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Abuín evita el vídeo de Diana Quer en el pozo

Sólo el tribunal, el juez y las partes vieron, horrorizados, cómo sacaban el cadáver, lastrado boca abajo, sin cabeza ni manos // Él cerró los ojos

Abuín cierra los ojos - FOTO: Suso Souto
Abuín cierra los ojos - FOTO: Suso Souto

SUSO SOUTO SANTIAGO  | 16.11.2019 
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La cuarta sesión del juicio al rianxeiro José Enrique Abuín Gey El Chicle (acusado de raptar, violar y asesinar a la joven madrileña Diana Quer) fue la más dura. Ayer se proyectaron las estremecedoras imágenes del levantamiento del cadáver, que sólo pudieron ver el juez, las partes y los nueve miembros del jurado popular. Primero, la grabación del cuerpo dentro del pozo en el que lo ocultó el acusado en una nave de la parroquia de Asados (Rianxo), lastrado boca abajo; luego, la de la extracción de la cabeza y las manos, que se habían soltado durante el reflotamiento.

Abuín giró la cara y cerró los ojos para no verlas en el monitor que tiene en su mesa. Su letrada, Fernanda Álvarez, resoplaba con estupor. El presidente del tribunal, Ángel Pantín, se tapaba la boca horrorizado. Valeria, la hermana de la víctima, se refugió llorando en el hombro de su padre, Juan Carlos Quer. La fiscal, Cristina Margalet, exclamó "¡Basta, basta!" para que se detuviera la proyección cuando ya no era necesario continuar viéndola.

Fue el propio buzo que sacó el cadáver el 31 de diciembre de 2017 quien relató paso a paso cómo se llevó a cabo la actuación. Explicó que primero se introdujo una cámara para ver qué había dentro y que luego se sumergió él, boca abajo. "El cuerpo estaba completo, suspendido a unos 50 centímetros del fondo. Tenía una vuelta de cable por la cintura y pasada por las axilas. Pedí permiso para cortar el cable al que estaba lastrado para poder reflotarlo, sujetándolo para que no subiese de golpe debido a la flotabilidad positiva. Lo ascendí unos cinco metros y lo pasé a mi compañero, que desde arriba tiró de él", relató.

Fue entonces cuando se percataron de que se habían desprendido la cabeza y las manos, por lo que fue necesaria una segunda inmersión para recogerlas.

La defensa se interesó por saber si durante dichas tareas se pudieron remover las aguas y, en consecuencia, si se pudieron ver modificados los elementos hallados. En concreto, las personas que participaron en la recuperación del cuerpo no vieron la brida enredada en el pelo de la víctima hasta que estaba fuera.

Al respecto, la acusación particular considera que la brida fue la empleada para estrangular a Diana, mientras que la defensa plantea que podría haberse encontrado previamente en el interior del pozo y haber entrado en contacto con la cabeza después.

En todo caso, ambos buzos han garantizado que su actuación no modificó las condiciones del entorno más allá de la propia pérdida de presión al rescatar el cuerpo, que provocó que se desmembrara parcialmente.

En la sesión se mostraron también la grabación del momento en el que el perro Elton, de la unidad canina la Guardia Civil, marcó la tapa del pozo de 1,35 metros de diámetro en el que estuvo oculto el cuerpo durante casi quinientos días, hasta que el enjuiciado, tras ser detenido, confesó el 31 de diciembre de 2017 que lo había metido allí.

Expertos de esa unidad, que se dedican a la localización de restos biológicos con canes adiestrados, ya habían participado en rastreos con anterioridad en la zona rianxeira de Asados.

Dos agentes de la Policía Local de Rianxo relataron que el 31 de julio de 2016, tres semanas antes de la muerte de Diana, realizaron una inspección de la mencionada nave abandonada ante las quejas de los vecinos del lugar, que indicaban que estaba "totalmente abierta" y que habían visto a niños jugando en las inmediaciones, lo que "suponía un peligro".

Dentro había tal cantidad de escombros, maderas, cristales, etc. "que apenas podíamos pasar". El 8 de agosto, el Concello de Rianxo requirió a la empresa propietaria de las instalaciones para que la limpiara y la cerrara.

El 22 de septiembre de ese año, la compañía confirmó que contaba con un proyecto para ello, por lo que las labores de vaciado y limpiado, así como de tapiada, se realizaron cuando el cadáver de Diana Quer se encontraba ya en el interior del citado pozo.

También declaró ayer el agente que realizó el 16 de febrero de 2017 el informe sobre las cámaras de la autovía del Barbanza y de la gasolinera de acceso a la misma por A Pobra. Tras cotejar imágenes, empezaron a buscar vehículos que entrasen al corredor por ese punto a la misma hora en la que la triangulación del móvil de Diana coincidía en ese itinerario hasta Taragoña.

Inicialmente se identificó a seis coches, entre ellos el Alfa Romeo de El Chicle. Además, una empresa especializada analizó las imágenes basándose en las características de los faros, para concluir que los del vehículo que accedía en el punto kilométrico 34,300 por A Pobra Sur a las 02.53 horas del 22 de agosto de 2016 eran compatibles con ese modelo (Alfa Romeo 166).

"Las características del coche coinciden plenamente", explicó. También testificó que se pudo deducir a qué velocidad se desplazó para cruzar el viaducto a las 02.59 y tomar la salida 17 a las 03.04. Estiman que iba a 140 kilómetros por hora. Una velocidad, por cierto, "muy elevada, en comparación con la de los demás vehículos", comentó al hilo.

En cuanto a este asunto, Fernanda Álvarez preguntó si el tipo de faros en que se basó el análisis de los expertos es "exclusivo y excluyente" de dicho modelo. "No lo sé", respondió.

Por su parte, el agente que actuó como enlace entre la UCO y la familia de la víctima desde el día de la desaparición de Diana hasta el de la localización de su cuerpo recordó que el mensaje enviado por la joven a un amigo en el que le decía que se estaba "acojonando" porque "un gitano" la llamaba y le decía "morena ven aquí" ya les alertó de que podía haber pasado algo serio.

Por su parte, la letrada de la defensa destacó que en paralelo a ese último mensaje, Diana estaba manteniendo otra conversación "totalmente trivial" con otra persona (Faustino Cabrera) "con total normalidad".

A 60 METROS DE LA NAVE. A preguntas de la acusación, constató que, con independencia de la confesión de Abuín, habrían inspeccionado la nave. Contó que , a partir de agosto de 2017, "la búsqueda se centró en la zona alta de Asados" y ya en noviembre en los alrededores de la nave abandonada. "La búsqueda era tan minuciosa, que se llegó a encontrar, semienterrado, algún paquete de cocaína", ha dicho el testigo, que ha explicado que, cuando fue detenido El Chicle, la búsqueda se realizaba "a sólo sesenta metros de distancia de la nave".

El 30 de diciembre, tras su arresto, las diferentes versiones que fue dando movilizaron a los guías caninos a distintos puntos de la zona. En primer lugar, rastrearon una calle del centro de A Pobra donde "dijeron que podría haberse producido un atropello violento", para desplazarse luego a buscar un "posible enterramiento" en un descampado de un polígono del Barbanza. Finalmente, se desplazaron al puerto de Taragoña antes de que la última declaración los llevase a la nave abandonada de Asados.

El perro que ese día marcó, tras indicarlo El Chicle, la tapa del pozo, había registrado también en diciembre del año anterior su vehículo, donde "encontró un marcaje en el asiento trasero".