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Atletismo

La cuesta de Vite se erige como el temido 'némesis' de la 47ª Carreira Pedestre de Santiago

Este tramo clave de la carrera compostelana se sitúa en el momento de mayor desgaste, seleccionando a los aspirantes a la victoria y marcando diferencias significativas.

La cuesta de Vite, el lugar más temido de la Pedestre.

La cuesta de Vite, el lugar más temido de la Pedestre. / Antonio Hernández

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André Couce

André Couce

Santiago

La meta de la 47 Carreira Pedestre Popular de Santiago está situada ante la Catedral, pero buena parte de la prueba se decide bastante antes de entrar en el casco histórico. Después de recorrer gran parte de las calles compostelanas, los participantes se encuentran con la cuesta de Vite, el obstáculo más reconocible y temido del trazado.

La avenida de Castelao volverá a formar parte del recorrido de la 47ª edición, que se celebrará el próximo 25 de octubre sobre una distancia de doce kilómetros. El itinerario oficial conduce a los corredores desde Vista Alegre hasta la avenida do Burgo y, a continuación, hacia la costa de Vite, antes de alcanzar la Praza da Paz y continuar por Pastoriza.

Vite se sitúa en el tramo avanzado de la prueba, cuando el cansancio ya pesa y aún falta entrar en el casco histórico. Un punto que todo el que ha participado en la prueba reconoce como su ‘némesis’ y que separa a los aspirantes reales a poder ser campeones del resto de participantes por su gran dureza y longitud, clave por la victoria.

La principal dificultad de Vite reside en el momento en el que aparece. Cuando los participantes alcanzan la avenida de Castelao, han completado buena parte del recorrido y acumulan el desgaste de los cambios de ritmo, repechos, descensos y giros que caracterizan a la Pedestre.

Llegar demasiado rápido puede pagarse en esos metros. La pendiente no permite improvisar. Intentar mantener el mismo ritmo del llano dispara el esfuerzo y puede dejar sin respuesta para el final. Por eso, la recomendación habitual es acortar la zancada, aumentar la frecuencia y asumir que el paso será más lento mientras la carretera se inclina.

Vite funciona como un examen de la estrategia seguida desde la salida. Para los atletas que pelean por las primeras posiciones puede convertirse en un lugar para seleccionar el grupo, tensar la carrera o lanzar un ataque. Para la mayoría, el desafío es más personal: no caminar, conservar una respiración controlada y coronar sin alcanzar el límite.

También es uno de los puntos en los que las diferencias entre corredores se hacen más visibles. Quienes han reservado fuerzas comienzan a adelantar a rivales que parecían inalcanzables unos minutos antes. Otros reducen el ritmo o alternan la carrera con pequeños tramos andando. El pelotón se transforma en una larga hilera de esfuerzos individuales.

Por eso, la cuesta no termina cuando desaparece la pendiente más evidente. El esfuerzo puede seguir notándose durante varios cientos de metros. Coronar con las pulsaciones demasiado altas obliga a utilizar parte del tramo posterior para recuperar, mientras que quien alcanza la parte superior con control puede volver a acelerar.

Después de Vite todavía queda carrera. Y es que a partir de ese punto se empieza a decidir el campeón, descendiendo hasta una Plaza del Obradoiro que espera coronar a sus ganadores. La velocidad comienza a reaparecer para que los principales candidatos corran por las arterias del casco antiguo de la capital gallega.

Es una parte más favorable para recuperar velocidad, pero incluye adoquines, giros cerrados, calles estrechas y el cansancio propio del final. Quien se vacía durante la subida puede encontrarse sin piernas para aprovecharla. Quien mantiene el control dispone todavía de terreno para recuperar posiciones y mejorar su tiempo.

La cercanía de la Catedral puede resultar engañosa. Al superar Vite, la meta comienza a sentirse próxima, pero el esfuerzo todavía no ha concluido. Queda distancia suficiente para que cambie una clasificación, aparezcan calambres o un corredor que parecía hundido encuentre una segunda oportunidad. La cuesta separa así dos carreras: la de la resistencia previa y la del esfuerzo definitivo hacia el Obradoiro.

El respaldo del público adquiere en este punto una importancia especial. Vecinos y aficionados se sitúan habitualmente en la zona para animar cuando el pelotón se estira y cada participante comienza a librar su propia batalla contra la pendiente. Un aplauso o un grito de ánimo pueden ayudar a mantener unos metros más el ritmo.

La relación entre Vite y la Pedestre forma parte además de la memoria de la prueba. Su presencia en el recorrido refuerza su condición de símbolo. No es únicamente una dificultad deportiva, sino un elemento que conecta la carrera actual con su historia y con la forma en la que Santiago se reconoce a través de sus calles.

Para muchos participantes, hablar de la Pedestre significa recordar precisamente ese momento. Algunos evocan la primera vez que consiguieron completar la subida sin detenerse; otros, el año en que se quedaron sin fuerzas o aquel en el que comenzaron a adelantar corredores camino del Obradoiro. Vite deja una huella que no siempre aparece reflejada en el tiempo final.

En menos de un kilómetro reúne buena parte de la esencia de la Carreira Pedestre Popular de Santiago: dureza, estrategia, ambiente popular y esfuerzo compartido. Vite no gana por sí sola la carrera, pero puede hacer perder cualquier objetivo. Superarla significa dejar atrás el gran examen del recorrido y comenzar a pensar de verdad en la llegada al Obradoiro.

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