Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Redero desde los 14 años y sin pretensión de jubilarse: la antigua lonja de Ribeira retoma el bullicio con Quico

La Xunta adjudica la concesión de la nave a Francisco Argibay, que montará allí su negocio de reparación de redes con su hijo Fran

Francisco Argibay con su hijo Fran, en la antigua lonja de Ribeira, que desde ahora es la sede de su negocio.

Francisco Argibay con su hijo Fran, en la antigua lonja de Ribeira, que desde ahora es la sede de su negocio. / Suso Souto

Ribeira

En agosto de 2017, la vieja lonja de Ribeira, que había sido inaugurada el 5 de noviembre de 1989, se quedó a oscuras, y el silencio inundó unas instalaciones en las que hasta entonces había reinado el bullicio de marineros, pescadores, mariscadores, placeros, armadores, compradores...

La actividad se trasladó a la nueva lonja, la más moderna construida en Galicia, y el tiempo pareció pararse en la vieja rula, en la que también se apagó la sirena con la que se anunciaban las descargas para las subastas. Una sirena similar a la que alertaba de un ataque aéreo en la Segunda Guerra Mundial y que una noche motivó que un matrimonio alemán se marchase a toda prisa de un hotel cercano por los malos recuerdos y la impresión que le causó.

Hoy, más de ocho años después, la vieja lonja de Ribeira vuelve a tener actividad. Vuelve a tener vida. La Consellería de Mar adjudicó la concesión de la nave a uno de los pocos rederos que hay en activo en el puerto de Ribeira, Francisco Argibay Martínez, que se pone al frente de un negocio de reparación de redes junto a su hijo, Fran Argibay.

Francisco Argibay, segundo por la izquierda, ayer conversando con la conselleira de Mar, Marta Villaverde, en la antigua lonja de Ribeira.

Francisco Argibay, segundo por la izquierda, ayer conversando con la conselleira de Mar, Marta Villaverde, en la antigua lonja de Ribeira. / Cedida

La Consellería inició en 2020 el proceso de licitación de la concesión de las instalaciones (que ocupan una superficie de 2.500 metros cuadrados), pero inicialmente quedó desierto. Finalmente, y tras haberse reformado la cubierta, acondicionado los departamentos y eliminado las divisiones en el interior de la estructura, Quico O Redeiro, como quiere que le llamen y como le conocen en Ribeira, presentó el año pasado una solicitud que fue aprobada.

Además de dedicarse a la reparación de redes, creará un aula de formación en la que este experto redero compartirá su dilatada experiencia y sus conocimientos del oficio con quienes quieran apostar por seguir sus pasos. Se abre, pues, una puerta al relevo generacional y a la formación profesional en un sector cada vez más necesitado de referentes. De maestros.

La concesión es por cinco años, prorrogables otros dos años y medio. La tasa que deberá abonar el adjudicatario tiene una bonificación del 95% por ser una actividad vinculada al sector marítimo-pesquero.

Redero desde los 14 años y sin pretensión de jubilarse: la antigua lonja de Ribeira retoma el bullicio con Quico

Suso Souto

Y no hay muchos precedentes de la reconversión de una vieja lonja en un negocio. Sí se hizo algo similar en la de Burela, que se salvó de este modo de la piqueta.

Quico O Redeiro empezó en el oficio cuando solo tenía 14 años. Siempre trabajando a la intemperie. "Tengo que agradecerle a mi padre (a ver si mi hijo me lo agradece a mí) que en las vacaciones escolares me llevase con él a aprender el oficio", explica.

"Daniel, mi padre, era chavoleiro. Como yo no le hice mucho caso a la escuela, algo que me pesó, porque luego, cuando monté mi empresa, tuve que aprender cosas para mi trabajo", relata.

En cuanto al oficio que él aprendió de niño, señala que cambió mucho. "Antes las redes eran de 50 metros y de casi 300 kilos. Ahora son de 200 metros y de más de mil kilos", comenta.

Echando la vista atrás señala que "antes este trabajo era un entretenimiento. Hoy, para algunos, para que trabajar les resulta una obligación. Hay trabajos mal pagados y falta capacitación profesional. Pero ahora también hay menos ambición. Parece que algunas personas se conforman con ganar menos dinero con tal de trabajar menos".

En cuanto a la decisión de poner en marcha su negocio en la antigua lonja, dice que dio el paso "porque nos estamos quedando sin profesionales en el mar" y porque quiere contribuir a crear un espacio formativo y laboral "para quien quiera aprender el oficio y dedicarse a él".

Y es que en el puerto de Ribeira solo están en activo tres rederos, más otras tres o cuatro personas que estos contratan para ayudarles... y formarles. "Hay escasez de profesionales y falta profesionalidad", lamenta Quico, quien recuerda que "de Ribeira salieron en su día rederos para diversos lugares del mundo. Pero ahora hay muy pocos".

Junto a él trabajará su hijo Fran, de 34 años, quien, tras formarse en Informática y haber estado empleado en dos empresas, decidió seguir los pasos de su padre... a su lado.

"Ahora casi no hay empresas que te hagan fijo", dice. "Actualmente hay menos barcos y también menos rederos que hace años, pero este oficio tiene futuro", asegura Fran, quien acudió a cursos en Marín para aprender a reparar redes antes de enriquecer su formación práctica junto a su progenitor.

"Tendrías trabajo para otra vida", le apostilla su padre, quien añade que "cuando me empecé a quedar sin empleados, porque se fueron jubilando, fui formando a mi hijo; era el último recurso que me quedaba".

Hoy Quico tiene 64 años, pero dice que "no pienso jubilarme". Él y su hijo Fran están deseando acondicionar la nave y ponerse manos... a las redes. Pero Quico, como buen hombre de mar, mira al horizonte con curiosidad y con optimismo, y ya piensa en poder ampliar su negocio familiar a medio plazo. "Pronto empezaremos a contratar personal y en mi mente está que, si el negocio va bien, pueda contratar a mi hija para atender la oficina", señala.

Tracking Pixel Contents