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Sello orosano en una nueva orquesta juvenil europea

Petre Abraham, vecino de Oroso, es uno de los setenta músicos adolescentes que integran la primera generación de la Concertgebouw, que debuta en Ámsterdam y Bruselas // Toca el violín y ya ganó varios premios internacionales

Pablo Heras-Casado dirigiendo a los 73 jóvenes europeos que este fin de semana ofrecen sus habilidades
musicales en Ámsterdam y Bruselas - FOTO: Imane Rachidi
Pablo Heras-Casado dirigiendo a los 73 jóvenes europeos que este fin de semana ofrecen sus habilidades musicales en Ámsterdam y Bruselas - FOTO: Imane Rachidi

IMANE RACHIDI  | 25.08.2019 
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Más de setenta músicos europeos adolescentes, incluidos diecisiete españoles -entre ellos Petre Abraham Smeu, un joven vecino de Oroso de 17 años-, componen la primera generación de la Orquesta del Concertgebouw Joven, que está debutando este fin de semana en Ámsterdam y Bruselas de la mano del director español Pablo Heras-Casado, antes de regresar a casa después de tres semanas de aprendizajes. La madre del joven orosano (aunque nacido en Santiago) es violinista y profesora instrumentista. Su padre es director de escena.

Jóvenes de entre 14 y 17 años, que reflejan la diversidad europea portando una de las veintisiete nacionalidades participantes, han logrado hueco en la primera edición de este prestigioso proyecto, RCO Young, que no sólo va de música, sino también de aprendizaje de valores sociales, humanos, democráticos y de igualdad de derechos.

Ellos saben dónde están desde hace un año, cuando fueron seleccionados para este "proyecto de formación tan importante", tal y como subraya Heras-Casado (Granada 1977), que habla con pasión y admiración por sus "alumnos", procedentes de lugares remotos de Europa, pequeños pueblos de Serbia, Lituania, Polonia, Finlandia, España o Reino Unido.

Este programa está destinado a músicos que, por proceder de entornos menos favorecidos, están desatendidos o "subrepresentados" en el campo orquestal clásico de Europa, y por ello pueden no alcanzar el mundo de la música tan fácilmente como, por ejemplo, un estudiante de un conservatorio.

También destaca que los españoles son mayoría en esta orquesta juvenil y celebra el "viaje emocional de llegar a sentarse todos juntos y formar una orquesta desde la nada, hasta alcanzar el Concertgebouw, uno de los templos de la música clásica, para sacar toda esa energía que han ido acumulando".

Estos chavales y chavalas no se conocían, y muchos ni siquiera hablan inglés, pero han sido capaces de "formar una familia de la nada".

Los lazos de sangre, según explica, se sustituyen por la voluntad y la "pasión de querer entenderse" y compensan las dificultades "con la pasión, la voluntad (...) el amor por lo que se hace, y la responsabilidad individual para integrarse en el conjunto", añade al respecto.

Ha sido como un campamento de verano, pero no uno cualquiera: se han reunido los 73 adolescentes en la ciudad de Ede, en el centro de Holanda, y durante ese tiempo han estado recibiendo lecciones diarias de todo tipo de prestigiosos profesionales de la música. Esta disciplina artística, desde siempre, ha "aunado en momentos de euforia o de crisis, en cualquier sociedad, ya sea una tribu o un país entero", dice el director español, que recuerda que los valores musicales "van mucho más allá de las ideas concretas sobre aspectos de la vida diaria", y que pueden ser además un elemento de comunicación "más libre" en ciertos países o sociedades.

"En los colegios o institutos, cuando tocas un instrumento clásico, se te ve como el diferente. Aquí, muchos piensan que por fin están con gente que es como ellos", explica Lili Schutte, jefa del departamento educativo del Concertgebouw.

Tanto Schutte como Heras-Casado resaltan el desarrollo personal que han experimentado estos chicos y chicas. Una de las actividades que hicieron consistió en dividirse en dos grupos: uno "estaba" en una isla privilegiada, donde tenía apoyo del gobernante y siempre ganaba, y otro en una donde se sufría la corrupción policial y sus miembros siempre perdían a pesar de trabajar en colaboración y de esforzarse de la misma manera.

"A veces vives en una parte de la sociedad donde hay más posibilidades y otras en una en la que no hay tantas, y aunque esto no sea tu culpa, el impacto sobre tu futuro y tus posibilidades es muy grande, tanto en una perspectiva mundial como personal, y deben entenderlo. Actividades como esta les ayudan a abrir los ojos", añade Schutte.

El gallego Petre Abraham Smeu, de 17 años y vecino de la urbanización Porto Avieira en Oroso, confirma el aprendizaje personal que ha vivido estas semanas. "Al principio nos sentimos un poco distantes, pero al cabo de los días nos fuimos haciendo una familia, y ahora hacemos música como uno, que es lo importante a la hora de tocar", relata este joven que toca el violín y que con su virtuosismo ya ganó varios premios internacionales.

Desde 2015 pertenece a la orquesta joven de la Sinfónica de Galicia e incluso llegó a tocar como solista con la Real Filarmonía.

 


ANDREA BUDADU. Su compañera Andrea Budau, que tiene solo 14 años, es de la localidad de Lleida, y es la más joven del equipo. "Ha sido una experiencia muy bonita y no la voy a olvidar nunca. He aprendido muchas cosas, me lo he pasado bien, y he hecho música junto a los demás. Pablo ha sido un director estupendo. Ha sido muy familiar y nos ha transmitido toda su vocación por la música", añade con entusiasmo, detrás de su oboe.

Ellos han experimentado la tensión real que vive un músico ante su público: han ofrecido actuaciones gratuitas en Ámsterdam, como en el Teatro Vondelpark, y este fin de semana está siendo su momento cumbre, con una ante una sala llena en la prestigiosa Concertgebouw, algo que también repetirán en la sala Flagey de Bruselas.

El programa incluye el Concierto para violín de Felix Mendelssohn, con Julian Rachlin como solista; la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, e incluso un estreno mundial, de Idyllium, una nueva pieza del compositor alemán Detlev Glanert.

 


EMBAJADORES. La idea es formar una orquesta europea joven cada año, con alumnos que luego serán los embajadores de la música en sus regiones, y se permite que maestros, directores de formaciones locales, bandas escolares y otros profesionales puedan nominar a sus alumnos o a otros para una audición. "Ninguno va a volver a su casa como cuando salió. Ya no sólo musicalmente, sino a nivel personal, y eso también se lo van a transmitir a sus lugares de origen: se trata de que sean misioneros de la música y de esta forma de comunicarnos", concluye Heras-Casado.