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Escritora, pintora y profesora de expresión artística

Cristina Cerezales: “Cuando he pintado lo que veían mis ojos, nunca los consideré cuadros interesantes”

POR ENRIQUE BEOTAS  | 29.03.2008 
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La artista Cristina Cerezales Laforet hace gala de su espíritu gallego cuando pinta o cuando escribe

A su estribor, la literatura Laforet…

"Mi madre siempre se escondía, era muy retraída. Adquirió fama muy joven, cuando aún no estaba preparada".

A su babor, la edición de Cerezales...

"De mi padre tengo mucho. Heredé de él ese sentimiento gallego que luego universalicé y que fue mi apoyo en los primeros años".

Son los dos apellidos que flanquean su embarcación por el mundo de las letras. Son las señas de identidad de esta gallega que pinta y expone por medio mundo. Son las dos veredas de esta docente excepcional concebida por amor en el Miño, allá por el cuarenta y siete… Cristina Cerezales Laforet, el resultado de aquella unión platónica entre la escritora y el editor… Hablo de Carmen Laforet, su madre, aquella joven escritora venida de las islas afortunadas; hablo de Manuel Cerezales, su padre, el afamado y prestigioso editor gallego...

"Cuando murieron mis padres, curiosamente primero uno y al año el otro, yo ya tenía la sensación de haberme despedido de ellos...".

Son las primeras pinceladas de un sufrimiento vital que se convierte en ella en expresionismo creativo, en calidad narrativa, en técnicas vanguardistas para arrancar a los futuros artistas la capacidad figurativa que llevan dentro…

"La enfermedad, en el caso de mi madre, y la vejez, en el de mi padre, fue tan dolorosa que yo casi celebraba su partida. Pensaba: ya han completado un círculo y es mejor que partan…".

Hay que remontarse de nuevo hasta aquellos años en que su madre ofrece el manuscrito de la novela Nada al editor gallego… Se produjo entre ellos una química inesperada. Manuel Cerezales se encontró con una obra tan buena como poco apta para ser publicada en la editorial que él, por entonces, dirigía. Convenció a Carmen para presentarla al premio Nadal que se convocaba por vez primera. Corría el año 1946 y Carmen Laforet ganó. De una sola vez se convirtió en la Clara Campoamor de la literatura española del siglo XX, en la esposa de Cerezales que, por cierto, ­escribió la primera crítica de ese libro…Desde su infancia, Cristina siente Galicia como un país ­mítico al que ella pertenece, no sólo por ser hija de Cerezales, buen ­narrador ourensano, quien le traslada el sentimiento gallego, sino por haber sido concebida a orillas del río mítico… Ese que seguramente le inspirase dos novelas profundamente hermosas: De oca a oca y Por el camino de las grullas.

"Siempre me he preguntado por qué en mis libros y cuentos siempre hay una madre que pierde a un hijo; si yo no lo he vivido. ¿Por qué me produce esa sensación de dolor y desgarramiento?"

Infatigable buscadora de sus orígenes, Cristina llega hasta el pueblo berciano de Balboa, de donde procedían sus abuelos. Ahí reencuentra de nuevo el espíritu gallego, compartiendo las conversaciones al calor de la lumbre con paisanos de habla gallega, reviviendo aquellos relatos de vidas y costumbres que le contase su padre. Así que ­Galicia es su marca y su referencia. Por eso me adentro en su infancia…

"… Los veranos en Galicia, eran tan emocionantes... Galicia era y es mi patria, la de mi padre. Él me contó tantos cuentos gallegos...".

- ¿Recuerdos de aquellos veranos en Cangas de Morrazo cuando pequeña…?

- Y los de Arousa siendo más mayor...

- ¿El primer amor...?

- En Cangas. Tenía catorce años. Fueron esas vivencias inolvidables. Sentí tantísimo que me llevasen a otros lados... Ahí estaba mucho de mi corazón.

- ¿Los veranos de Galicia fueron la constante?

- A mi madre no le sentaba bien el clima. Galicia le daba tristeza. Mi madre era una gran buscadora de alegría, yo no lo podía entender, a mí me ocurría lo contrario, Galicia me proporcionaba un inmenso regocijo.

