamó El Mozart de los Ruedos.
El Juli, que es, en resumen, de quien estamos hablando, arrancó pasiones desatadas desde el primer momento de su andadura. Pero pronto comenzaron las envidias, las críticas.
Porque este mundillo es particularmente proclive a ese triste pecado capital. Decía Camilo José Cela que era el deporte nacional. Criticaban al Juli, en el ámbito del toreo, los mismos que criticaban la presencia de las mujeres.
