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Por los dominios de la legendaria reina Lupa

Subir al castro Lupario desde Angueira permite avistar edificaciones medievales y arquitectura tradicional // El entorno guarda los secretos del río Tinto, del artista Gambino, de la fábrica de papel y del pazo do Faramello

ROIS. ANTÍA   | 13.02.2007 
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Hay espacios singulares y pintorescos que parecen dormidos en la memoria. Están ahí. A escasos 20 kilómetros de Santiago. Enclavados en pleno corazón del Camino Portugués y vinculados a la leyenda áurea del Apóstol y a la mítica reina Lupa. Éste es el caso del castro Lupario. Situado a caballo entre los municipios de Rois y Brión. La propuesta de esta semana pasa por acercarse a este hábitat fortificado prehistórico, del que aún pueden verse casi intactas las dos murallas que lo delimitaban, desde un núcleo directamente relacionado con él, Angueira de Castro (Rois).

Hay que atravesar este núcleo de población para encontrar el camino que bordea todo el monte del castro. Pero a pie, porque la estrechez de las callejuelas asfaltadas impiden el acceso en determinados tramos. Es un paseo agradable, que invita a la contemplación. Y es que Angueira conserva gran parte de las edificaciones de arquitectura tradicional, con balconadas de piedra y forja, esquinas redondeadas y algunas reminiscencias de casas de tipología medieval; casonas grandes, hórreos de la zona que conservan tímidamente la pintura azul que antaño se empleaba, y las parras comunales. La aldea se amolda a la falda del monte y va surgiendo en torno a él.

Sobrepasado este núcleo comienza un sendero de monte, entre árboles autóctonos (pinos y robles). Siguiendo la senda, y tras quince minutos se llega a la cima de castro Lupario, morada atribuida por la tradición a la reina Lupa. Si el día está claro, la vista es espléndida. También se puede acceder a este enclave desde un camino que bordea el llamado río Tinto, en la salida de Angueira hacia el Faramello. Los vecinos aseguran que éste era por donde transcurría el originario Camino Portugués y el paso de los peregrinos a Compostela.

Desde sus márgenes se contempla también el impresionante pazo do Faramello (propiedad privada), de la familia Rivero de Aguilar, que data del principios del siglo XVIII. Ahí nació el escultor gallego más relevante del barroco, Xosé Gambino, y también se estableció una de las primeras fábricas de papel.

A lo largo del curso del río Tinto aún pueden verse restos de molinos, y algún puente. En el interior de Angueira existe un palomar medio en ruinas.