Martes 17.02.2009
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| LA SALLE se trajo a Santiago a 270 escolares tan desatados como emocionados al llegar al Obradoiro FOTO: R. Quinteiro |
La emoción de llegar a Compostela quedó ayer a la vista de todo el que se acercó al Obradoiro, plaza tomada por una invasión de camisas verdes -270 estudiantes- procedentes de las distintas sedes que el colegio La Salle tiene en Madrid, Canarias, Extremadura o La Mancha.
Los chicos, de edades comprendidas entre los 14 a 17 años, irrumpieron en llantos de emoción, una vez alcanzada la antesala de la Catedral, y en atronadores aplausos a cada vistazo a la fachada barroca de la basílica compostelana.
Vestida ya con sus mejores galas para la quema de la fachada gótica (la noche de los fuegos promete ser la más espectacular de las últimas ediciones), del Obradoiro se compadecían ayer, no obstante, algunos peregrinos que mascullaban, -sin lograr pasar desapercibidos sus comentarios- que "hay que cuidar más esta plaza, esta ciudad y esta imagen".
No se estaban refiriendo a la falta de pulcritud, pues, dicho sea de paso, el Obradoiro sigue luciendo como los chorros del oro, sino al descontrol de la multitud que se congrega estos días en la plaza, por mucha presencia policial que se despliegue en una zona monumental que, quizás, no esté siendo del todo respetada.
Otros peregrinos, aludiendo a las obras que rodean la ciudad, también comentaban que la entrada y salida de Compostela quedaba marcada ya no por las famosas flechas amarillas, sino por los andamios.
No es el caso de Diego Olivar, de 23 años, estudiante de Filosofía llegado de Chiapas, quien, emocionado con la ciudad, confesaba que lo más importante para él es "hacer el Camino al igual que lo han hecho tantos otros peregrinos durante siglos". Tampoco es la sensación que se han llevado Katherina y Sebastián, polacos de origen, que eligieron la Ruta Jacobea para su luna de miel. O de las hospitaleras navarras Marisa y Amparo, que voluntariamente trabajan prestando ánimos y cuidados a los peregrinos llegados al Convento Hogar de Espiritualidad de San Francisco, cuyo rector, Francisco Castro, recibe diariamente a un promedio de 50 fatigadas personas.
local@elcorreogallego.es
Los padres de S.J. Ruiz, fallecido a los 21 años con otros 195 jóvenes en la discoteca bonaerense 'Cromañón', en 2002, están en Santiago para pedir "por las almas de todos los pibes" a la vez que para denunciar en este periódico que los servicios de Urgencia no funcionaron aquella noche. Los dueños del local, cuyas puertas permancieron cerradas, están en libertad. No respondieron por su negligencia, a la espera de las apelaciones.
