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Extrugasa; el viaje hasta ser pionera y referencia mundial del aluminio

Andrés Quintá se inició en el metal como aprendiz de herrero en una forja a los 14 años. Hoy dirige una empresa líder en el sector

ANDRÉS QUINTÁ. El fu ndador del Grupo Quintá posa frente a su fábrica. Foto: ECG

ANDRÉS QUINTÁ. El fu ndador del Grupo Quintá posa frente a su fábrica. Foto: ECG / D.Seijas

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D.Seijas

Andrés Quintá encarna la definición de hombre hecho a sí mismo. La suya es una de esas historias cargadas de romanticismo donde unos orígenes humildes culminan en el mayor de los éxitos tras un camino largo y duro. Es también sin duda una historia cargada de esfuerzo y sacrificio incansable, ese que caracterizaba a la juventud de su generación y que, ahora, echa en falta.

“Salíamos con catorce años con una disciplina, respeto y amor al trabajo muy distintas”, recuerda. Aquella fue su única receta para llegar hasta donde se encuentra hoy, sesenta años después. Entre medias un millón de anécdotas, otras tantas aventuras a lo largo y ancho del mundo, decenas de premios y reconocimientos y el orgullo de haber creado Extrugasa, una referencia a nivel mundial en el sector del aluminio con más de setecientos empleados, 11 delegaciones en toda España y presencia en países de todo el mundo.

Y es que 83 años dan para mucho. Al fundador del Grupo Quintá le han servido, sobre todo, para adquirir una experiencia incalculable tanto en lo empresarial como en lo vital, pero también para forjar una trayectoria “ligada a la formación y a la vocación de crear empleo y riqueza para nuestro país”.

Andrés recuerda de su juventud aquella disciplina a la que, en su caso y más tarde, añadiría la militar, “se lo debo todo” reconoce, entre historias acerca de como aquellos años moldearian su carácter y le darían la formación necesaria para iniciar su viaje empresarial.

Rememora en como “todo es distinto” ahora, y como siente que eso conduce a la destrucción de unos valores y un patrimonio tan necesarios para el país. De su Galicia natal, sufre viendo como “se produjo una destrucción grandísima”, una Galicia sin “manadas de lobos u ovejas”, con un ecosistema y entorno natural que se empobrece día a día.

La degradación de la fauna autóctona es, de hecho, una realidad, de igual forma que lo es la de un sector forestal amenazado por la dejadez y la falta de políticas encaminadas a sacar a relucir todo su potencial, como sí hacen en otros lugares: “En Navarra y la Rioja no hay un centímetro sin cultivar” recuerda Andrés de sus muchas experiencias alrededor de España. “Es un contrasentido que tengamos superficie abandonada e importemos productos, pues eso nos deja a expensas de industrias foráneas. España tiene que invertir para acabar con esta producción deficitaria”, creyendo que la solución para Galicia pasa por eliminar especies invasoras, como el eucalipto, que representa un “problema ecológico, paisajístico y de proliferación de incendios” y fomentar la reforestación con especies autóctonas.

Tampoco olvida el luchar contra los abandonados e improductivos minifundios a través de la concentración parcelaria y la promoción de cooperativas, sin olvidar la agricultura

Mientras no deja de insistir en la “importancia del campo”, dibuja una panorama de falsa modernidad que ha terminado por condenar al mismo, a la agricultura y la ganadería, a desterrar lo natural por lo artificial... Andrés lo ilustra con el ejemplo de esas calles madrileñas que recorría en otras épocas y estaban plagadas de “grandes restaurantes” que ofrecían productos nacionales, mientras que ahora rige la dictadura de “los sandwiches, bocadillos, hamburguesas... Todo casi sintético”.

Así, de igual forma que cree en la necesidad de transformar ese rural gallego que “se desangra”, aplica la misma receta al sector empresarial y, particularmente, el industrial.

“¿ Cómo se puede competir con países que tienen energía casi gratis?”, cuestiona, en referencia a territorios y regiones vecinas que no solo cuentan con grandes recursos naturales ,sino con la administración para desarrollar su actividad en las mejores condiciones, algo que aquí no sucede. “Cada mes pagamos más en luz, gas, seguridad social...” , lo que hace que ser competitivo en la globalizada industria sea cada vez más complicado. Por ejemplo, “una política que favorezca las empresas electrointensivas”, sería un buen comienzo para aliviar los devastadores efectos de la actual crisis energética. También lo sería el contar con una gestión más eficiente de las subvenciones, que en muchos casos, por desgracia, acaban donde no deberían; “empresas inexistentes, proyectos que nunca se ejecutan o cursos de formación que no se realizan”.

“Falta transparencia en las concesiones de las subvenciones, que deberían otorgarse bajo los principios de publicidad, concurrencia y objetividad. Lamentablemente, en la práctica, estas concesiones provocan situaciones de competencia desleal frente a empresarios con proyectos muy rentables que no se llevan a cabo por falta de financiación”.

Asimismo, reconoce que se “ahoga” al sector con cargas fiscales o una burocracia excesiva, factores que desaniman la inversión y la aparición de emprendedores que, tarde o temprano, terminarán por buscar otros destinos más atractivos.

“Portugal se ha convertido en un centro de captación de empresas a menos de hora y media de distancia de nosotros y con una oferta en polígonos industriales con servicios de logística, energía, extensión de terreno... y sin trabas burocráticas”, señala Andrés, quien ya ha visto con sus propios ojos como “empresas gigantes” se hundían por no contar con un marco adecuado. A pesar de todo, tiene claro que no piensa cesar en su empeño por reivindicar la labor de los empresarios en la sociedad

“Yo no quiero ser un líder, ni mucho menos” matiza Andrés desde la mayor humildad, aunque insiste en que ámbitos como el medio ambiente o el sector empresarial requieren de un replanteamiento por parte de las autoridades.

Él ya ha puesto su particular granito de arena a través de esa labor de industrial;. Entre otras, diversas donaciones de maquinaria a centros de enseñanza, así como luchar por la creación de centros de formación homologados de maestrías industriales. También ha hecho lo propio con diversas iglesias de la zona, así como apoyando de diferentes formas causas como el trágico suceso del Prestige.

De igual forma, ha tratado de promover y dinamizar el propio entorno local con diferentes propuestas: la creación de un apeadero en la zona industrial entre Campaña y Cordeiro o una destilería para dar cabida a todos los productores de aguardiente de la zona.

Ahora, por lo pronto, Andrés solo piensa en seguir trabajando día a día con la misma ilusión que el primero, y con la responsabilidad y motivaciones que le han guiado desde siempre: crear empleo, preservar el medio ambiente, defender la labor social de los empresarios y preservar el inmenso potencial del país.

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