Jueves 25.09.2008
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El día seis de Noviembre nuestra ciudad de Santiago, siempre acogedora y hospitalaria, y por extensión toda nuestra Archidiócesis renovará su identidad acogiendo a un peregrino muy especial, el Papa Benedicto XVI, que acude al encuentro con el Apóstol Santiago el Mayor. Peregrino de todos los caminos del mundo llega a Santiago como tantos otros miles de personas en este Año Santo y como lo han hecho desde toda Europa y el mundo entero, hace más de diez siglos. Quiere hacerlo respondiendo a un deseo personal e íntimo, para compartir con todos nosotros la fe en el Evangelio. A los pies del Apóstol desde su ancianidad y sabiduría, desde su finura espiritual y hondura intelectual, quiere respirar con nosotros la vitalidad de nuestra Iglesia Local de Santiago, con vocación de anfitriona. Sabe que la meta del Camino de Santiago, ansiada por muchos peregrinos como encuentro con el Señor de la mano del "Amigo del Señor", es además punto de partida, pues los que de verdad se encuentran con el que es la Vida, Jesucristo, empiezan a encontrar también su propio camino.
Desde la Ciudad Eterna este peregrino deja por unos momentos toda su tarea y entrega diarias para mezclarse con vidas llenas de esperanza en esta Ciudad, llamada en otro tiempo "Jerusalén de Occidente". Es verdad que su condición le impide hacerlo de un modo más indistinguible, como en cambio podemos hacerlo cualquiera de nosotros. Pero desde el inicio de su elección en la Iglesia, como sucesor de Pedro, a este peregrino se le reconocen bien las huellas que van dejando sus pies: las pisadas de un hombre "humilde trabajador en la Viña del Señor", que vive su misión como servicio a los más débiles, y que entiende la verdad como consecuencia de la auténtica caridad: "Lo que hicisteis a uno de los más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40).
Paradójicamente, su Pontificado en la Iglesia Universal le ofrece ahora la oportunidad, en las actuales circunstancias de su vida, de llegar hasta Santiago como Papa peregrino. En expresión coloquial podíamos decir que "Pedro, el de Roma, ha venido a abrazar a su hermano Santiago, el de Compostela".
Nuestra ciudad de Santiago es eco y memoria de un universo lleno de significado y esperanza. Con el devenir de los siglos esta ciudad se ha convertido en cierto modo en portavoz de los valores de nuestra cultura europea. Valores apuntalados en la ciencia y en la cultura, por el mensaje del Evangelio. La situación de crisis económica que estamos sufriendo es sin duda consecuencia de una crisis social de más amplio calado: crisis de los auténticos valores éticos y morales. Todos nosotros necesitamos no sólo medios económicos, sino también energías y motivación, y sobre todo, metas para reconstruir nuestra esperanza, para poder recrear otra sociedad. Incluso tendríamos fuerzas para afrontar estos momentos difíciles si descubriéramos el sentido de nuestra situación. También los peregrinos aun cuando se sienten a veces desalentados y no divisan la meta se valen de las estrellas que por el camino les guían. El día seis el Papa Benedicto XVI nos ofrecerá la luz que como peregrinos buscamos en la noche del vacío y de la desorientación. Es una luz que no deslumbra, sino que ilumina y pone en marcha las energías de tantos hombres y mujeres que con él, se esfuerzan con su trabajo y entusiasmo, con su sufrimiento y alegría, en ser un mensaje de esperanza para otros muchos. Desde que supimos que vendría, le hemos acompañado de manera especial con nuestra oración, ahora engalanemos nuestra ciudad y manifestemos nuestros mejores sentimientos para acogerle entre nosotros. Al ofrecerle nuestra cálida y filial bienvenida estaremos trasluciendo lo mejor que hay en nosotros mismos, pidiendo por mediación del Apóstol Santiago que "desde aquí siga resonando la esperanza".
JULIÁN BARRIO BARRIO, ARZOBISPO DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

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