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Manquiña viajó con Ruiz a bordo de una de las carrilanas dorneiras

Miles de personas abarrotaron el centro de Ribeira el domingo para asistir al Jran Prix // Fueron 36 los alocados vehículos que bajaron la Costa da Mámoa // El popular actor gallego y el alcalde se subieron al de la peña 'Boi de putas' // Ganó el avión de 'Os pintos joden quintos'

Ruiz, delante en el centro, y Manquiña, a la dcha., en la carrilana de Boi de putas - FOTO: Suso Souto
Ruiz, delante en el centro, y Manquiña, a la dcha., en la carrilana de Boi de putas - FOTO: Suso Souto

SUSO SOUTO  | 23.07.2019 
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El popular actor gallego Manuel Manquiña no quiso conformarse el domingo con animar por megafonía el Jran Prix de Carrilanas de la Festa da Dorna de Ribeira y, al final, se subió junto al alcalde, Manuel Ruiz, a la plataforma rodada de la peña Boi de putas (dedicada a la desmantelada terminal de autobuses), que cerró el divertido desfile por la pronunciada Costa da Mámoa.

En total participaron 36 vehículos que competían por ganarse la simpatía de las miles de personas que abarrotaron el centro de la ciudad para contemplar la bajada. Ante sus ojos fueron pasando a toda velocidad desde la niña del exorcista en una cama hasta un tanque pilotado por un peñeiro con la careta del líder de Vox, Santiago Abascal, un enorme pollo asado o un sofisticado avión supersónico (el de Os pintos joden quintos, que, por cierto, se llevó el primer premio). El segundo puesto fue para la espectacular pista de Scalextric de Polbos do Vilar y, el tercero, para el gigantesco bizcocho dedicado a la emblemática pastelería local La Maricola, de Pinto, pinto, jorjorito.

The Lirios Tremens diseñaron un vehículo de transporte para campos de golf, mientras que los Tabeiróns caralludos ahondaron en la eterna polémica toponímica poniéndose al volante de una furgoneta hippie en la que hicieron suya la solución salomónica municipal de convertir el espacio para la be o la uve en un corazón.

Cada uno de los artefactos superó sin mayores sustos en el momento de la frenada el final de los 1.200 metros de cuesta, en un día en el que todo un pueblo miró hacia arriba... a carcajada limpia.