El Correo Gallego

Aulas

Al otro lado del Teléfono contra el Acoso Escolar: "Se ruega silencio. Estamos escuchando a los niños"

MADRID. E.P.  | 07.12.2018 
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Un veintena de profesionales, en una sala amplia y acristalada, atienden las 24 horas del día, los 365 días del año el Teléfono contra el Acoso Escolar del Ministerio de Educación y Formación Profesional (900 018 018), que desde el pasado mes de octubre gestiona la Fundación ANAR, un organización con 24 años de experiencia en la atención a niños y adolescentes en riesgo.

"Teléfono contra el Acoso Escolar, buenos días", responde una de las psicólogas ante la llamada de una posible víctima de 'bullying'. "Has hecho muy bien en llamarnos, ¿Desde cuándo te está sucediendo esto?", pregunta esta experta que intenta ganarse la confianza de quien previsiblemente ha tardado más de un año en atreverse a contar lo que le ocurre.

Aunque esta es una llamada simulada, porque todo lo que acontece en este espacio es totalmente confidencial, Europa Press ha sido testigo del trabajo de estos profesionales para detectar casos de acoso, evitar que continúen produciéndose e incluso intervenir cuando alcanzan cierta gravedad, mediante el contacto directo con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la Fiscalía de Menores, la Inspección educativa o los servicios sociales y sanitarios.

"No recogemos información que ellos no quieren. Ni siquiera aparece su número en nuestro teléfono. Muchos de ellos no han sido capaces de contárselo a nadie. La media, hasta la primera llamada, es de dos años de acoso", asegura el director de Programas de Fundación ANAR, Benjamín Ballesteros, que subraya la "auténtica desesperación" con la que recurren a este servicio.

En este sentido, la directora del Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa del Ministerio de Educación, Nuria Manzano-Soto, sostiene que el anonimato, la confidencialidad y la sensación de seguridad que proporciona este servicio "es clave" y añade que es algo que hay que trasladar a las víctimas y sus familiares. "El miedo a que lo pueda saber el propio agresor acaba con la posibilidad de identificar cualquier situación y de intervenir", advierte.

Según Ballesteros, muchos de los niños y adolescentes que les llaman ya presentan problemas psicológicos graves, como alteración del sueño, dificultades para relacionarse con los demás, autoestima muy dañada e incluso hay un 8% que tienen ideaciones suicidas o incluso han intentado acabar con su vida.

Sobre esto último, advierte de que han atendido llamadas de intentos autolíticos, que, gracias a la pericia de los psicólogos, ayudados por el equipo jurídico y social de ANAR, han logrado averiguar el lugar en que el menor se encontraba en ese momento y los datos necesarios para la intervención de Policía o Guardia Civil y servicios sanitarios de emergencia. "No colgamos ninguna llamada hasta saber que ese menor en riesgo está siendo atendido", apostilla.

MENOS CASOS PERO MÁS GRAVES
No hay un límite de tiempo para escuchar a los niños, que tardan de media 36 minutos para contar lo que les ocurre. Eso significa que unos lo hacen en 15 minutos y otros en una hora y media. El año pasado, esta organización, a través de su propio teléfono, atendió 30.000 llamadas y detectó 590 casos de acoso escolar. "Son menos que otros años, pero más graves", advierte el director de Programas de ANAR.

Tampoco hay recetas porque cada caso es un mundo. Lo que sí es común en la asistencia a quienes se sienten víctimas es darlas confianza, autoestima y convencerlas de que tiene que contar lo que les ocurre a su entorno más próximo: en casa y en el colegio. Además, con autorización del menor, los psicólogos de este servicio se ponen en contacto con los familiares y el colegio para avanzar en la resolución del caso. "Hay que aunar fuerzas", insiste.

Este servicio hace un seguimiento de los casos. La mayoría de los menores que acuden a él dejan de llamar cuando se ha resuelto su situación de acoso escolar, pero otros, según cuenta Ballesteros, descuelgan el teléfono para darles las gracias: "Es una satisfacción enorme tener la posibilidad de cambiar la vida de niños que sufren".