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Vecinos de Baroña patrullan los montes en guardia contra los incendios... y en guerra contra los pirómanos

Medio centenar de voluntarios integran las cuadrillas de vigilancia, de día y de noche

Una vecina vigilando de noche los montes de Baroña desde una zona alta.

Una vecina vigilando de noche los montes de Baroña desde una zona alta. / Cedida

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O Porto do Son

Los vecinos y vecinas de la comarca del Barbanza conocen muy bien las consecuencias de los incendios forestales. Especialmente, los de dos municipios que todavía sufren las secuelas de dos de los más dolorosos de los últimos años: el que en 2017 calcinó 1.100 hectáreas en una sola noche en los montes de Queiruga, Camaño y Xuño, en O Porto do Son, y el que arrasó 1.162 hectáreas de superficie arbolada los días 25 y 26 de marzo de 2019 en Rianxo.

Pero entre aquellas cenizas brotó de inmediato un movimiento de concienciación y activismo en defensa del monte que no paró de crecer y de fortalecerse como, paradójicamente, lo hacen las semillas de los eucaliptos en tierras quemadas.

En ambas localidades son los comuneros quienes lideran importantes proyectos e iniciativas formativas dirigidas a mejorar el cuidado del monte y a optimizar su explotación sostenible, por un lado, y a concienciar, por otro.

Este verano arrancó amenazante. Sonenses y rainxeiros miran al cielo rogando por una temporada estival sin incendios forestales... pero con el mazo dando.

La comunidad de montes de Baroña (O Porto do Son) puso en marcha una iniciativa a la que se han sumado ya 45 vecinos y vecinas de todas las edades. Cada jornada se organizan grupos de vigilancia, de día y de noche, para evitar que se produzcan incendios en los bosques de la zona. Reaccionando y actuando con inmediatez.

"Habelos hainos"

Pero también con la misión de mantener a raya a los pirómanos que, como dice una vecina, "habelos hainos".

El objetivo de estas cuadrillas de voluntarios es la vigilancia para disuadir a los posibles pirómanos y avisar a la mayor brevedad en caso de avistamiento de fuego.

Cada día realizan recorridos por los montes de Baroña y aledaños y vigilancia directa desde puntos estratégicos de la parroquia. Unos patrullan en sus propios vehículos; otros, en los de la comunidad de montes. La entidad está formada por 177 comuneros y gestiona una superficie de 878 hectáreas.

Y, como en verano se limita la circulación de vehículos por las pistas forestales, todos y todas se han apuntado previamente para que la Administración tenga constancia.

"Entre todos podemos colaborar en la vigilancia contra los incendios y todos somos importantes. Cuantos más ojos, más vemos", señala el presidente de la comunidad de montes, Ovidio Queiruga.

Desde la entidad se invita también a peatones, senderistas, ciclistas, motoristas, conductores, jinetes, etc. a anotarse en estas cuadrillas, "porque la vigilancia es un pilar muy importante en la prevención y la lucha contra los incendios forestales".

'Tocan madera': sin fuegos forestales desde 2013

De momento, en Baroña tocan madera: gracias al trabajo que los comuneros llevan a cabo con sus numerosas iniciativas, en esta localidad no sufren un incendio forestal desde el año 2013.

Los turnos, coordinados desde la comunidad, permiten mantener vigilada la superficie arbolada de Baroña día y noche, aunque es en la franja horaria considerada como crítica (entre las ocho de la tarde y la medianoche) cuando redoblan esfuerzos. Es entonces cuando uno de los grupos patrulla a bordo de uno de los vehículos de los comuneros.

Todos llevan chalecos reflectantes que les hacen visibles en la oscuridad de la noche y les identifican como voluntarios de la entidad. Hay quien hace guardia a pie o en coche, y los más jóvenes se apuntan en bicicleta o incluso en patinete. Las patrullas estarán operativas al menos hasta septiembre y, si la meteorología obliga, hasta octubre.

En sus bolsillos, un cuaderno de notas por si hay que anotar datos de actitudes sospechosas; colgados al cuello, unos prismáticos. Las sospechas se comunican al distrito forestal.

En Baroña, este ejército solidario no baja la guardia en una guerra sin cuartel en la que el temido enemigo, el fuego, tiene aliados que avanzan con nocturnidad... y camuflados.

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