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Cincuenta años de un hallazgo histórico en Rianxo: "Cámbioche esta lata por un porco"

José María Vicente rememoró este jueves, rodeado de sus vecinos de Leiro, en Rianxo, el momento en el que el 7 de abril de 1976 encontró enterrado un casco de oro de la Edad de Bronce cuando construía un galpón. Pudo venderlo, y no lo hizo. Hoy se custodia en un museo. En aquel lugar se soterró una cápsula del tiempo

Por la izqda., Juan Carlos Collazo, Bea Comendador, José María Vicente, Héctor Vicente, Julián Bustelo y Xusto Ordóñez; al fondo, el galpón.

Por la izqda., Juan Carlos Collazo, Bea Comendador, José María Vicente, Héctor Vicente, Julián Bustelo y Xusto Ordóñez; al fondo, el galpón. / Suso Souto

Rianxo

El próximo 7 de abril se cumplen 50 años de un hallazgo histórico: el del casco de oro de Leiro (Rianxo). Una pieza de 270 gramos, de la Edad de Bronce (entre el 1000 y el 800 a.C.), que José María Vicente encontró por azar cuando excavaba a orillas del Ulla para construir un pequeño galpón.

Cincuenta años de un hallazgo histórico en Rianxo: "Cámbioche esta lata por un porco"

Suso Souto

Este jueves rememoró aquel momento, rodeado de sus vecinos, familiares y amigos, en un acto al que asistieron también el alcalde, Julián Bustelo; Xusto Ordóñez, secretario de la asociación etnográfica Castelao; el investigador Juan Carlos Collazo; y la arqueóloga Bea Comendador.

Bustelo, izquierda, y Ordóñez, con la cápsula del tiempo.

Bustelo, izquierda, y Ordóñez, con la cápsula del tiempo. / Suso Souto

«Uns meses antes fixera unha copia da chave do barco, e xa empezaba a ter óxido; pero aquelo que saíu á luz coa picaraña estaba limpiño. E dixen: aquí hai algo único. Estaba cuberto cuns toxos», recuerda. El preciado objeto (que según los expertos no fue un casco militar, sino un objeto simbólico de carácter ritual) estaba entre trozos de cerámica de la vasija de barro en la que fue enterrado.

Aquel día, José María no se alteró. Posó la pieza y siguió trabajando. Hasta que Sobradelo, un vecino, le dijo: «Eso é ouro».

«Ao chegar á pista, atopeime coa miña irmá, que me dixo: Tira con esa lata vella! Non leves máis escombro para a casa!», indica.

"Vancho raspar"

Pero la noticia de que José María había encontrado oro corrió como la pólvora por la aldea, y su hermana acudió para que se la enseñara. «Cámbioche esta lata por un porco», le dijo él bromeando.

José Cambeiro, el cura, le sugirió que pusiera la pieza a buen recaudo. «É mellor que lle busques un sitio seguro, porque esto vancho raspar», le dijo.

Asistentes al acto celebrado este jueves en el galpón donde José María encontró el casco de oro en 1976.

Asistentes al acto celebrado este jueves en el galpón donde José María encontró el casco de oro en 1976. / Suso Souto

El casco estuvo tres días en casa de José María, y luego lo depositó en el cuartel de la Guardia Civil, donde estuvo otros 18. Hasta que el sargento le llamó: «Esto non pode estar aquí nin unha hora máis; non podemos durmir. Estamos facendo garda día e noite na porta».

«Algo hanme de dar»

Aquel día, José María firmó el acta de entrega al Museo Arqueolóxico e Histórico do Castelo de San Antón (A Coruña) con su director, Manuel Chamoso. «Algo hanme de dar. Malo sea que non dea para facer a caseta», se dijo a sí mismo. Inicialmente lo tasaron en un millón de pesetas de la época y, por ley, a él le correspondía la mitad. Pero Chamoso medió para que duplicaran la tasación y el rianxeiro recibió un millón. «Tardáronse en gastar. Case un ano», dice.

José María Vicente, ante el casco de oro, que se expone en el Museo Arqueolóxico de San Antón.

José María Vicente, ante el casco de oro, que se expone en el Museo Arqueolóxico e Histórico do Castelo de San Antón. / Cedida

Este jueves se enterró una cápsula del tiempo dentro del galpón donde en 1976 apareció la pieza, aunque se hizo en superficie, sin excavar. Cubriéndola con tierra, porque ese lugar tiene un radio de protección de 200 metros por Patrimonio.

El exterior del galpón lo decoró el artista local David Cuence.

La reina Sofía contemplando el casco de oro de Leiro en su visita a A Coruña en junio de 1976.

La reina Sofía contemplando el casco de oro de Leiro en su visita a A Coruña en junio de 1976. / Cedida

José María pudo haber vendido la pieza, pero no lo hizo. «Aquí está o noso heroe», decía ayer un vecino al saludarle. Y es que, si el casco de oro no acabó fundido y sigue siendo objeto de culto arqueológico es porque él no vio su valor monetario, sino histórico. Una heroicidad, sí. Porque, de haberlo vendido, la historia habría sido otra.

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