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Sting, el aguijón musical

“Mi nombre real es Sting”, dijo en 1983 a Interview Magazine. “El nombre que me dieron cuando nací fue Gordon Matthew Sumner, pero no tuve elección en ese asunto. Sí tuve elección con Sting, por lo que creo que mi nombre real es Sting”. El músico británico nació el dos de octubre de 1951 en Newcastle, ciudad del noreste de Inglaterra.

“Me crie en una calle de casas adosadas y al final de la calle había un astillero donde construían petroleros. Y todos los años construían un barco y al final de la calle estaban estas enormes proas de barco”, dijo a Interview. “Siempre recordaré eso como una imagen principal en mi mente. El barco se iba y construían uno nuevo”.

Su madre Audrey era peluquera y su padre, lechero; Sting era el mayor de cuatro hermanos. “Como mis hermanos eran más pequeños, yo intentaba protegerlos de lo que sabía y eso supuso un poco de tensión para mí. Básicamente era el guardián de los secretos”, contó a The Guardian.

El de sus padres no era un matrimonio feliz y en sus memorias, publicadas hace dos décadas, escribió que su madre mantuvo una relación con un compañero de trabajo de su padre. “Es posible que hubiese intentado terminar esta relación clandestina con Alan, pero sus necesidades emocionales y su vínculo romántico con él habrían sido demasiado fuertes”, relató. “Había encontrado al amor de su vida y se dividiría trágicamente entre esto y los lazos con su familia hasta que murió”.

En 2009 dijo a Esquire que había tenido una infancia complicada, pero que no querría cambiarla. “La infancia me hizo quien soy y estoy bastante feliz con quien soy. Sin mi infancia, hubiera pasado otra cosa”. El cantante acudía a un colegio católico y disfrutaba de la música desde pequeño. “Creo que el plano de mi vida se debió a The Beatles, ya que venían de una ciudad industrial del norte y escribieron su propia música y conquistaron el mundo con ella”, aseveró.

LA PICADURA DE STING. Para eludir un futuro en los astilleros, Sting pensaba en convertirse en músico. “Pensé que era una manera honorable de ganarse la vida, pagar el alquiler y poner comida en la mesa”, dijo a The Guardian. Sin embargo, tras una breve estancia en la Universidad de Warwick y algunos trabajos asistió al Nothern Counties Teachers Training College y se formó como profesor. Sting tocaba en clubes locales, especialmente con bandas de Jazz. Fue durante esta época cuando adoptó el sobrenombre de Sting, que significa aguijón, picar, picadura y timo en lenguaje coloquial, después de que lo bautizase así un compañero músico en referencia al jersey de rayas negras y amarillas que llevaba en ocasiones sobre el escenario. “Esa es una de las razones por las que me llamo Sting”, dijo a Interview, “si defines lo que es Sting, el nombre encaja conmigo. Sting (picadura) es un poco de dolor, es una estafa, es la parte trasera de una avispa”.

En 1977, se mudó a Londres y convirtió los bolos que llevaba años haciendo en una apuesta definitiva. Ya en la capital inglesa conoció a Stewart Copeland, baterista, y junto al guitarrista Andy Summers formaron The Police. Un año después lanzaron su primer disco llamado Outlandos d’Amour, que contenía los éxitos Roxanne, So Lonely y Can’t Stand Losing you.

Un año después vio la luz Regatta de Blanc; en 1980, Zenyattà Mondatta, al que seguiría en 1981 Ghost in the Machine. Su último disco fue Synchronicity, de 1983. Al año siguiente, la banda puso punto final a su carrera conjunta y Sting inicio una exitosa carrera en solitario. En 2008, sin embargo, los integrantes volvieron a juntarse para una gira conjunta que sus fans recibieron con entusiasmo.

El mismo año que Sting rompió con su banda, también lo hizo con su primera mujer, la actriz Frances Tometly, con quien tuvo dos hijos, Joseph y Fuchsia Katherine Sumner. La razón fue que se enamoró de su vecina Trudie Styler.

Styler y Sting pasaron por el altar en 1992 y siguen juntos desde entonces. De esta unión nacieron cuatro hijos más: Eliot Paulina, Jake, Mickey y Giacomo. “Pensaba que cuando mis hijos cumpliesen los 21 ya estaría, ¿sabes?”, dijo a Esquire, “Que se irían, que no tendríamos que preocuparnos por ellos más. Pero tengo un hijo de 33 años y todavía me preocupo por él como si fuese un niño pequeño”.

En 1985 presentó su primer trabajo en solitario, llamado The Dream of The Blue Turtles. A este disco de estudio le siguieron otra quincena más como Then Summoner’s Tales, de 1993; Dolphins, en 2003; Symphonicities, de 2010, y el último hasta la fecha, Duets, en el que recopila diferentes colaboraciones que hizo a lo largo de su carrera y que vio la luz la pasada primavera.

El músico, que también hizo sus pinitos en el cine durante los ochenta y los noventa con películas como Quadrophenia o Dune, ha ganado 17 Grammys, incluyendo los que recibió como integrante de The Police, y ha estado nominado 45 veces.

Al margen de su trabajo en los escenarios, el músico británico también ha sido reconocido por su faceta filantrópica. Por ejemplo, es cofundador, junto a su mujer, del Rainforest Fund, para proteger los bosques alrededor del mundo y los indígenas que viven en ellos.

En definitiva, un músico clave, capaz de vender lo nuevo y revender lo antiguo, ya sean sus discos en solitario o todos los lanzamientos con esos otros lazos y envoltorios que ponen cada dos por tres a los discos de The Police, el grupo que se consagró como toda una marca generacional para los jóvenes de los ochenta. Tan sólo cinco títulos -desde Outlands d’amour hasta Synchronicity- les convirtieron en leyenda y en una auténtica marea que a su manera dio un revolcón a la industria pop en su época de vacas gordas, y que además, artísticamente, sigue marcando pauta hasta hoy, con ese mestizaje que entroncaba con el punk, la frescura del reggae y la búsqueda de un sonido moderno que a partir de sus logros fue decayendo en algo mucho más sucio.

23 oct 2022 / 01:00
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