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Vida Social

20.07.2008

 
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Los hermanos Hernández. Una familia de orfebres y esmaltistas estilo art déco

ROMÁN PADÍN OTERO  | 20.07.2008 
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Sentimos una gran fascinación por los bellos objetos de artes aplicadas en estilo art déco, que decoran las casas, los museos y los escaparates en París. Estas formas estilizadas, desarrolladas mayoritariamente a partir de las exposiciones universales de la década de los años veinte y que tienen en las decoraciones de películas como Sombrero de copa, de Fred Astaire, en las joyas de los Masriera o los cristales de Lalique populares ejemplos, deben ser recordadas, además, por tener en Galicia a unos representantes de excepción, los hermanos Hernández. Su legado de esculturas, joyas, esmaltes y repujados es único, y por fortuna se trata de una saga que en la tercera generación continúa con el trabajo en las artes.

Eloy y Osmundo Hernández Calzada nacieron en Valladolid a finales del siglo XIX, en el seno de una familia con inquietudes artísticas. Una anécdota señala que los niños escucharon una conversación de su madre con una tía en la que, preguntándose las mujeres por la profesión deseada para los pequeños, la madre arguyó que le gustaría que fuesen joyeros.

No hubo de pasar mucho tiempo hasta que los niños entrasen a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad. Rápidamente avanzaron en la profesión dedicándose Eloy de manera más preclara hacia la escultura, y Osmundo, hacia los repujados y el trabajo de joyería aplicada.

Su gusto por recuperar las viejas tradiciones de la joyería y los trabajos en metales de la historia les invitó a estudiar las técnicas del románico, gótico y barroco, para desarrollar un estilo propio de aires déco.

En uno de sus viajes al museo provincial de Burgos pudieron admirar el célebre frontal de Silos, de estilo románico y esmaltado sobre metal. La visión de la pieza les hizo querer aprender la técnica del esmalte y reproducir un día esa preciosa obra. De esa observación de la tradición española se forjó una sólida parte de su cultura estética.

En el año 1917 Osmundo recibió una beca de la Junta de Ampliación de Estudios en el extranjero, para residir en París. Poco después le acompañaría Eloy. La estancia y grand tour europeo de los hermanos fue seminal para su visión de las artes, pues el viaje les abrió los ojos a las nuevas corrientes estéticas y serviría de inicio de una contextualización cosmopolita de su obra, que seguiría inherente en el taller hasta las fechas actuales.

De regreso a Valladolid, pensaron los hermanos en instalarse en una ciudad de gran actividad que les permitiese desarrollar su vocación. En una conversación con el profesor de la Escuela de Comercio de Vigo, Virgilio Garrote, este les sugirió que Vigo estaba floreciente y sería el lugar idóneo para su empresa.

En torno al año 1922 se asientan de manera estable los hernández en la Puerta del Sol de Vigo y comienzan a ejercer de artistas universales en la Galicia moderna al albor del siglo XX.

Producen sus típicas piezas de estilo art déco y en el inicio realizan muchos encargos religiosos, que posteriormente reorientan hacia la joyería de señoras, campo en el que realizan las más bellas piezas que se puedan imaginar, combinando plata, oro, ágatas y piedras talladas en un estilo de camafeo italianizante o fantasía hindú.

Sus obras se muestran en la Exposición de Arte Gallego de 1924 y dos años después, cuando exponen en Filadelfia dentro del marco de una exposición internacional, trasladan su taller a la calle del Príncipe, donde estarían décadas hasta fechas recientes, en que se trasladan a Gran Vía.

Los reconocimientos se suceden y se les otorga el título de Hijos Adoptivos de Vigo, reciben la medalla de plata en la Exposición Nacional de 1932 y dos años después se les nombra Hijos Distinguidos de Valladolid. Exponen en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en Vigo en la Exposición Industrial de Galicia.

En su parcela personal Eloy se casa con Saturnina y del matrimonio nacen Eloy y Julián. En el año 1956, fallece Osmundo, sumiendo a su hermano en una gran tristeza que se compensa con la incorporación de sus hijos en el taller.

En lo sucesivo el trabajo de Julián seguirá las líneas más vanguardistas de su tiempo, accediendo la casa a un cierto cubismo de salón y Eloy se centra más en las cuestiones de gestión.

En la segunda generación, el taller participa en la Exposición Universal de Bruselas del 58, en la Exposición Regional de Arte Gallego y otras citas europeas.

