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desaparición

La última aldea de A Coruña

Elviña resiste frente a la expansión de la urbe y del campus universitario, que provocará la expropiación de 39 viviendas // Tan sólo dos núcleos se librarán de ella // El reducto rural y antigua huerta de la ciudad trata de mantener su ritmo de vida a solo tres minutos del centro

DANIEL DOMÍNGUEZ • A CORUÑA   | 27.04.2008 
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Perfecto López es el último muiñeiro de la provincia

Como la Galia resistiendo los envites de Roma, el Castro de Elviña lucha por mantenerse como la última aldea de A Coruña y proteger su estilo de vida rural a cinco minutos del centro de la ciudad. Ahora no son las legiones del Imperio las que acechan a la aldea, sino las expropiaciones derivadas de la ampliación de la ciudad, a través del parque ofimático y de la universidad.

Entre el campus de Elviña y el de A Zapateira, a escasos metros del asentamiento de cientos de chalés de lujo y a escasa distancia de la avenida de Alfonso Molina, perviven las huertas y las casas de piedra, donde todavía puede escucharse el silencio. Los dos núcleos, Castro y Elviña, están protegidos, pero 39 casas que se encuentran dispersas por el resto de la parroquia, desde las que se contempla el famoso castro celta, serán expropiadas. "Toda a vida traballando coa muller para ter a casiña e agora vano levar. Isto non é xustiza", clama Manolo López, que viene de arreglar algunas cosas en la finca. Su casa, compuesta de tres viviendas y una gran finca, será expropiada por 190.000 euros, pero él lo que quiere es quedarse en el lugar en que ha vivido toda su familia desde siempre.

Los apenas mil habitantes de la aldea, la mayor parte de ellos con edades superiores a los 70 años, se aferran a su modo de vida, presionado por la necesidad de expansión de la ciudad y del campus. La construcción de una residencia de estudiantes y de quince viviendas unifamiliares para profesores acabará con otras nueve viviendas y aumentará la presión sobre Castro, emparedada entre las facultades de A Zapateira y estas futuras construcciones.

Un millón de m2

En 1991, el plan parcial para el campus establecía el desarrollo del corazón de la universidad coruñesa, que ha ido fagocitando a esta aldea, aunque también la ha salvaguardado del bum inmobiliario que afectó a las cercanas Matogrande, una de las zonas más caras de la ciudad, y A Zapateira, asentamiento de urbanizaciones y chalés. En aquel año se reservó un millón de metros cuadrados. "Se está o campus non nos pasará como a Matogrande, pero que tampouco nos afogue", pide Carmelo Seoane, uno de los afectados por la expropiación.

Los dos reductos rurales que están protegidos son los núcleos de Castro, en los que se observan edificaciones de varias plantas en construcción junto a casas de piedra centenarias, y Elviña, situado en la entrada del campus y en el que se encuentra la iglesia. Una de las obras tiene licencia con fecha del año pasado, pero a los habitantes de la aldea se les ha prohibido desde 1991 acometer reformas en sus casas.

La vida en Elviña es la misma que en cualquier aldea de Galicia. Los ancianos pasean, otros se encargan de sus huertas y los vecinos se conocen. "Nós queremos seguir mantendo a nosa vida", dice Carmelo, "porque isto non se paga con cartos".

Realojo en el entorno

La asociación de vecinos está negociando con Ayuntamiento y Consellería de Vivenda para lograr que los vecinos expropiados sean realojados en el propio entorno. "Loitamos por cumprir algo xa firmado", remarca Luis Gómez, de la asociación de vecinos. "A unha persoa que leva toda a vida aquí non a podes meter nun piso", sentencia Carmelo, quien se queja de que la gente de su generación tuvo que abandonar Elviña porque no podía construirse una casa.

Los vecinos apenas se refieren a la cuestión económica. Las expropiaciones se realizan a 105 euros el metro cuadrado, mientras a menos de un kilómetro se levantan dos torres de treinta alturas con un precio seis veces mayor. Y en el mismo lugar se construirán varias torres más.

 

PERFECTO LÓPEZ

El ocaso del último muiñeiro

- "¿E vostede por que non se xubila?"

- "¿Para que?".

La retranca describe a Perfecto López, que tiene 74 años y sigue trabajando en su molino, el único que queda en la ciudad y al que acuden clientes desde Cambre, Culleredo o Arteixo. Está viudo y vive con su hija, que quería mantener el oficio, pero la construcción de la residencia de estudiantes le dejará sin casa ni molino. "Acaban con todo", musita.

La aldea es una gran desconocida para los habitantes de la ciudad y tiene gran experiencia en sufrir los golpes del progreso. En los años cincuenta, la construcción de la avenida de Alfonso Molina dividió la parroquia de San Vicente de Elviña y en 1963 se expropiaron casas por la instalación de la fábrica Fertiberia, donde luego se asentó el campus. Se aplicó la Ley de Experopiación de 1954, la misma que aplica ahora la Administración .