- Arte y sensibilidad también en sus pinceles, que son los aperos para el color y la forma. Mujer naturalmente atractiva, sencillamente elegante. No necesita de adornos, ni de alamares, ni de afeites. Su belleza es tan poderosa como su verbo preciso. Sonrisa que dibuja tintes de timidez y sinceridad. Mirada que destila nostalgia, cierta melancolía de pubertad y un chispazo de madurez adquirida por el inmenso sufrimiento que padece en su infinita sensibilidad... Manos fuertes, bien cuidadas, expresivamente femeninas, con personalidad… La duda es si pinta lo que ven sus ojos o lo que siente por dentro…

- Pinto lo que veo por dentro. Cuando a veces he pintado lo que veían mis ojos, nunca los consideré cuadros interesantes.

- ¿En qué te apoyas?

- Siempre en el recuerdo... Desde que empecé a pintar me he sentido más yo misma… Han sido vivencias, recuerdos y, sobre todo, sentimientos.

- Dame las texturas de Galicia…

- Galicia es mar, hierba y bruma.

- ¿Si te encargase un cuadro de Galicia, en qué colores lo pintarías?

- En azul, verde y gris.

- ¿Azul de mar, verde de hierba recién segada y gris de bruma?

- Gris de amanecer. El amanecer es lo que más me impresiona. Galicia es un canto de sol que despierta el espíritu.

- ¿Lo pintarías sobre cartón?

- Lo pintaría sobre tela de lino.

- ¿Cómo lo enmarcarías?

- Pienso en la hierbaluisa y en su olor a limón.

- Oye pintora...

- ¿Dime…?

- ¿Serías capaz de hablarme de Francisco Leiro?

- Conozco algunas de sus esculturas con forma humana y me parecen magníficas, pero a él no le conozco a fondo.

- ¿Y de Antón Lamazares?

- Me gusta mucho. Es un personaje muy atractivo, tanto por lo que expresa en su pintura, como cuando habla. También me gusta su expresión física… Antón me hace sentir, pensar... Es un artista que genera en mí ganas de crear.

- ¿Te habrías entregado sin reservas a Laxeiro?

- Laxeiro es gallego de meigas y botafumeiros. Me gusta contemplarlo, me gusta ver el mundo a través suyo.

- Lo opaco se difumina cuando hablamos de su madre:

- Tenía un carácter muy salvaje, muy de intimidad. Se vio atacada por la fama… Yo siempre la ­recuerdo huyendo de la popularidad, de los periodistas, de todo el mundo...

- La genética Cristina, la genética…

- Es tremenda, sí, decididamente tremenda...

- ¿Llegaste a escribir algo sobre tu madre?

- Un libro titulado Música blanca... Todavía no está publicado.

- ¿Qué cuenta?

- Los tres últimos años de silencio de mi madre, todo lo que recibí de ella en ese silencio…

- Música blanca para silencios compartidos...

- Había momentos en los que la sensibilidad era tan afín que no sabía si era de mi madre o mío.

- ¿Pesa ser hija de Carmen Laforet?

- Ha pesado en algunos momentos de mi vida. Tenía muchas ganas de saber si lo que hacía interesaba por mí misma o por ser hija de Carmen Laforet. Creo que mi inclinación por la pintura fue por huir de eso, de aquella referencia inicial que se hacía sobre mí como hija de Carmen Laforet.

- ¿Fuiste libre?

- Nunca del todo. La libertad es una conquista de madurez y yo todavía no soy lo suficientemente madura.

- ¿Hasta qué punto influyó en ti tu madre?

- Era una persona tan creadora que su personalidad influyó determinadamente en mí… Todo eso me marcó mucho. Además, teníamos una conexión tan enorme, tan grande... Me apoyó siempre en todas mis iniciativas artísticas. Teníamos una complicidad muy grande.

- ¿La generación de tu madre le hizo justicia?

- Su principal libro, Nada, se dio a conocer de forma espectacular para la época. No obstante, el libro con el que ganó el Nadal y con el que se dio a conocer fue en detrimento de los otros que a mí me parecen igual de buenos.

