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desde el asfalto

No es contentar a Tarrío, es tener palabra. Por Alba Taladrid

ALBA TALADRID   | 07.02.2010 
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Comprenderán ustedes que cuando una trabaja mirando a la cara a otras personas resulta imposible mantener la distancia profesional en una cabeza y un corazón, también los del periodista, pese a la mala fama, que son humanos. Por eso ayer mi satisfacción no era comparable a la de Carlos Trías y compañía (los combativos vecinos de Tarrío), pero también era, y mucha. Por ellos, claro, pero también porque la protesta vecinal y su eco en los medios, que para algo estamos, sirvió para sacar a la luz, criticar y dejar entrever, al fin ayer, las primeras soluciones a un conflicto en el que la culpable es la mala coordinación de las administraciones y las víctimas el pueblo llano y soberano. No se trataba sólo de remar hacia el mismo lado para contentar a Tarrío, al fin y al cabo, una aldea más, sino de no ser cómplices de la falta de palabra y seriedad de quienes se hacen fotos firmando convenios para que luego queden en papel mojado.