CARREIRA PEDESTRE DE SANTIAGO
El trazado de la carrera: un recorrido exigente al que resta dureza un público muy entregado
La Praza do Obradoiro recibe a todos con una ovación que premia el esfuerzo realizado en la prueba compostelana

Atletas de la pasada edición a punto de superar el punto más exigente de la prueba, la cuesta de Vite / Antonio Hernández
Cuando un aficionado al atletismo afronta por primera vez la CARREIRA PEDESTRE DE SANTIAGO lo hace con temor a un recorrido duro y exigente, en el que solo mencionar la cuesta de Vite ya pone los pelos de punta. Sin embargo, una vez superados los doce kilómetros, la prueba atlética más bonita del mundo deja un agradable sabor de boca.
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Y es que, a juicio de todos los participantes, la competición santiaguesa cuenta con un plus añadido: el público que se agolpa al paso de los corredores y a los que presta su apoyo en forma de continuos aplausos o palabras de ánimo.
Es cierto que la prueba empieza con un enorme pelotón subiendo la empinada cuesta de Xoán XXIII en donde los espectadores dan ya sus primeros alientos a los participantes para que salven el primer escollo.

Participantes de la prueba en 2016 afrontando la cuesta de Xoán XXIII
Más duro para los corredores se hace el paso por el campus universitario, quizá la zona de todo el trazado en la que se ve menos público y que coincide con algo más de la mitad del recorrido, por lo que el cansancio también empieza a hacer mella.
A partir de ahí los participantes deben afrontar la zona de Galeras, con una orografía que siempre pica hacia arriba, y la temida cuesta de Vite, en donde los espectadores se vuelcan con los atletas.
Una vez alcanzada la cima, llega la zona más agradecida de la carrera. Alternando cuesta abajo y llano, los corredores pronto se adentran en la zona monumental, en donde el ánimo continuo del público parece dar alas a los participantes para afrontar la parte de la final de la prueba.

Terminar la prueba en el Obradoiro es la mejor recompensa que tiene los participantes / A.HERNANDEZ
La Praza do Obradoiro recibe a todos con una ovación que premia el esfuerzo. Para cada una de las personas que porta el dorsal supone la recompensa final de saber que se cumplió el objetivo de alcanzar una meta que por su belleza y por el calor del público quedará guardada siempre en la memoria.
De hecho, son muchos los que confiesan que llegaron a emocionarse al pisar las piedras de la plaza, que además es el final del Camino de Santiago, después de doce kilómetros de sacrificio y sudor.
Los voluntarios, una pieza básica en la carrera santiaguesa
La Carreira Pedestre no sería posible sin la colaboración de numerosos voluntarios. Organismos, entidades, empresas y hasta particulares ayudan desinteresadamente a que se haga realidad esta fiesta atlética.

Voluntarios en un punto de avituallamiento de la carrera
La organización de este evento supone una multitud de tareas, desde colocar y recoger vallas, controlar cruces, atender los distintos puestos de avituallamiento, entregar dorsales, camisetas y regalos a los corredores, hasta cuidar de los peques que van en el autobús escoba... las cuales salen adelante gracias al trabajo de estos voluntarios.
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