- Háblame de tus hijas…

- Su naturaleza es de escritoras y pintoras. Han empezado novelas, pero inmediatamente se han ido por otros caminos más técnicos. Creo que esa parte artística está ahí y terminará saliendo.

- ¿Te has percatado de que las madres de tu anterior generación fueron las culpables de que los españoles nos educásemos en el machismo?

- Os protegían demasiado…

- ¿Y por qué crees que fue así…?

- Quizá porque ellas mismas tenían en su concepción el machismo.

- ¿Qué es lo que nunca olvidaste decirle a tus hijas?

- Que cuando tengan un enfrentamiento con un hombre o una mujer cambien la relación desde su actitud. Uno no puede arreglar lo del otro, pero puede cambiar lo propio.

- Su mirada asciende, se ilumina para de nuevo regresar a la dulce realidad. Se declara feliz porque dice estar en un momento de equilibrio y paz interior. A Cristina se le quedaron vivas muchas cosas de sus padres. En ese elenco figura especialmente la timidez, por eso es normal que toda la expresión la vuelque en el lenguaje corporal...

- Todo lo que conseguí fue investigando. Tenía en casa varias maletas de mi madre, con papeles, con anotaciones... Había momentos en los que yo no sabía si las cosas que encontraba eran mías o de ella...

- ¿Sabes que he llegado a la conclusión de que los gallegos nacemos donde nos da la gana?

- Estoy de acuerdo.

- ¿Eres feliz?

- Sí. Dentro de lo que el ser humano puede alcanzar.

- ¿Qué es la felicidad...?

- Cada uno tiene su concepto sobre la felicidad. Yo estoy abierta a la aventura, a lo que pueda venir...

- ¿La felicidad hace olvidar el sufrimiento?

- La felicidad no se deshace con las tragedias personales. Lo que se acerca a la felicidad se escribe con minúscula porque con mayúscula es inalcanzable. Digamos que lo que más se aproxima a la felicidad es esa capacidad que nos permite recibir golpes y poder seguir adelante con ilusión.

- Mal negocio ser sensible en este mundo…

- Del sufrimiento salen muchas cosas. El sufrimiento también es un motor.

- ¿Lloras...?

- El llanto no tiene por qué estar ­directamente relacionado con lo que hace sufrir. No lloro por sufrimiento, puedo llorar de emoción, de frustración... Frente a las grandes tragedias de mi vida nunca he llorado.

- En el fondo eres una mujer fuerte.

- No, es más una reacción física.

- ¿Se escribe mejor desde el amor o desde el desamor?

- Escribo desde el amor aunque conozco obras magníficas escritas desde el desamor…

- ¿Existe ‘El camino de las Grullas’?

- El título de mi último libro... Se refiere a una parte del Camino de Santiago en el que uno de los personajes va haciendo con técnicas de papiroflexia grullas para ir reclamando la atención de los peregrinos.

- ¿Y si en ese camino te encontrases con Rosalía?

- Le diría que despertó en mí, por encima de todo, una sensación de dolor por las circunstancias que vivió. También despertó en mí la melancolía y el espíritu de denuncia.

- ¿Me dices algo de Pardo Bazán?

- La admiro mucho, en su época era complicado sobresalir como mujer y como escritora. Simplemente, le doy las gracias por lo que hizo.

- ¿Valle-Inclán?

- He pasado muy buenos momentos con su teatro. Es un personaje estrafalario y muy tierno.

- Torrente Ballester.

- Disfruté muchísimo con su trilogía y con Los gozos y las sombras. Como persona me parece que fue muy valiente. Hizo un camino importante.

- Luisa Castro.

- Me encanta su poesía. Su primer libro me pareció magnífico, me conectó con mi Galicia interior. Es una luchadora que lleva Galicia dentro. Su novela la he sentido menos, pero sé que tiene todavía mucho por escribir.

- Camilo José Cela.

- Con Cela tengo un contencioso. Al margen de La Colmena y Pascual Duarte por las que le considero un gran escritor, su personalidad me produce rechazo. Por lo menos la que yo conocí. Él tenía otra cara…

- Explícame ese contencioso.

