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La escultura de la Virxe de Guadalupe, de Asorey, recupera su esplendor para regresar a Tanxil tras dos décadas

Los motivos decorativos son azulejos vidriados con motivos florales y geométricos hechos en Cerámica Celta de Pontecesures, fundada en 1925

Imagen de la pieza superior de la escultura tras los trabajos de restauración.

Imagen de la pieza superior de la escultura tras los trabajos de restauración. / Cedida

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Rianxo

Los trabajos de restauración de la escultura de la Virxe de Guadalupe, puestos en marcha el año pasado por el Concello de Rianxo, están permitiendo que la emblemática obra de Francisco Asorey recupere todo su esplendor.

Veintiún años después de que la familia Baltar, propietaria de la obra, la retirase del pedestal desde el que presidía la playa de Tanxil, la obra regresará a su emplazamiento originario.

Pieza inferior de la escultura, tras su restauración.

Pieza inferior de la escultura, tras su restauración. / Cedida

Ello será posible tras el acuerdo alcanzado por el Concello y la familia Baltar. Operarios del Concello trasladaron la escultura a principios de octubre de 2025 a dependencias municipales. Comenzaba entonces un intenso trabajo de estudio, limpieza y tratamiento de la escultura con la finalidad de garantizar su conservación.

Los motivos decorativos, recuperados en el marco de la intervención, son azulejos vidriados con motivos florales y geométricos hechos en Cerámica Celta de Pontecesures, fundada por Ramón Diéguez Carlés quien, en 1925, adquirió la empresa Cerámica Artística Gallega con la idea de plasmar en sus diseños artísticos la cultura tradicional gallega.

Imagen de la escultura de Asorey, tras su colocación en Tanxil en 1932.

Imagen de la escultura de Asorey, tras su colocación en Tanxil en 1932. / Cedida

Para esto contó con la colaboración de artistas como Asorey, Castelao, Bonome, José Mª Acuña, Maside, Manuel Torres y Carlos Sobrino, que aportaron sus creaciones y bocetos.

En su producción, además de piezas decorativas, hay también piezas de uso cotidiano, como jarras, juegos de café y de chocolate, macetas, etc. Incorporó la técnica del vidriado, y las tonalidades de sus colores, muy características, fueron muy cuidadas por los decoradores de la fábrica. Sus piezas se vendieron en Galicia y Latinoamérica y se difundieron en Madrid a través de las Ferias del Campo.

La escultura de la Virxe de Guadalupe está formada por dos cuerpos: uno de 1,75 metros y otro de 1,15 metros, lo que da una altura total de casi 3 metros.

Operarios iniciando el traslado de la escultura a Rianxo, en octubre de 2025.

Operarios iniciando el traslado de la escultura a Rianxo, en octubre de 2025. / Cedida

Para esta importante actuación, el Concello cuenta con la colaboración de la Consellería de Cultura, Lingua e Xuventude. Cuando finalicen los trabajos de restitución del camino que une las playas de Tanxil y Quenxo, la escultura volverá a su ubicación originaria, presidiendo el acantilado del arenal de Tanxil.

El que fue el más brillante cirujano gallego de la primera mitad del siglo XX, Ángel Baltar Cortés, encargó la pieza en 1929 al artista cambadés Francisco Asorey, quien esculpió en granito una imagen de tres toneladas.

Imagen del momento de la colocación de la escultura en su pedestal de Tanxil, en 1929.

Imagen del momento de la colocación de la escultura en su pedestal de Tanxil, en 1932. / Cedida

La obra se colocó en 1932 sobre un pedestal en lo alto del acantilado de Tanxil, en la finca propiedad de la familia Baltar. Pero, en 2005, los herederos del cirujano decidieron retirarla ante el peligro que corría por los constantes desprendimientos que se producían en ese acantilado.

Y, aunque aseguraron que se trataba de una retirada temporal para someterla a una restauración, lo cierto es que la Guadalupe de Asorey no retornó a Tanxil (hasta el pasado mes de octubre) pese a que Costas realizó trabajos para asegurar el terreno.

Siete años después, en 2012, los rianxeiros reunieron fondos para costear la fundición y el traslado de otra imagen de la Guadalupe, en este caso de bronce, que fue realizada altruistamente por el escultor alemán Bert Gerresheim (en cuyo taller trabajaba el rianxeiro Francisco Ces Hernández) y que se instaló en el muro de Quenxo.

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