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'La última cena'... de graduación: once alumnos de Ribeira recrean la famosa obra de Da Vinci

Los profesores Fernando Yáñez y Nacho Rivas posan también recreando una escena en la que el paisaje de fondo es el puerto de la capital barbanzana

Por la izquierda, Ana, Paula, Rocío, Nacho Rivas, Fernando Yáñez, Hugo, Daniela, Merchi, Iria, Dani, Raúl, Hugo y Dan.

Por la izquierda, Ana, Paula, Rocío, Nacho Rivas, Fernando Yáñez, Hugo, Daniela, Merchi, Iria, Dani, Raúl, Hugo y Dan. / Cedida

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Ribeira

El alumnado de 2º de Bachillerato del Colegio Galaxia de Ribeira protagonizó una emotiva iniciativa artístico-educativa reinterpretando una de las obras más emblemáticas de la historia del arte: La última cena, de Leonardo da Vinci.

El artista plástico y profesor de Historia del Arte Fernando Yáñez quiso convertir el final de una etapa académica de sus alumnos y alumnas (que se graduarán este viernes día 15) en un recuerdo inolvidable a través de dicha recreación artística.

La propuesta consistió en recrear la célebre escena incorporando al propio alumnado como protagonista de la composición, acompañados también por el propio Fernando Yáñez y por Nacho Rivas, el profesor de Educación Física, quienes compartieron con este grupo distintas experiencias educativas y personales a lo largo del curso.

Entre ellas, un viaje cultural a Roma que reforzó especialmente la convivencia y el vínculo humano entre docentes y estudiantes.

Como guiño simbólico y contextual, la imagen original fue adaptada, sustituyendo el paisaje de fondo por una vista del puerto de Ribeira, integrando así la identidad local y acercando la obra al entorno vital del alumnado.

Yáñez ocupa en la mesa el puesto de San Pedro en La última cena, y Nacho Rivas, el de Judas, sosteniendo, en vez de las monedas de la traición, un silbato. El papel de Jesús lo representa una alumna: Daniela.

La elección de La última cena guarda además una estrecha relación con la cena de graduación que tendrá lugar el viernes tras el acto académico, funcionando como metáfora del cierre de una etapa compartida y del comienzo de una nueva vida para los estudiantes, que ahora comienzan a volar hacia su futuro académico y personal.

Más allá del valor artístico del montaje, es de destacar el valor cultural, educativo y emocional de este tipo de iniciativas, especialmente en un curso marcado por la exigencia académica, la preparación de la PAU y la presión propia del final de Bachillerato.

"Como docente creo que, en un momento en el que la educación está cambiando rápidamente y en el que la Inteligencia Artificial comienza a ocupar cada vez más espacio, es importante seguir reivindicando el valor humano, la cercanía y las experiencias compartidas dentro del aula. Este tipo de recuerdos también forman parte de la educación", señala Fernando Yáñez.

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