Los representantes de la segunda generación tienen en su faceta privada muchos recuerdos y memorias. Julián, licenciado en Bellas Artes, se casa con la pintora Carmen Rodríguez Rojas, con la que tiene dos hijos. Eva, que también estudia Arte, y Julián, que es músico en el grupo Siniestro Total.

Por su parte, Eloy, que realizó estudios de Ingeniería, entre otras cuestiones académicas, se casó con Felisa y tuvieron dos hijos. Alba y Eloy, este último está casado con Izaskun y tienen un pequeño de pocos meses.

Desde los inicios de esta casa en los años veinte, hasta su nombramiento como Vigueses Distinguidos en 2006, muchos han sido los éxitos y reconocimientos que los Hernández han recibido. Los afortunados somos nosotros, la audiencia, que gozamos de una de las más altas cotas del arte del siglo XX desde Vigo.

La continuación con el pintor Eloy. Las nuevas generaciones

Del matrimonio formado por Eloy Hernández y Felisa Rollan nacieron dos hijos, una chica, Alba, que ha estudiado Psicología en Salamanca, y un chico, Eloy, que se ha licenciado en Bellas Artes, también en la Universidad de Salamanca.

Eloy es el continuador de esta saga de artistas y destaca por tener un talento excepcional para la realización de esmaltes y para la pintura al óleo sobre lienzo. Su sólida formación intelectual le coloca en la postura del creador de actitud pensativa y voluntad de análisis.

Su personalidad serena, su conducta correcta, actitud educada y trayectoria de toda una vida en un refinado ambiente cultural le hacen ser un artista genial en la obra y discretísimo en el trato. Es un digno heredero de la forma de ser comprometida con el trabajo, laboriosa y austera de sus mayores.

Sus propios padres, Eloy y Felisa, son unos encantadores anfitriones que siempre escuchan y atienden al visitante con delicadeza.

Eloy es pintor de paisajes, naturalezas muertas y pequeños detalles evocadores de los cientifismos matéricos de las cámaras de las maravillas dieciochescas. Sus vistas de parajes industriales con gran maestría de la luz, ejecución impecable y minuciosa están en la línea de la escuela de los nuevos realistas españoles. Su estilo naturalista sin manierismos es equivalente en contexto al estilo art déco de sus antepasados en las décadas de los años veinte. Cuenta entre sus obras con pequeños acercamientos, como en ampliación por lentes, a los nudos de las puertas de madera de un viejo caserón o la vista con prismáticos de una lontananza del puerto de Vigo. Estos diálogos ópticos son también herencia de su casa, pues el esmalte firmado por Hernández es minucioso en el acercamiento y de colorismo gestual
al alejarse.

La buena caligrafía de Eloy le permite escribir con la dignidad y respeto al trabajo excelso de sus generaciones anteriores, los más bellos esmaltes que se puedan imaginar y los más interesantes cuadros al óleo. Su obra se ha expuesto en diversas salas de toda España y cuenta entre sus coleccionistas a instituciones como las Caixas gallegas.

Custodias y cuchillos. Seminales del estilo del taller de joyería

A lo largo de los ochenta y cinco años de vida del taller de los hermanos Hernández muchos han sido los premios, reconocimientos y encargos que esta casa de las artes ha recibido.

Entre los primeros trabajos que dieron gran popularidad a los hermanos Hernández se encuentran los cuchillos de plata de la virgen de las Angustias de Valladolid. Los siete cuchillos, que asaetan el corazón de la virgen en una bella talla barroca, fueron solicitados a los hermanos y su buena ejecución, junto a su belleza formal, hizo un nombre del incipiente taller de los entonces jóvenes artesanos.

Para la catedral de Burgos hicieron un proyecto de custodia procesional en el año 1921, que, con forma de arquitectura gótica, estaba cuajado de filigranas, esculturas de pequeño tamaño con perfecta ejecución y pináculos con nervaduras y ajedrezados solo imaginables en tamaño natural.

La obra no pudo ser realizada pero les dio a los Hernández la dignidad de ser nombrados Orfebres Honorarios por el arzobispo de Burgos.

En las obras de temática histórica, el busto de plata repujada titulado Dama de Castilla les valió en la Exposición Internacional de Filadelfia en 1926 la Medalla de Honor.

Y en el campo mitológico una Venus de cobre digna de decorar el Palais de Chaillot parisino figuró en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1936. Otras obras, como platos y frisos representando escenas de las estaciones, el día, la noche o las divinidades griegas, conforman su catálogo.

En décadas sucesivas a las iniciales dedicadas al art déco en el taller, se hicieron singulares producciones de joyería y encargos para la sociedad civil como trofeos y frisos votivos, de sofisticada factura y belleza formal.


 

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