- Caminar al lado de mi madre le costaba. Incluso prohibió que se publicase nada de mi madre en la revista en la que él escribía…

- ¿Y Cristina Cerezales?

- Estoy en lucha con ella. La animaría a seguir adelante. Le diría que le queda mucho por hacer, que la voy a seguir muy de cerca.

- Para mí que eres una vitalista...

- Me encantaría que todo surgiese de la alegría, pero tengo ­comprobado que no, que el sufrimiento te hace avanzar a veces mucho.

- Me interesa tu dimensión como docente…

- Hay que creer en el alumno, pensar que cada uno es diferente y tratar de conocerlos. A veces no es posible porque son muchos, pero en la docencia y en las clases que he dado últimamente para despertar la creatividad, sí que es posible hacerles ver que crees en ellos.

- ¿La expresión artística se aprende o se tiene?

- Creo que se tiene. Ayudo a que surja la expresión artística. He conducido a veces las clases con ejercicios que se hacen con los ojos cerrados.

- ¿Disciplina o pedagogía?

- Hay que lograr que se olviden de ellos mismos, de lo que saben o creen saber para que puedan sacar lo que hay dentro de ellos.

- ¿La conclusión?

- Los descubrimientos han sido espectaculares.

- ¿Cómo trazas el perfil psicológico de tus alumnos?

- Cuando entras a una clase y hay un alumno que te mira retadoramente, es del que posiblemente saques grandes resultados. Mi consejo es que nunca debes enfrentarte directamente, sino encontrar al alumno…

- ¿La técnica para enseñar a crear...?

- Trabajábamos el barro con los ojos cerrados, pintábamos... En ese estado de relajación les conducía a un paisaje que tenían en la mente y, después, con los ojos todavía sin abrir, modelaban para más tarde comprobar lo que habían hecho.

- ¿Tus clases son una especie de psicoanálisis creativo?

- Son dos horas y media de una gran introspección, sin renunciar a crear con una técnica o con otra.

- He visto tu obra y me da la impresión que te gusta recorrer la paleta de azules…

- En una ocasión hice un juego con los colores después de leer el libro Te mando este rojo cadmio. Me ­pareció muy interesante…

- Si no recuerdo mal, este libro surge del encuentro en un aeropuerto entre John Berger y John Christie...

- Exacto. Cuando se tienen que despedir, uno de ellos le dice al otro: "Mándame un color cuando puedas". Lo hacen y, desde ese momento, empiezan a escribirse sobre ese color.

- ¿Cuándo perdiste la coquetería?

- Nunca he sido muy coqueta...

- ¿Es tu principal arma?

- Quizá, porque para ser coqueta hay que poner mucha energía en ello… Yo la pongo en otros temas.

- ¿Qué hay más en tu literatura y en tu pintura: ética o estética…?

- No son contrapuestas, busco que ambas estén juntas.

- ¿El tiempo te va haciendo conservadora?

- Se van cambiando las ideas, a lo mejor parecen menos rompedoras… pero luego rompen más.

- ¿Con el tiempo te has convertido en una mujer que comprende mejor la juventud...?

- Con el tiempo me he ido abriendo cada vez más a ella, aunque siempre la he admirado y la he observado: sus enfados, sus rebotes. Siempre me pregunto: ¿qué les llevará a esto?

- ¿Cuándo seas mayor…?

- Quiero ser libre.

- ¿Echas de menos algo?

- El mar...

- ¿Pensaste en la muerte…?

- Es algo que siempre te acompaña en la vida. Pensar en la muerte me da mucha libertad.

- ¿Qué le dirías a la muerte?

- Las palabras que le escribí en una ocasión a un amigo cuando los médicos no sabían diagnosticarme unos fuertes dolores que tenía: "Me despierto con la muerte tumbada a mi lado y nos estamos haciendo amigas".

Cristina Cerezales, manos que dibujan literatura en el aire, palabras que ­pintan colores sobre el recuerdo, formas geométricas de un cuadro ­imaginario. A lo largo de nuestra ­conversación, ha ido pintado bosquejos y definiendo arranques para algún libro que está por escribir... No comprende el desamor porque escribe desde el amor. Amor de escritora Laforet, editora de sensibilidad gallega Cerezales…