La crisis marisquera pasa factura a 1.700 familias en Muros-Noia: “Ni casa, ni viajes, ni caprichos...”
El cierre de la peor campaña da la historia deja pérdidas de 14 millones en la ría
Unos aspiran a cobrar ayudas y otros cambiarán de artes, pero todos recalculan ya sus rutas
“Va a ser una Navidad muy triste... y cara”, dicen

Tito Vázquez y Alba Riveiro, un matrimonio de mariscadores de Muros-Noia, se replantean su futuro inmediato por la crisis marisquera / suso souto / suso souto
El primer día tras el cierre de la campaña marisquera en la ría de Muros-Noia amaneció ayer gris y lluvioso. Marineros y mariscadores se fueron pasando a lo largo de la mañana por el puerto noiés de O Testal para recoger aparejos, proteger embarcaciones... Incluso para despedirse: “Vamos a vernos menos”, se lamentaban dos compañeros de faena. Terminó prematuramente una campaña que sólo duró diez días por la escasez de bivalvos de talla comercial, que deja unas pérdidas de 14 millones de euros y que encarrila hacia la incertidumbre a más de 1.700 familias de las cofradías de Noia, Muros, O Son y Portosín. Vienen tiempos duros.
Alba Riveiro y Tito Vázquez son un joven matrimonio de mariscadores del sector de a flote. Se conocieron y se enamoraron en 2014. Ella era dependienta de un comercio y él trabaja en el mar desde hace tres lustros. Ese mismo año, ella dejó el mostrador de la tienda (en la que cobraba el salario mínimo) para seguir los pasos de Tito. Hizo los cursos preceptivos y en unos meses ya salían juntos a faenar. Eran tiempos de vacas gordas en el sector marisquero. “Había mucho marisco y se ganaba mucho dinero”, dice Tito, que empezó con una embarcación y hoy tiene dos en propiedad, y una tercera con un socio. Alba cambió la relación con los clientes por la relación con la ría. “Me da paz”, dice. Una ría que le permitió cobrar más y una buena cotización a la Seguridad Social.
Antes de 2020, este matrimonio regresaba a casa con unos 500 euros por faena en ventas de almeja y berberecho al inicio de cada campaña. Cada año, Alba y Tito hacían un viaje “largo”. Sus redes sociales atestiguan la felicidad de la que disfrutaron en París, Florida, Cancún... La relación fue viento en popa, pero el negocio del marisqueo empezó a torcerse en los últimos tres años.
“Hace tres años había muchísimo berberecho en la ría. Pero la cofradía cerró el banco de A Misela alegando que era mejor dejar el recurso para el año siguiente. Empezaron a reducir los topes de capturas, y creo que fue un error. En los arenales hay que dejar las crías, no los ejemplares adultos. A eso súmale las consecuencias de la contaminación, de las riadas de los inviernos y de la apertura de golpe de las compuertas del embalse del Tambre. Hoy, en la ría hay una gran cantidad de crías de bivalvos, pero el 80% de los de talla comercial, murió”, explica Tito.
El cierre de esta última campaña ha truncado los planes de la pareja. Entre ellos, el de comprar o construir una casa. También deberán aparcar los viajes y apretarse el cinturón “porque vienen tiempos difíciles”. Sin embargo, ni él ni ella pierden la sonrisa y el optimismo.
Alba deposita sus esperanzas en las ayudas por cese de actividad que concederán la Xunta y el ISM (aunque advierte mucha “incertidumbre” al respecto “porque no todos los afectados van a cumplir los requisitos”. “La ayuda del ISM sería de unos 1.100 € más la devolución de la cuota de autónomo; la de la Xunta, de 130 € al día para mariscadores y 65 para marineros. Pero eso no está publicado y no se podrán solicitar hasta marzo, que es cuando debería haber acabado la campaña”, dice Alba.
Tito tiene previsto diversificar su actividad: dado que una de sus embarcaciones le permite faenar a artes varias, apuesta por dedicarse a la extracción de navajas. Diversificar, que no deslocalizar, “porque no hay marisco en ninguna parte”, añade.
“Esta Navidad va a ser muy triste... y muy cara. No habrá marisco en las mesas y, el poco que haya, se pagará muy caro”, dice. Además, se plantea vender una de sus embarcaciones para soltar lastre, pues aún están pagando la última que compraron. Y es que, entre los gastos que acarrea una lancha figuran unos 900 € del seguro, más otros 150 € por tripulante, unos 30 € por protección de datos de empleados, unos 40 € por la revisión del botiquín, unos 28 € por la tasa de señalización marítima...
Alba y Tito sueñan con viajar un día a la República Dominicana. Pero la realidad que se oculta bajo la arena que pisan en Muros-Noia es, de momento, una pesadilla.
Su historia es similar a la de muchos. Sus temores, también.
“Yo soy doblemente afectado: además de ir a faenar, regento la cafetería de la lonja; la barra está ahora más vacía que nunca”
Junior Rigaude alquiló para la campaña un barco ahora atracado y que tuvo que pagar por adelantado

Junior Rigaude, concesionario de la cafetería de la lonja noiesa / suso souto
Junior Rigaude, natural de la República Dominicana (donde residen su esposa y su hija) tiene desde hace 6 años la concesión de la cafetería de la lonja noiesa de Testal. “Yo soy doblemente afectado y de los más perjudicados por el cierre de la campaña”, afirma. Compagina su trabajo como hostelero con el de mariscador a flote. Cuando sale a faenar, deja a sus empleados al frente de la cafetería, en la que un día cualquiera habría casi cien personas y en la que ayer sólo había 9. Y es que sus clientes son marineros y mariscadores que ahora tienen un futuro muy incierto.
Junior deberá mantener a flote la concesión pagando el alquiler (“salvo que el dueño se apiade de mí”, dice), los salarios, los gastos... haciendo una caja de unos 200 € al día (en plena campaña podían ser 1.000 €). Y, además, tras haber pagado por adelantado varios miles de euros por el alquiler de una embarcación para una campaña que sólo duró diez días.
“La campaña estará cerrada hasta septiembre de 2024 y, mientras tanto, tendré que afrontar los gastos con unos ingresos mínimos. Y no creo que pueda optar a ayudas como mariscador, porque tengo otro trabajo en tierra”, lamenta.
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