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Redera, por amor al arte: "Lloré mucho; al sol y a la lluvia. Pero este oficio es apasionante"

Carlota Pérez Sampedro, de Aguiño, que se presenta como "atadora", explica a los visitantes de la feria Artemar, en Ribeira, cómo es el oficio al que dedicó casi tres décadas

Carlota Pérez Sampedro reparando una red en un stand de la feria Artemar.

Carlota Pérez Sampedro reparando una red en un stand de la feria Artemar. / Suso Souto

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Ribeira

En un pequeño stand de la feria marinera y de artesanía Artemar, en Ribeira, Carlota Pérez Sampedro sonríe mientras explica a los visitantes cómo se repara una red. Un oficio, el de redera, al que dedicó 27 años de su vida y que está en peligro de extinción.

Carlota es de Aguiño (Ribeira), pero no se presenta como redera, sino como "atadora". Lo es desde los 13 años. Allí apenas quedan una decena de mujeres ejerciendo ese trabajo. Y, aunque ella está retirada profesionalmente, disfruta estos días compartiendo con el público los secretos de una tradición que marcó su vida.

"Aprendí este oficio de la mejor: Josefa Torres (Pepa de Llapra)", dice con orgullo. "Lo que más me preguntan aquí es cómo hacemos para localizar la rotura (rachos) en una red tan grande, y cómo la reparamos", explica.

"Son muchos años de experiencia", les responde. "Pero en esto, como en todo, nunca se deja de aprender", añade.

Carlota está sentada sobre una enorme red que perteneció al Bocareu, un pesquero que se desguazó en 1998. Aquel día, Carlota se llevó a casa algunos aparejos de ese barco, que le traen muchos y muy buenos recuerdos.

"Lo que para tí es un metro, para nosotras es una braza (un metro y medio). Y lo que para ti es una rotura, para nosotras, en nuestro argot, es una avería", explica.

"Lo primero es buscar el origen de la avería. Puede parecer sencillo, pero localizar el punto exacto en el que coinciden los dos extremos no lo es. Es complejo", dice.

Durante sus casi tres décadas como redera, Carlota trabajó para muchos armadores, y recuerda los nombres de todos los buques: Bocareu, Francisco Gude, Xouba, Tanxil...

"Para el jurel hay un tipo de aparejos; algunos, de 200 brazas de largo. Y para la sardina, de otro tipo, y de 400 o 500 brazas", comenta.

Su trabajo, dice, nunca estuvo bien pagado, Tampoco hoy. "Cando yo empecé ni siquiera cobrábamos. Una joven que empezaba como redera no cobraba. Solo le pagaban a las más veteranas. ´Hubo avances, pero hay cooperativas y colectivos que siguen luchando para mejorar las condiciones laborales de las rederas".

Preguntada sobre lo mejor y lo peor de su oficio, dice que "lo he pasado muy bien. Es cierto que lloré mucho, bajo el sol y bajo la lluvia, porque al principio no me gustaba. Pero me obligó la necesidad. Iba a trabajar llorando y regresaba a casa llorando todos los días".

"Lo peor era tener que trabajar bajo el sol en verano y bajo la lluvia y al frío en invierno. Trabajábamos sentadas en el suelo. Ahora las rederas trabajamos a cubierto, en naves, pero hasta no hace mucho lo hacíamos a la intemperie. Es un trabajo duro, pero apasionante", indica.

"¿Lo mejor? Son muchas horas de conversaciones, de complicidades, de confidencias y de risas con las compañeras", asegura.

"Cuando se inauguraba un aparejo, venía el armador para celebrarlo con cajas de refrescos y de helados", recuerda con emoción.

Carlota teme por la supervivencia de un oficio "amenazado por la falta de relevo generacional, pero también por la drástica reducción de la flota pesquera". "Antes había muchísimos barcos de cerco. En el muelle de Aguiño había filas y filas de ellos. Ahora hay tres", asegura.

Esta redera de Aguiño ha vivido momentos buenos y malos, y algunos incluso con sentimientos encontrados. "Como cuando naufragó cerca de Sagres uno de los barcos para los que trabajaba, el Francisco Gude. Aquel día la tristeza de ese suceso fue seguida por la alegría de que todos los tripulantes habían sido rescatados sanos y salvos", señala.

Pero, ¿qué pasó por el camino para que un trabajo que no le gustaba acabase resultándole apasionante? "Pasó eso: el camino. Y, recorriéndolo, lo pasé bien", dice.

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