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Recuerdos de Arretén. Una visita al empresario Andrés Quintá Cortiñas

ROMÁN PADÍN OTERO  | 19.10.2008 
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La familia de Andrés Quintá es de la Galicia del Ulla, del Sar. De los ríos por los que llegó a Padrón el apóstol Santiago y con los que se riegan los campos de la comarca. De la Galicia del Pedrón y de la fiesta del Santiaguiño do Monte.

De esa Galicia que crece sobre las bases del culto al trabajo, al esfuerzo y la constancia. Valores para conseguir prosperar en la vida.

Y trabajar es, efectivamente, lo que hizo y hace Andrés en su vida.

En la infancia combinaba ayudar en casa con la escuela y ahora, en la madurez de sus setenta años, combina su apoyo al deporte, al albariño y su afición a la buena mesa con el trabajo. En la actualidad dedica, a menudo, sábados y domingos a trabajar. No es por casualidad que una de sus empresas principales, Extrugasa, emplee a centenas de personas.

Nació Andrés en Iria Flavia, en Arretén, en las cercanías de Padrón, la zona de campo que es especialmente conocida por haber sido el hogar de la poetisa Rosalía de Castro. Allí en la casa familiar, cuidaban sus fincas, tenían jornaleros, se hacían cargo de la granja y el ganado. Recuerda como en ocasiones se levantaban a las cuatro de la mañana para preparar lo necesario para el trabajo, algo quizás no muy diferente a las maratonianas jornadas que lleva adelante Andrés en la actualidad al frente del grupo Quintá, una de las más sólidas corporaciones dentro del sector del acero en Europa.
    Todo en la conversación con Andrés es coherente y redondo como una gran filosofía de la vida. A los catorce años empezó como aprendiz de herrero y su hermano Francisco lo hizo de carpintero. En la actualidad los dos hermanos dirigen sólidos grupos empresariales. Desde su trabajo primero como herrero, aprendió a valorar las creaciones en forja, una afición que conserva en la actualidad siendo coleccionista de objetos de ese tipo.

Otros trabajos se sucedieron y una de las épocas que recuerda con cariño fue su paso por el servicio militar. De esos días guarda con cariño muchas fotografías y la experiencia que aprovechó a fondo de la formación a través de una obligación. En esos años de la convocatoria a filas, desde la casa familiar en Padrón, viajó a Ourense y luego a Madrid.

En la capital sirvió en la Escuela de Automovilismo del Ejército, donde conoció a buenos amigos y aprovechó mucho su estancia al servicio de la patria, pues obtuvo el Diploma de la Escuela y el Premio de 100 pesetas con viaje a su mérito en la dedicación al trabajo, premiando su moral y temple. Valores que le acompañaron siempre. Esta es una parte de su biografía muy importante para él, de la que habla repetidamente como si en su vida hubiese un antes y un después de ese hecho, como ocurrió con muchos hombres de su generación.

De vuelta a Galicia a principios de los años sesenta, tuvo una época como marino y pescaba con un grupo que faenaba cerca de las Azores. De esa época conserva su carné de marino y no pocas anécdotas divertidas.

En el año sesenta y tres se instaló con un taller y, dado el crecimiento de la construcción y la sustitución de la madera por la carpintería de aluminio y hierro, optó por la perfilería de aluminio. A finales de los años sesenta su actividad estaba dedicada a los cerramientos de aluminio con diseños propios, algunos de los cuales aún están hoy en uso. De ese derecho de propiedad industrial y patentes me enseña Andrés, como si del agua para la planta se tratara, los pliegos con los registros de esos diseños, que son los documentos de la memoria industrial.

Después de esos inicios la empresa fue progresivamente ampliándose y en la actualidad no sólo emplea a varias centenas de trabajadores, sino que también de los tres hijos de Andrés, Francisco, Ramona y Javier, dos trabajan en la compañía.

Andrés es además un mecenas del deporte y colabora con clubs de piragüismo, equipos de baloncesto y fútbol, como el femenino de Vilargarcía, Extrugasa Cortegada y otras muchas agrupaciones dedicadas al deporte.

Entre sus intereses está también el de la gastronomía y la cultura del vino. Comenta lo mucho que le gusta cuando viaja a visitar algunas de sus empresas colaboradoras o delegaciones, pararse en buenos restaurantes y tomar buenos vinos. Entre todos ellos le gusta especialmente el albariño, un vino que para él representa la nueva cultura gastronómica de la Galicia de hoy.

