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Las 'espontáneas': confesiones de embarazos extramatrimoniales en el Rianxo de 1830

El archivo municipal atesora los expedientes de dos mujeres obligadas a pedir perdón y a vivir bajo vigilancia tras confesar ser adúlteras y estar encintas

Uno de los documentos sobre las 'espontáneas', que se custodia en el archivo municipal de Rianxo.

Uno de los documentos sobre las 'espontáneas', que se custodia en el archivo municipal de Rianxo. / Cedida

Rianxo

Rianxo, 1830. El embarazo de Rosa Triñanes se ha convertido en un asunto de interés público. Fernando Triñanes, labrador y vecino del lugar de Triñanes (de la parroquia de Abanqueiro, hoy perteneciente a Boiro, pero entonces a la jurisdicción de Rianxo) acude al consistorio para presentar una declaración espontánea en nombre de su hija.

La chica, soltera, había mantenido relación con Cristóbal Suárez, también vecino de la parroquia. Ambos habían iniciado los trámites de matrimonio, llegando a publicarse los manifiestos, pero el casamiento acabó por suspenderse.

El problema se hizo evidente cuando Rosa ya estaba embarazada de cuatro o cinco meses. A partir de ese momento, su situación dejó de ser privada. El mayordomo pedáneo, figura clave de la autoridad local, comienza a presionar y a molestar a la chica para que se presente ante la Justicia.

El padre interviene entonces en un intento de frenar la situación y preservar el honor familiar. En su declaración, denuncia las molestias del mayordomo; solicita que cesen las presiones; se compromete a responder por su hija; ofrece mantener y criar al niño o a la niña que iba a nacer; y pide perdón a la autoridad, insistiendo en que es "la primera vez".

"Su testimonio revela no solo una cuestión legal, sino una lucha por mantener la dignidad en un contexto donde el juicio social era constante", explica Tito O Dulceiro, investigador local y secretario de la asociación etnográfica Castelao.

Estas confesiones públicas, obligadas, en las que el honor, la moral y la autoridad se mezclaban en un mismo escenario, eran conocidas en la época como espontáneas.

El 5 de abril de 1830, el alcalde, Domingo Antonio Tubío, resuelve el caso. La decisión establece un conjunto de obligaciones que van mucho más allá de lo legal: Rosa debe dar la luz y bautizar a la criatura; criarla; apartarse de todo “trato ilícito”; vivir “honesta, recogida y sin escándalo”; y no reincidir en el “pecado”.

"El mayordomo deja de molestarla, pero se convierte en vigilante de su conducta, encargado de garantizar que cumpla con lo impuesto. Rosa queda sometida a una disciplina social constante, donde cada aspecto de su vida puede ser observado y juzgado", indica el investigador.

El de Rosa es uno de los dos expedientes de 1830 que se conservan en el archivo municipal de Rianxo y que revelan cómo las mujeres eran sometidas a control público, obligadas a pedir perdón y a vivir bajo vigilancia si se quedaban embarazadas fuera del matrimonio.

Documento sobre la confesión de Rosa Triñanes.

Documento sobre la confesión de Rosa Triñanes. / Cedida

"Estos documentos abren una ventana directa a la vida íntima de la Galicia rural del siglo XIX. Entre papeles oficiales y autos judiciales brotan historias de mujeres jóvenes que, por quedarse embarazadas fuera del matrimonio, tuvieron que comparecer ante la autoridad y someterse a un riguroso control moral", señala Tito O Dulceiro.

El 11 de diciembre de 1830 otro expediente similar llega a la jurisdicción de Rianxo. Es el de Luisa del Río, huérfana de padre, soltera, vecina del lugar de Lamas (parroquia de Cespón, hoy perteneciente también a Boiro, pero entonces adscrita a Rianxo).

En su espontánea declara ante el alcalde que fue “llevada de la fragilidad humana” y de las promesas de Manuel Piñeiro, quien le había dado palabra de matrimonio. Mantuvieron relaciones, y Luisa se encontraba embarazada de siete meses y medio.

Reconoce lo sucedido, pide perdón por el "pecado" cometido, promete llevar una vida "honesta y recogida" y solicita el indulto de la autoridad. Pero también expresa un compromiso: el de no abandonar nunca a la criatura, criarla y alimentarla con sus propios pechos.

A su lado está su hermano, Domingo del Río, que actúa como fiador. Él es el garante de que Luisa cumplirá todo el prometido. "Ambos se someten completamente a la autoridad, renunciando a las leyes que pudieran ampararlos, en un claro reflejo del poder institucional de la época", explica Tito O Dulceiro.

El alcalde indulta a Luisa, pero no la libera. Se establece que no podrá ser molestada por su embarazo, pero será vigilada en su conducta. Deberá vivir con honestidad, no podrá mantener relaciones ilícitas y tendrá que cumplir todas las promesas hechas.

El mayordomo pedáneo, de nuevo, aparece como figura clave, no para castigar directamente, sino para controlar.

"Estos dos casos ejemplifican perfectamente el funcionamiento de las espontáneas por embarazo ilícito en la Galicia del siglo XIX. No eran simples declaraciones: eran actos de confesión pública. Peticiones de perdón. Compromisos de conducta futura y aceptación de un control social permanente. A través de ellas, la autoridad regulaba la moral, vigilaba la vida privada y aseguraba que no hubiera escándalo. Mientras tanto, los hombres implicados quedaban en un segundo plano, sin asumir responsabilidades equivalentes", explica el investigador.

Dos historias reales detrás de dos documentos históricos que permiten escuchar voces que durante mucho tiempo permanecieron silenciadas: la de Rosa, defendida por su padre frente a la presión social, y la de Luisa, que habla en primera persona, reconoce, pide perdón y promete cambiar.

"Ambas tenían algo en común: vivieron en un mundo en el que el amor fuera de las normas se convertía en delito moral, y en el que la espontánea no era solo una declaración, sino una forma de sobrevivir dentro de un sistema que no dejaba alternativa", sentencia Tito O Dulceiro.

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