Ve en el albariño no sólo un interesante producto para el consumo interno, sino que lo percibe también como una ventana de Galicia hacia el exterior.

Sus relaciones con el exterior son importantes, tanto desde el punto de vista empresarial como humano. Le interesan los negocios con Venezuela, país del que recibió visitas oficiales en diversas ocasiones. Y le interesan no sólo por la naturaleza de potencial rentabilidad de las inversiones en ese país, sino por las relaciones de hermanamiento con ese país que en otra época acogió a tantos gallegos. Son los pensamientos y recuerdos desde la experiencia de una vida vivida con la quinta marcha.

 

Balbina Cardama Cajaraville conoció a Rosalía de Castro

Aunque es muy reservado, cuenta Andrés pequeños recuerdos de cómo su padre Jesús y su madre Balbina le compraban la ropa en la praza do Toural y lo bien que lo pasaban visitando las fiestas de la Ascensión. Viajaban a Santiago tomando El Celta en Iria Flavia y llegaban a la feria de caballos.

Habla con mucho cariño de su abuela, que se llamaba Balbina y fue entrevistada en los años cincuenta, a los noventa y cuatro años de edad para un conocido periódico gallego.

En la efigie que se hacía de la anciana y en el modo en que la recuerda su nieto Andrés hay varias cosas sobresalientes. Una fue su longevidad. Otra, el detalle de que pasaba en su edad avanzada la parte más fría del año encamada y sólo se levantaba cuando las estaciones eran de temperatura más templada.

Además eran muy singulares su memoria y claridad de cabeza aún cuando ya tenía muchos años. En su casa, en el centro de Arretén, recordaba para aquellos periodistas de hace cincuenta años su conocimiento personal de Rosalía de Castro.

Relataba Balbina cómo se saludaba con cotidianeidad con la poetisa al encontrarse con ella caminando cerca de la Casa Grande.

Recuerda en la entrevista cómo la escritora tenía un trato muy deferente con todo el mundo, a pesar de que, según explicaba Balbina, su mundo era el de los señores, con quienes se trataba más. En lo físico describía a la poetisa como fuerte, con mucha más presencia que Murguía. Y en lo relativo al trato que tenía la escritora con las personas a su servicio, hacía hincapié la anciana en que siempre les daba a los que trabajaban en la casa “algún lote de alimentos”.

En la entrevista se menciona cómo al acabar la visita, Balbina recitó sin el menor anacoluto varias poesías. Al ser preguntada, en fin, si en su época de juventud se leían los versos de Rosalía, la abuela explicó que pocos eran los que habían recibido estudios, sí los señores, pero no el pueblo. Y reflexionaba, ¡si fuera como ahora sería una maravilla!

Todos estos recuerdos se trufan en la conversación de Andrés con sus propios años de estudio y la, para él, inquietante situación actual de la juventud.

Desde el cuaderno de infancia a inversiones y desarrollo industrial

De su época de escuela guarda Andrés un recuerdo entrañable. El cuaderno de notas en el que iba anotando con letra de péndola todas las tareas que se le encomendaban. En el cuaderno hay notas sobre literatura, religión, historia, matemáticas, geografía. Los volcanes, un problema de cálculo, las razas humanas, los tipos de creencias son por medio de pequeñas definiciones las materias que se suceden en la libreta con fecha en el año 1953.

Es importante mencionar este cuaderno de definiciones, pues explica Andrés como, en su infancia, con aquello poco que había aprendían mucho y ordenaban bien la cabeza de los niños estudiantes.

No sin orgullo pasa Andrés de enseñar esa libreta a mostrar fotos de una de las actividades que le resultan especialmente atractivas en la actualidad. Con tecnología propia de su equipo de ingenieros y recibiendo nula ayuda institucional, ha desarrollado una batea sumergible para la explotación de bivalvos, octópodos y pescados.

La batea en metal sirve a un fin semejante al de las mejilloneras tradicionales desarrolladas por el señor de Rubianes hace un siglo, pero avanza sobre aquellos descubrimientos en sistemas de conservación, flotación y aspecto físico.

A través de Extrumar, una de sus empresas, ha realizado el diseño y construcción del modelo que ha sido reconocido por galardones diversos, como el Premio Galicia a la Innovación Empresarial del año 2006.

El vivero sumergible dispone de un sistema de control remoto vía satélite con posicionamiento GPS, que permite desde un teléfono móvil o una PDA ajustar la profundidad óptima de la batea para maximizar su efectividad. Un lazo de Moebius desde la “libreta da escola” a la I+D+i, toda una vida de trabajo.